martes, 11 de marzo de 2008
Etiquetas en general:
fiesta, aldea global, amnistía internacional, PNUD, azar objetivo, filosofía, "Historia de O"
martes, 23 de octubre de 2007
Capítulo uno
1
“En un cercano, lejano país de cuyo nombre no quiero...
-Espera, interrumpió la prima, ¿cercano o lejano ?
-Cercano coma lejano, respondió Primero.
-¡Cercano coma lejano ! ¡Cercano coma lejano ! comenzó a gritar la prima, imitando un comercial de la televisión que nada tenía que ver con el asunto.
-No te cuento nada, dijo Primero.
-Está bien : “en un cercano coma lejano país de cuyo nombre ... ¿de cuyo nombre qué ?
-“de cuyo nombre...” Primero cerró el libro. Mejor te lo cuento de memoria : “En un
cercano, lejano país, cuyo nombre quizás recuerde, quizás no, jugaban un juego que se llamaba..., bueno..., no importa ahora como se llamaba el juego.
Comienzo otra vez, dijo Primero con la ceja levantada. “Había una vez un lugar con cien personas...”
-¿Es para hacer cuentas ?, preguntó la prima con cara preocupada.
-No, están todas hechas.
-¡Cien personas !, exclamó la prima, ¡no hay ningún país con cien personas !
-Esto es un cuento, protestó Primero con la ceja caída y a punto de volver a enojarse. Además, si yo me lo imagino, puedo inventar un país con cien personas.
-“Había una vez un país con cien personas donde todas las cuentas estaban hechas...”
¿Y entonces ?
-Entonces..., continuó Primero frotándose la frente, “había un lugar en el universo donde se reunieron 100 - llamémosle habitantes - que no sé si eran jóvenes o viejos, si niños, si terrícolas, marcianos, venusinos, etcétera, no importa, para jugar un juego de fin de semana y se quedaron mucho tiempo porque se les complicó.”
-Si se quedaron jugando mucho tiempo será porque les gustó, dijo la prima mirando un gato que pasaba.
-ysequedaronjugandomuchosaños, se apuró Primero antes de que la prima saliera corriendo detrás del gato. Y se quedaron jugando muchos años, ejem, porque se les complicó. Jugaban al juego de los globs.
-¡Globos !
-¡Globs !
-Está bien. Globs. ¿Y entonces ?
-“Entonces tenían una gran bolsa llena de globs, que eran como bolitas de diferentes colores y había que conseguirlas...
-¡Una piñata !, como la que hicieron una vez para el cumpleaños de Cata.
-Distinto, respondió Primero. Debían obtener globs para cambiarlos por comida, ropa, sillones, visitas al doctor, y cualquier otra cosa que necesitaran. Andaban todos detrás de los globs.
-¡Ay, qué aburrido...... !, suspiró la prima.
-¿El cuento...... ?, suspiró Primero.
-El juego, dijo la prima, haciendo dibujos con el dedo en un montoncito de arena.
-Quienes llegaron antes a la cita entendían mejor como conseguir globs. Se sentaron y propusieron a los otros...
-Espera primo : ¿lo estás contando de memoria o lo estás inventando ?
-‘Niú nacó saní la o tra’, respondió Primero cantando.
-Entonces yo te ayudo, concluyó la prima.
Y así comenzó este cuento
“En un cercano, lejano país de cuyo nombre no quiero...
-Espera, interrumpió la prima, ¿cercano o lejano ?
-Cercano coma lejano, respondió Primero.
-¡Cercano coma lejano ! ¡Cercano coma lejano ! comenzó a gritar la prima, imitando un comercial de la televisión que nada tenía que ver con el asunto.
-No te cuento nada, dijo Primero.
-Está bien : “en un cercano coma lejano país de cuyo nombre ... ¿de cuyo nombre qué ?
-“de cuyo nombre...” Primero cerró el libro. Mejor te lo cuento de memoria : “En un
cercano, lejano país, cuyo nombre quizás recuerde, quizás no, jugaban un juego que se llamaba..., bueno..., no importa ahora como se llamaba el juego.
Comienzo otra vez, dijo Primero con la ceja levantada. “Había una vez un lugar con cien personas...”
-¿Es para hacer cuentas ?, preguntó la prima con cara preocupada.
-No, están todas hechas.
-¡Cien personas !, exclamó la prima, ¡no hay ningún país con cien personas !
-Esto es un cuento, protestó Primero con la ceja caída y a punto de volver a enojarse. Además, si yo me lo imagino, puedo inventar un país con cien personas.
-“Había una vez un país con cien personas donde todas las cuentas estaban hechas...”
¿Y entonces ?
-Entonces..., continuó Primero frotándose la frente, “había un lugar en el universo donde se reunieron 100 - llamémosle habitantes - que no sé si eran jóvenes o viejos, si niños, si terrícolas, marcianos, venusinos, etcétera, no importa, para jugar un juego de fin de semana y se quedaron mucho tiempo porque se les complicó.”
-Si se quedaron jugando mucho tiempo será porque les gustó, dijo la prima mirando un gato que pasaba.
-ysequedaronjugandomuchosaños, se apuró Primero antes de que la prima saliera corriendo detrás del gato. Y se quedaron jugando muchos años, ejem, porque se les complicó. Jugaban al juego de los globs.
-¡Globos !
-¡Globs !
-Está bien. Globs. ¿Y entonces ?
-“Entonces tenían una gran bolsa llena de globs, que eran como bolitas de diferentes colores y había que conseguirlas...
-¡Una piñata !, como la que hicieron una vez para el cumpleaños de Cata.
-Distinto, respondió Primero. Debían obtener globs para cambiarlos por comida, ropa, sillones, visitas al doctor, y cualquier otra cosa que necesitaran. Andaban todos detrás de los globs.
-¡Ay, qué aburrido...... !, suspiró la prima.
-¿El cuento...... ?, suspiró Primero.
-El juego, dijo la prima, haciendo dibujos con el dedo en un montoncito de arena.
-Quienes llegaron antes a la cita entendían mejor como conseguir globs. Se sentaron y propusieron a los otros...
-Espera primo : ¿lo estás contando de memoria o lo estás inventando ?
-‘Niú nacó saní la o tra’, respondió Primero cantando.
-Entonces yo te ayudo, concluyó la prima.
Y así comenzó este cuento
Capítulo dos
2
De tan curiosos que eran Primero y la prima se fueron directamente al país de los cien habitantes jugadores de globs. Como el cuento que estaban haciendo era un poco de memoria y otro poco inventado, inventaron que llegar a Globs (de ahora en adelante así le llamarían al lugar) iba a ser muy fácil. Entonces fue muy fácil. Se apuraron, porque temían que si se les complicaba, no estarían de regreso a la hora de comer chocolate con bizcochos.
Globs era una fiesta.
-¿Una fiestaaaaa ? protestó la prima. Te dije que me hacía acordar al cumpleaños de Cata y dijiste que era distinto.
-Bueno..., a mí..., no me interesa tener la razón, continuó Primero con la ceja en el lugar. Lo que ayer fue distinto hoy es lo mismo.
-Eso ya lo escuché, lo leí, bah..., me suena.
-Si te suena será porque agua trae, como el río.
-No. No es así. A río revuelto, ganancia de pescadores, dijo la prima con cara de peleadora y sin saber porqué.
-Las dos cosas y ninguna, siguió Primero, que nunca quería dar el brazo a torcer y armaba misterios todo el tiempo.
La prima no se metía con sus misterios porque le parecían lindos así. Siguió de largo con el asunto : ¿Una fiestaaaaa ?
-Sí, una fiesta, respondió Primero con una risa grandota. ¿Dónde estará la bolsa de globs ?
-Si es como yo creía se parece a una piñata, y si es como una piñata seguro que debajo está la torta.
-¿Qué torta ?
-La del cumpleaños.
-¿Pero quien te dijo que hay un cumpleaños ?, preguntó Primero rascándose la oreja.
-Nadie me dijo nada, pero si buscamos una torta quizás encontremos la piñata, quiero decir la bolsa con los globs, los jugadores, y las reglas del juego.
-Las reglas del juego ¿no las vamos a inventar ?
-Están todas inventadas, dijo la prima con cara de preocupación.
Primero se dio cuenta pero no dijo nada. La prima se preocupaba por lo menos un minuto por hora. Sacó la guitarra, se sentó en un murito, y comenzó a cantar como si ninguna otra cosa le importara.
De tan curiosos que eran Primero y la prima se fueron directamente al país de los cien habitantes jugadores de globs. Como el cuento que estaban haciendo era un poco de memoria y otro poco inventado, inventaron que llegar a Globs (de ahora en adelante así le llamarían al lugar) iba a ser muy fácil. Entonces fue muy fácil. Se apuraron, porque temían que si se les complicaba, no estarían de regreso a la hora de comer chocolate con bizcochos.
Globs era una fiesta.
-¿Una fiestaaaaa ? protestó la prima. Te dije que me hacía acordar al cumpleaños de Cata y dijiste que era distinto.
-Bueno..., a mí..., no me interesa tener la razón, continuó Primero con la ceja en el lugar. Lo que ayer fue distinto hoy es lo mismo.
-Eso ya lo escuché, lo leí, bah..., me suena.
-Si te suena será porque agua trae, como el río.
-No. No es así. A río revuelto, ganancia de pescadores, dijo la prima con cara de peleadora y sin saber porqué.
-Las dos cosas y ninguna, siguió Primero, que nunca quería dar el brazo a torcer y armaba misterios todo el tiempo.
La prima no se metía con sus misterios porque le parecían lindos así. Siguió de largo con el asunto : ¿Una fiestaaaaa ?
-Sí, una fiesta, respondió Primero con una risa grandota. ¿Dónde estará la bolsa de globs ?
-Si es como yo creía se parece a una piñata, y si es como una piñata seguro que debajo está la torta.
-¿Qué torta ?
-La del cumpleaños.
-¿Pero quien te dijo que hay un cumpleaños ?, preguntó Primero rascándose la oreja.
-Nadie me dijo nada, pero si buscamos una torta quizás encontremos la piñata, quiero decir la bolsa con los globs, los jugadores, y las reglas del juego.
-Las reglas del juego ¿no las vamos a inventar ?
-Están todas inventadas, dijo la prima con cara de preocupación.
Primero se dio cuenta pero no dijo nada. La prima se preocupaba por lo menos un minuto por hora. Sacó la guitarra, se sentó en un murito, y comenzó a cantar como si ninguna otra cosa le importara.
Capítulo tres
3
Emprendieron el camino hacia la fiesta. Se fueron entusiasmando, estaba llenito de carteles luminosos, amorosos, muy vistosos : “NO SE PIERDA ESTA GRAN FIESTA” “SERA MUY FELIZ EN LA FIESTA DE GLOBS” “LAS PUERTAS DE ESTA FIESTA ESTAN ABIERTAS. LOS ESPERAMOS”
-Nos esperan, menos mal, dijo la prima.
-Parece que esperan a todo el mundo, dijo Primero. ¡Pero que fiesta tan graaande que tieeenen !
-Ah no, Primero, no empecemos, eso parece Caperucita Roja : ¡pero que orejas tan graaandes que tienes ! y este cuento es otro cuento.
-¡Siiiií, para inventaaarlo mejoooor !, respondió Primero imitando al lobo y haciendo reír a la prima.
-¡Adelante, adelante, bienvenidos ! exclamó un flaquito amablemente, de pie junto a un mostrador. Aquí tienen cucharitas, tenedor y servilletas. Es regalo de La Fiesta. Adelante. Bienvenidos.
Subieron por unas escaleras, dieron algunas vueltas y fueron a parar a un gran salón, luminoso, amoroso, muy vistoso.
-¡La piñata !, exclamó la prima como si hubiera descubierto un planeta.
-¡Y la torta !, agregó Primero investigando de lejos si tenía frutillas.
-Ya te dije primo, esto es como el cumpleaños de Cata.
-Parecido no es lo mismo, dijo Primero manteniendo su estilo.
-No. Por lo pronto no está Cata. Juajuajuá y juajuajuá.
A la prima se le cortó el juajuajuá cuando tropezó con un entrevero de por lo menos cinco habitantes que gateaban contra el piso como buscando algo.
-¿Qué buscan ?, preguntó Primero.
-Miguitas, contestó uno, muy pálido y suavecito.
-¿Miguitas ?, dijo Primero, ¿qué clase de miguitas ?
-Miguitas de torta.
-Sal y vuelve a entrar, dijo la prima, dile al flaco de la puerta que te de cucharita y tenedor como dios manda, así no andas tirado por el suelo buscando miguitas con los dedos.
-¿Cómo dios manda ? susurró Primero pensativo, ¿eres católica, prima ?
-Tengo una medallita de la Virgen de Lourdes que me regaló mi abuela cuando nací, respondió la prima, mirando espantada el entrevero de gente que había en el piso.
-Yo tengo una caja de música que me regaló un amigo de mi padre, continuó Primero, mirando espantado el entrevero de gente que había en el piso.
-Sí, soy un poco católica también, me parece..., dijo la prima que seguía espantada con el entrevero.
-¿Un poco católica tambieeeén ? ¿Y qué más ?, preguntó Primero, mirando asombrado a la prima que seguía espantada con el entrevero.
-Perdóname Primero : ¿este cuento es para hablar de religiones ?, preguntó la prima impaciente.
-No, hay muchas y se haría demasiado largo, respondió Primero con la ceja caída.
Y volvió a mirar el entrevero.
-¿Fuiste a buscar los cubiertos ?, le dijo al pálido suavecito.
-Mmmmm, ¿de dónde son ? preguntó este a su vez.
-Esteee, bueno..., nosotros... ¿cómo te llamas ?
-Francisco.
-¿Y si vamos los tres juntos y terminamos de presentarnos afuera ?, sugirió la prima.
-¡Vamos !, dijo Francisco. Creo que ustedes saben muy poco de este juego.
-Podrías explicarnos, pidió la prima con una sonrisa.
-Con muchísimo gusto, dijo Francisco. Vengan conmigo.
Salieron. La prima, Primero, Francisco, y dos perritos. El cielo estaba lindo, como casi siempre en cualquier parte, si se lo mira con ojos cariñosos.
Emprendieron el camino hacia la fiesta. Se fueron entusiasmando, estaba llenito de carteles luminosos, amorosos, muy vistosos : “NO SE PIERDA ESTA GRAN FIESTA” “SERA MUY FELIZ EN LA FIESTA DE GLOBS” “LAS PUERTAS DE ESTA FIESTA ESTAN ABIERTAS. LOS ESPERAMOS”
-Nos esperan, menos mal, dijo la prima.
-Parece que esperan a todo el mundo, dijo Primero. ¡Pero que fiesta tan graaande que tieeenen !
-Ah no, Primero, no empecemos, eso parece Caperucita Roja : ¡pero que orejas tan graaandes que tienes ! y este cuento es otro cuento.
-¡Siiiií, para inventaaarlo mejoooor !, respondió Primero imitando al lobo y haciendo reír a la prima.
-¡Adelante, adelante, bienvenidos ! exclamó un flaquito amablemente, de pie junto a un mostrador. Aquí tienen cucharitas, tenedor y servilletas. Es regalo de La Fiesta. Adelante. Bienvenidos.
Subieron por unas escaleras, dieron algunas vueltas y fueron a parar a un gran salón, luminoso, amoroso, muy vistoso.
-¡La piñata !, exclamó la prima como si hubiera descubierto un planeta.
-¡Y la torta !, agregó Primero investigando de lejos si tenía frutillas.
-Ya te dije primo, esto es como el cumpleaños de Cata.
-Parecido no es lo mismo, dijo Primero manteniendo su estilo.
-No. Por lo pronto no está Cata. Juajuajuá y juajuajuá.
A la prima se le cortó el juajuajuá cuando tropezó con un entrevero de por lo menos cinco habitantes que gateaban contra el piso como buscando algo.
-¿Qué buscan ?, preguntó Primero.
-Miguitas, contestó uno, muy pálido y suavecito.
-¿Miguitas ?, dijo Primero, ¿qué clase de miguitas ?
-Miguitas de torta.
-Sal y vuelve a entrar, dijo la prima, dile al flaco de la puerta que te de cucharita y tenedor como dios manda, así no andas tirado por el suelo buscando miguitas con los dedos.
-¿Cómo dios manda ? susurró Primero pensativo, ¿eres católica, prima ?
-Tengo una medallita de la Virgen de Lourdes que me regaló mi abuela cuando nací, respondió la prima, mirando espantada el entrevero de gente que había en el piso.
-Yo tengo una caja de música que me regaló un amigo de mi padre, continuó Primero, mirando espantado el entrevero de gente que había en el piso.
-Sí, soy un poco católica también, me parece..., dijo la prima que seguía espantada con el entrevero.
-¿Un poco católica tambieeeén ? ¿Y qué más ?, preguntó Primero, mirando asombrado a la prima que seguía espantada con el entrevero.
-Perdóname Primero : ¿este cuento es para hablar de religiones ?, preguntó la prima impaciente.
-No, hay muchas y se haría demasiado largo, respondió Primero con la ceja caída.
Y volvió a mirar el entrevero.
-¿Fuiste a buscar los cubiertos ?, le dijo al pálido suavecito.
-Mmmmm, ¿de dónde son ? preguntó este a su vez.
-Esteee, bueno..., nosotros... ¿cómo te llamas ?
-Francisco.
-¿Y si vamos los tres juntos y terminamos de presentarnos afuera ?, sugirió la prima.
-¡Vamos !, dijo Francisco. Creo que ustedes saben muy poco de este juego.
-Podrías explicarnos, pidió la prima con una sonrisa.
-Con muchísimo gusto, dijo Francisco. Vengan conmigo.
Salieron. La prima, Primero, Francisco, y dos perritos. El cielo estaba lindo, como casi siempre en cualquier parte, si se lo mira con ojos cariñosos.
Capítulo cuatro
4
Los detuvo el mostrador. Más bien el flaco que repartía los cubiertos. Mirándolo bien no era tan flaco. Sus brazos eran musculosos.
Come mucha espinaca, pensó Primero en voz alta recordando a Popeye.
-Hago pesas, respondió el flaco. Y uno, y dos, y uno, y dos, y uno
-Y uno que está con nosotros no tiene cubiertos, interrumpió la prima.
-¡Adelante, adelante, bienvenido, “no se pierda esta gran Fiesta”, “sea tan feliz como se lo proponga”, adelante, adelante !
-Adelante suyo está, dijo la prima.
Primero anotaba. Siempre que no estaba conversando - y era de poco hablar - escribía lo que pasaba. Y así se iba haciendo el cuento.
-¿Adelante mío qué ?, preguntó el flaco. Salga de acá señor, hágame el favor, dijo a Francisco.
-Adelante suyo está el señor que no tiene cubiertos. Ahora está al costado porque usted lo corrió.
-¿Cual es su trabajo ?, preguntó Primero lapicera en mano.
-¡Bueno ! ¡Basta ! ¿Quienes son ustedes ? ¿Son de la prensa ? No hacen más que anotar y preguntar y preguntar y preguntar. Soy el Altísimo Encargado de todos los carteles luminosos, las propagandas y los programas de radio y televisión, periódicos y afines.
El que convoca a los habitantes a mantenerse unidos y finalmente el que distribuye los cubiertos.
-¡Justito ! Acá hay uno sin cubiertos, exclamó la prima testaruda, buscando a Francisco con la mirada.
Pero no lo encontró.
-Primero, ¿viste dónde se metió Francisco ?
-...de se metió Francisco, repitió Primero terminando de anotar. No.
-Ese señor, dijo el flaco, simpático nuevamente, ese señor es un pobre señor que anda siempre entre animales y que aquí es muy querido. Por eso algunos cuando se van tiran miguitas al lado de la puerta. Porque el las junta.
-Nunca me gustó la manía esa de andar juntando, suspiró Primero.
-No, se equivoca, no es manía, continuó el flaco. Me parece que usted debe ser uno de esos que se pasan escribiendo y no les importa nada de lo que pasa en el mundo.
-...da de lo que pasa en el mundo, terminó de anotar Primero. Lo que pasa es que estoy escribiendo un cuento, agregó, levantando la ceja.
-¿Un cuento ? ¿Y qué cuento es ese ? se apuró el flaco, mientras intentaba sacarle una hoja.
También soy el Altísimo Encargado de administrar el cuento, perdón, los cuentos.
-Cuando lo termine se lo muestro, dijo Primero, ordenando las hojas. ¡Allá está Francisco, prima ! Sentado al lado del sauce. ¿Pero qué está haciendo ?
-Está hablando con el sauce, respondió la prima frotándose las manos. Yo le había visto pinta de hablar con los árboles. ¡Francisco, te quiero !, le gritó loca de contenta, reconociendo un amigo.
-¡Ay no grites !, pidió Primero acariciándose una oreja. Consigue de una vez esos cubiertos y nos vamos.
-Cierto. Por favor, señor, los cubiertos.
-No, niña, el señor no necesita cubiertos.
-Primo..., susurró la prima, que iba a continuar pero quedó interrumpida por su minuto de preocupación.
-Vamos, dijo Primero un poco cansado, tomando a la prima de la mano y sin anotar nada.
Los detuvo el mostrador. Más bien el flaco que repartía los cubiertos. Mirándolo bien no era tan flaco. Sus brazos eran musculosos.
Come mucha espinaca, pensó Primero en voz alta recordando a Popeye.
-Hago pesas, respondió el flaco. Y uno, y dos, y uno, y dos, y uno
-Y uno que está con nosotros no tiene cubiertos, interrumpió la prima.
-¡Adelante, adelante, bienvenido, “no se pierda esta gran Fiesta”, “sea tan feliz como se lo proponga”, adelante, adelante !
-Adelante suyo está, dijo la prima.
Primero anotaba. Siempre que no estaba conversando - y era de poco hablar - escribía lo que pasaba. Y así se iba haciendo el cuento.
-¿Adelante mío qué ?, preguntó el flaco. Salga de acá señor, hágame el favor, dijo a Francisco.
-Adelante suyo está el señor que no tiene cubiertos. Ahora está al costado porque usted lo corrió.
-¿Cual es su trabajo ?, preguntó Primero lapicera en mano.
-¡Bueno ! ¡Basta ! ¿Quienes son ustedes ? ¿Son de la prensa ? No hacen más que anotar y preguntar y preguntar y preguntar. Soy el Altísimo Encargado de todos los carteles luminosos, las propagandas y los programas de radio y televisión, periódicos y afines.
El que convoca a los habitantes a mantenerse unidos y finalmente el que distribuye los cubiertos.
-¡Justito ! Acá hay uno sin cubiertos, exclamó la prima testaruda, buscando a Francisco con la mirada.
Pero no lo encontró.
-Primero, ¿viste dónde se metió Francisco ?
-...de se metió Francisco, repitió Primero terminando de anotar. No.
-Ese señor, dijo el flaco, simpático nuevamente, ese señor es un pobre señor que anda siempre entre animales y que aquí es muy querido. Por eso algunos cuando se van tiran miguitas al lado de la puerta. Porque el las junta.
-Nunca me gustó la manía esa de andar juntando, suspiró Primero.
-No, se equivoca, no es manía, continuó el flaco. Me parece que usted debe ser uno de esos que se pasan escribiendo y no les importa nada de lo que pasa en el mundo.
-...da de lo que pasa en el mundo, terminó de anotar Primero. Lo que pasa es que estoy escribiendo un cuento, agregó, levantando la ceja.
-¿Un cuento ? ¿Y qué cuento es ese ? se apuró el flaco, mientras intentaba sacarle una hoja.
También soy el Altísimo Encargado de administrar el cuento, perdón, los cuentos.
-Cuando lo termine se lo muestro, dijo Primero, ordenando las hojas. ¡Allá está Francisco, prima ! Sentado al lado del sauce. ¿Pero qué está haciendo ?
-Está hablando con el sauce, respondió la prima frotándose las manos. Yo le había visto pinta de hablar con los árboles. ¡Francisco, te quiero !, le gritó loca de contenta, reconociendo un amigo.
-¡Ay no grites !, pidió Primero acariciándose una oreja. Consigue de una vez esos cubiertos y nos vamos.
-Cierto. Por favor, señor, los cubiertos.
-No, niña, el señor no necesita cubiertos.
-Primo..., susurró la prima, que iba a continuar pero quedó interrumpida por su minuto de preocupación.
-Vamos, dijo Primero un poco cansado, tomando a la prima de la mano y sin anotar nada.
Capítulo cinco
5
Llegaron junto a Francisco. Se sentaron a su lado a la sombra del sauce.
-No conseguimos cubiertos. Dice el Altísimo Encargado que no los necesitas, explicó la prima - que no había salido del todo de su minuto -.
-Nadie come miguitas con cubiertos, agregó Primero.
-¡Claro !, afirmó Francisco, suavecito como siempre.
-A Primero no le gusta la gente que junta cosas, siguió la prima.
Primero la miró y sacó la guitarra.
-A mi tampoco, agregó Francisco sonriente.
-Dice el Altísimo Encargado que aquí te quieren mucho y por eso te tiran migas, continuó la prima.
Francisco se rió con ganas. Algunos tiran migas, otros me quieren, yo les tiro migas a los pájaros, y ustedes no tienen mucha idea de lo que ocurre en La Fiesta.
-Estamos aquí para que nos expliques, reclamó la prima, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Primero guardó la guitarra y aprontó la lapicera.
-La Fiesta no es solamente donde está la torta, continuó Francisco.
-¡Ahhh !¡Hay fiestas por todos lados ! ¡Con razón tanto cartel !, exclamó la prima.
-¡Seguro ! Todo Globs es una fiesta, agregó Francisco compartiendo unas miguitas con Andando. -Andando era uno de sus perros compañeros-
-Todas las fiestas no serán la misma fiesta... pensó en voz alta Primero.
-Fiesta es un modo de decir, respondió Francisco. Así se le llama al modo de vivir en Globs.
-¡Ahhh ! ¡Con razón !, dijo la prima.
-¿Con razón qué ? preguntó Primero.
-Con razón no hay tanto ambiente de fiesta. Lo de Cata fue distinto. Estábamos todos muertos de la risa tirándole a la piñata, nadie buscaba miguitas en el piso y no había ningún altísimo.
El más alto era el tío y no se encargó de nada. Bueno..., al final fue el que prendió las velitas.
-¿Cómo es la fiesta de Globs ?, preguntó Primero dando vuelta la hoja.
-Es esto que están viendo. Un lugar con muchos carteles luminosos que invitan a ser feliz y ...
-Te invito a ser feliz, dijo la prima a Primero, con cara de hacer un chiste.
-Te invito a no perder el hilo del cuento, dijo Primero, concentrado en su escritura.
-El hilo del cuento, el hilo del cuento ¡lo encontré ! ¿porqué andas juntando migas, Francisco ?
- La mitad de los habitantes somos pobres y habemos unos cuantos que juntamos migas o similar, de las calles, de las casas, o las recibimos de gente que quiere ayudarnos.
-“Y miguitas significará en este caso / todo aquello que quede como residuo / luego de que haya hecho su trabajo / el último de los clasificadores /”, agregó Primero de un modo bastante complicado. Y anotó.
-La mitad de 100 son 50, dijo la prima. Esa cuenta ya está hecha.
-No hay cuenta que no pueda volver a contarse, sentenció Primero con su típico aire misterioso.
-Dijimos que las cuentas estaban hechas, le recordó la prima.
-Cierto, respondió el primo, y siguió escribiendo.
-Los que entran a la casa donde nos conocimos son muy pocos, siguió Francisco.
-¿A los otros le cierran la puerta ?, preguntó la prima.
-Todas las puertas de Globs están abiertas, respondió Francisco.
-¿Y los globs, las pelotitas de colores, dónde están ? El asunto era que andaban todos buscando globs para cambiarlos por cosas, aclaró Primero, recordando el principio del cuento.
-Ya no se usan tantos globs, la bolsa está llena de permisos.
-¿Permiiiisos ?, dijo Primero.
-Permisos para usar globs.
-Juajuajua, rió la prima, ese trabalenguas no lo conocía.
-Pablito clavó un clavito, agregó el primo, intentando aportar un trabalenguas.
-¡El hilo del cuento !, dijo la prima haciéndose la seria.
-El hilo del cuento, el hilo del cuento ¡lo encontré ! continuó Primero ¿Cómo se obtienen los globs y los permisos ?
-Al principio era simple. Ahora, si quisiera explicarlo no podría, murmuró Francisco.
Prefiero que volvamos al salón luminoso que es donde mejor se puede ver de que se trata este juego.
-Allá vamos, dijo la prima. ¡Andando !
Andando vino enseguida y detrás de él vino un perrito castaño y un gato cazador que se sumaba al grupo.
Cuando estaban por llegar al salón, les llamó la atención un círculo de gente que cantaba en la plaza :
“ay qué lindo
ay qué tierno
ay qué bueno
que es vivir en Globs
pin pan pon
pin pan pon”
Bailaban al son de la música con cara de contentos.
-¿Quiénes son ? preguntó Primero.
Francisco no tuvo tiempo de responder. Desde el centro de la rueda se acercó dando saltitos una muchacha y se detuvo justo frente a Primero. Lo miró a los ojos fijamente.
-Somos el equipo de la alegría, los bailarines de Globs, dijo con vocecita mimosa.
-¿Y tú quien eres ?, preguntó Primero en un suspiro.
-Soy Caril, respondió la muchachita, acariciándole la mejilla. La profesora de baile.
Llegaron junto a Francisco. Se sentaron a su lado a la sombra del sauce.
-No conseguimos cubiertos. Dice el Altísimo Encargado que no los necesitas, explicó la prima - que no había salido del todo de su minuto -.
-Nadie come miguitas con cubiertos, agregó Primero.
-¡Claro !, afirmó Francisco, suavecito como siempre.
-A Primero no le gusta la gente que junta cosas, siguió la prima.
Primero la miró y sacó la guitarra.
-A mi tampoco, agregó Francisco sonriente.
-Dice el Altísimo Encargado que aquí te quieren mucho y por eso te tiran migas, continuó la prima.
Francisco se rió con ganas. Algunos tiran migas, otros me quieren, yo les tiro migas a los pájaros, y ustedes no tienen mucha idea de lo que ocurre en La Fiesta.
-Estamos aquí para que nos expliques, reclamó la prima, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Primero guardó la guitarra y aprontó la lapicera.
-La Fiesta no es solamente donde está la torta, continuó Francisco.
-¡Ahhh !¡Hay fiestas por todos lados ! ¡Con razón tanto cartel !, exclamó la prima.
-¡Seguro ! Todo Globs es una fiesta, agregó Francisco compartiendo unas miguitas con Andando. -Andando era uno de sus perros compañeros-
-Todas las fiestas no serán la misma fiesta... pensó en voz alta Primero.
-Fiesta es un modo de decir, respondió Francisco. Así se le llama al modo de vivir en Globs.
-¡Ahhh ! ¡Con razón !, dijo la prima.
-¿Con razón qué ? preguntó Primero.
-Con razón no hay tanto ambiente de fiesta. Lo de Cata fue distinto. Estábamos todos muertos de la risa tirándole a la piñata, nadie buscaba miguitas en el piso y no había ningún altísimo.
El más alto era el tío y no se encargó de nada. Bueno..., al final fue el que prendió las velitas.
-¿Cómo es la fiesta de Globs ?, preguntó Primero dando vuelta la hoja.
-Es esto que están viendo. Un lugar con muchos carteles luminosos que invitan a ser feliz y ...
-Te invito a ser feliz, dijo la prima a Primero, con cara de hacer un chiste.
-Te invito a no perder el hilo del cuento, dijo Primero, concentrado en su escritura.
-El hilo del cuento, el hilo del cuento ¡lo encontré ! ¿porqué andas juntando migas, Francisco ?
- La mitad de los habitantes somos pobres y habemos unos cuantos que juntamos migas o similar, de las calles, de las casas, o las recibimos de gente que quiere ayudarnos.
-“Y miguitas significará en este caso / todo aquello que quede como residuo / luego de que haya hecho su trabajo / el último de los clasificadores /”, agregó Primero de un modo bastante complicado. Y anotó.
-La mitad de 100 son 50, dijo la prima. Esa cuenta ya está hecha.
-No hay cuenta que no pueda volver a contarse, sentenció Primero con su típico aire misterioso.
-Dijimos que las cuentas estaban hechas, le recordó la prima.
-Cierto, respondió el primo, y siguió escribiendo.
-Los que entran a la casa donde nos conocimos son muy pocos, siguió Francisco.
-¿A los otros le cierran la puerta ?, preguntó la prima.
-Todas las puertas de Globs están abiertas, respondió Francisco.
-¿Y los globs, las pelotitas de colores, dónde están ? El asunto era que andaban todos buscando globs para cambiarlos por cosas, aclaró Primero, recordando el principio del cuento.
-Ya no se usan tantos globs, la bolsa está llena de permisos.
-¿Permiiiisos ?, dijo Primero.
-Permisos para usar globs.
-Juajuajua, rió la prima, ese trabalenguas no lo conocía.
-Pablito clavó un clavito, agregó el primo, intentando aportar un trabalenguas.
-¡El hilo del cuento !, dijo la prima haciéndose la seria.
-El hilo del cuento, el hilo del cuento ¡lo encontré ! continuó Primero ¿Cómo se obtienen los globs y los permisos ?
-Al principio era simple. Ahora, si quisiera explicarlo no podría, murmuró Francisco.
Prefiero que volvamos al salón luminoso que es donde mejor se puede ver de que se trata este juego.
-Allá vamos, dijo la prima. ¡Andando !
Andando vino enseguida y detrás de él vino un perrito castaño y un gato cazador que se sumaba al grupo.
Cuando estaban por llegar al salón, les llamó la atención un círculo de gente que cantaba en la plaza :
“ay qué lindo
ay qué tierno
ay qué bueno
que es vivir en Globs
pin pan pon
pin pan pon”
Bailaban al son de la música con cara de contentos.
-¿Quiénes son ? preguntó Primero.
Francisco no tuvo tiempo de responder. Desde el centro de la rueda se acercó dando saltitos una muchacha y se detuvo justo frente a Primero. Lo miró a los ojos fijamente.
-Somos el equipo de la alegría, los bailarines de Globs, dijo con vocecita mimosa.
-¿Y tú quien eres ?, preguntó Primero en un suspiro.
-Soy Caril, respondió la muchachita, acariciándole la mejilla. La profesora de baile.
Capítulo seis
6
-¡Qué ojos tan hermosos que tiene ! ¿No te parece, prima ?
-Hermosísimos, respondió la prima, mirándose en un espejo que había sacado volando de su mochila .“Espejito, espejito, ¿quien es la más hermosa del reino ?”
-“Blancanieeeeeves”, dijeron a dúo, muertos de la risa.
-Deseo que se unan al grupo de bailarines, invitó Caril, sin sacarle los ojos de encima a Primero.
-Habitualmente no bailo, respondió Primero, un poco asustado sin saber porqué.
-Ahora bailarás, te va a gustar, sólo tienes que traer ropa cómoda...
-No tengo otra ropa que la que ves. Vine por un rato para escribir un cuento y si aun estoy aquí es porque se me complicó.
-Parece que en Globs todo se complica, interrumpió la prima.
-No, no es así, tienen que unirse al baile, se sentirán mucho mejor, podrán adelgazar...
-Si Francisco adelgaza más desaparece, respondió la prima, que no lo veía por ninguna parte. ¡Francisco !
-Aquí estoy primilla, dijo Francisco muy serio, cargando unas bolsas.
La prima lo fue a buscar y se fueron con Andando a caminar por la plaza.
-Primero : te espero mañana por la mañana, con tus amigos. Estoy muy contenta de haberte encontrado, no te pierdas. No podrás comprender la maravilla de Globs si no bailas con nosotros. Te invito a ser feliz.
Primero recordó que la prima le había dicho lo mismo un rato antes aunque Caril se lo decía muy en serio. Le pareció interesante la coincidencia y más interesante todavía le resultaba la posibilidad de comprender La Fiesta de Globs, el juego y todo lo demás - que según Caril era una maravilla -.
...aravilla, anotó, y dio vuelta la hoja.
-¿Estás escribiendo un cuento, verdad ?
-Lo estamos inventando entre todos, respondió Primero, mirando a sus amigos que jugaban junto a una fuente.
-¿Habrá lugar en él para una profesora de baile ?, le preguntó acariciándole nuevamente la mejilla.
-Ya lo tienes, respondió Primero, un poco ruborizado.
-Entonces los espero mañana, dijo Caril. Yo les enseño el baile de Globs y ustedes me hacen lugar en el cuento. ¿De acuerdo ?
-De, de..., de acuerdo, dijo Primero con la ceja en el lugar, apurándose a escribir, rascándose la cabeza, y buscando a sus amigos con la mirada. No los veo, agregó, preocupado.
-No, no te preocupes, seguro que están hablando con los pájaros. Francisco los espera junto a la fuente todos los días a esta misma hora.
-¡Qué ojos tan hermosos que tiene ! ¿No te parece, prima ?
-Hermosísimos, respondió la prima, mirándose en un espejo que había sacado volando de su mochila .“Espejito, espejito, ¿quien es la más hermosa del reino ?”
-“Blancanieeeeeves”, dijeron a dúo, muertos de la risa.
-Deseo que se unan al grupo de bailarines, invitó Caril, sin sacarle los ojos de encima a Primero.
-Habitualmente no bailo, respondió Primero, un poco asustado sin saber porqué.
-Ahora bailarás, te va a gustar, sólo tienes que traer ropa cómoda...
-No tengo otra ropa que la que ves. Vine por un rato para escribir un cuento y si aun estoy aquí es porque se me complicó.
-Parece que en Globs todo se complica, interrumpió la prima.
-No, no es así, tienen que unirse al baile, se sentirán mucho mejor, podrán adelgazar...
-Si Francisco adelgaza más desaparece, respondió la prima, que no lo veía por ninguna parte. ¡Francisco !
-Aquí estoy primilla, dijo Francisco muy serio, cargando unas bolsas.
La prima lo fue a buscar y se fueron con Andando a caminar por la plaza.
-Primero : te espero mañana por la mañana, con tus amigos. Estoy muy contenta de haberte encontrado, no te pierdas. No podrás comprender la maravilla de Globs si no bailas con nosotros. Te invito a ser feliz.
Primero recordó que la prima le había dicho lo mismo un rato antes aunque Caril se lo decía muy en serio. Le pareció interesante la coincidencia y más interesante todavía le resultaba la posibilidad de comprender La Fiesta de Globs, el juego y todo lo demás - que según Caril era una maravilla -.
...aravilla, anotó, y dio vuelta la hoja.
-¿Estás escribiendo un cuento, verdad ?
-Lo estamos inventando entre todos, respondió Primero, mirando a sus amigos que jugaban junto a una fuente.
-¿Habrá lugar en él para una profesora de baile ?, le preguntó acariciándole nuevamente la mejilla.
-Ya lo tienes, respondió Primero, un poco ruborizado.
-Entonces los espero mañana, dijo Caril. Yo les enseño el baile de Globs y ustedes me hacen lugar en el cuento. ¿De acuerdo ?
-De, de..., de acuerdo, dijo Primero con la ceja en el lugar, apurándose a escribir, rascándose la cabeza, y buscando a sus amigos con la mirada. No los veo, agregó, preocupado.
-No, no te preocupes, seguro que están hablando con los pájaros. Francisco los espera junto a la fuente todos los días a esta misma hora.
Capítulo siete
7
Camino al gran salón Francisco intentó un adelanto :
-En un principio, el asunto más o menos funcionaba. Lo más importante del juego eran la caja de tareas y las bolsas con globs. Cada uno debía conseguirse su tarea y de acuerdo a la tarea obtenía cierta cantidad de globs. Estos se cambiaban por muchas cosas, bueno..., por casi todo lo que había en el país de Globs.
-¿Jugaban a eso todo el tiempo ?, preguntó la prima.
-Muchas horas por día.
-Los globs los recibían todos juntos, anotó Primero apurando el cuento.
-No. Eso tienes que borrarlo, los globs los recibían a medida que desarrollaban las tareas.
-Las tareas no eran siempre las mismas, afirmó Primero.
-Eso puedes dejarlo, sonrió Francisco, las tareas se podían cambiar.
-Y los globs se cambiaban por casas, continuó Primero, perdón, por cosas.
-Y por casas también, por todo lo que se necesitara si se tenían suficientes globs.
-No suena tan complicado, dijo la prima, mientras bostezaba.
-La verdad que no, afirmó Francisco.
-¿Y entonces ?, preguntó Primero moviendo la lapicera en el aire.
-Entonces llegamos, dijo la prima.
-Entremos, sugirió Francisco.
Entraron. El Altísimo de la puerta ya no dijo “Adelante Adelante Bienvenidos” ni les ofreció cubiertos pero los dejó pasar. Al fondo se veía una sala muy iluminada con algunas personas que conversaban amigablemente. A la izquierda una gran escalera de mármol daba varias vueltas hacia el piso de arriba. Francisco se dirigió a la escalera.
-Iiiíbamos a la sala, recordó la prima bostezando otra vez, nos ibas a mostrar como se juega en Globs.
-Es que ahora, en la sala, tampoco entenderían nada.
Siguieron a Francisco por la escalera. Primero pensó que nunca había demorado tanto en entender de qué se trataba un juego. Estaba por quedar completamente aburrido.
-¿Adónde vamos ?, preguntó la prima
-Al archivo de videos, respondió Francisco.
Primero se entusiasmó. Recordó algunas películas que le habían gustado mucho y se imaginó que iban a ver alguna buena y a comer pastel.
-¿Qué película prefieres, prima ?, dijo con una sonrisa grandota.
Francisco ya había elegido una, la colocó en el aparato y encendió una gran pantalla.
Cerró la puerta.
-¿Porqué cierras la puerta ?, preguntó la prima. ¿Temes algún problema con el Altísimo ?
-No, ningún problema. Todas las películas que están pueden ser elegidas y al archivo puede entrar quien quiera.
¿Y entonces porqué cierras la puerta ?, insistió la prima.
-Porque sí, respondió Francisco, suavecito pero firme.
Los perros también se acomodaron. Bueno..., los perros no, bien mirado el perrito castaño era perrita y esperaba cachorros. Andando era el padre y también los esperaba.
El gato cazador no se movió de al lado de la puerta.
Camino al gran salón Francisco intentó un adelanto :
-En un principio, el asunto más o menos funcionaba. Lo más importante del juego eran la caja de tareas y las bolsas con globs. Cada uno debía conseguirse su tarea y de acuerdo a la tarea obtenía cierta cantidad de globs. Estos se cambiaban por muchas cosas, bueno..., por casi todo lo que había en el país de Globs.
-¿Jugaban a eso todo el tiempo ?, preguntó la prima.
-Muchas horas por día.
-Los globs los recibían todos juntos, anotó Primero apurando el cuento.
-No. Eso tienes que borrarlo, los globs los recibían a medida que desarrollaban las tareas.
-Las tareas no eran siempre las mismas, afirmó Primero.
-Eso puedes dejarlo, sonrió Francisco, las tareas se podían cambiar.
-Y los globs se cambiaban por casas, continuó Primero, perdón, por cosas.
-Y por casas también, por todo lo que se necesitara si se tenían suficientes globs.
-No suena tan complicado, dijo la prima, mientras bostezaba.
-La verdad que no, afirmó Francisco.
-¿Y entonces ?, preguntó Primero moviendo la lapicera en el aire.
-Entonces llegamos, dijo la prima.
-Entremos, sugirió Francisco.
Entraron. El Altísimo de la puerta ya no dijo “Adelante Adelante Bienvenidos” ni les ofreció cubiertos pero los dejó pasar. Al fondo se veía una sala muy iluminada con algunas personas que conversaban amigablemente. A la izquierda una gran escalera de mármol daba varias vueltas hacia el piso de arriba. Francisco se dirigió a la escalera.
-Iiiíbamos a la sala, recordó la prima bostezando otra vez, nos ibas a mostrar como se juega en Globs.
-Es que ahora, en la sala, tampoco entenderían nada.
Siguieron a Francisco por la escalera. Primero pensó que nunca había demorado tanto en entender de qué se trataba un juego. Estaba por quedar completamente aburrido.
-¿Adónde vamos ?, preguntó la prima
-Al archivo de videos, respondió Francisco.
Primero se entusiasmó. Recordó algunas películas que le habían gustado mucho y se imaginó que iban a ver alguna buena y a comer pastel.
-¿Qué película prefieres, prima ?, dijo con una sonrisa grandota.
Francisco ya había elegido una, la colocó en el aparato y encendió una gran pantalla.
Cerró la puerta.
-¿Porqué cierras la puerta ?, preguntó la prima. ¿Temes algún problema con el Altísimo ?
-No, ningún problema. Todas las películas que están pueden ser elegidas y al archivo puede entrar quien quiera.
¿Y entonces porqué cierras la puerta ?, insistió la prima.
-Porque sí, respondió Francisco, suavecito pero firme.
Los perros también se acomodaron. Bueno..., los perros no, bien mirado el perrito castaño era perrita y esperaba cachorros. Andando era el padre y también los esperaba.
El gato cazador no se movió de al lado de la puerta.
Capítulo ocho
8
GLOBS Y GLOBS PRODUCCIONES PRESENTA
“LA GRAN FIESTA”
Así comenzaba la película. Hermosos parques y jardines, las calles de Globs repletas de carteles luminosos, todo visto de arriba como desde un avión. Precioso. Una casa grandísima, también preciosa, con mucha gente celebrando ‘el día globsiano de la alegría’.
-¡Caril !, exclamó Primero, cuando apareció en la pantalla el equipo completo del Baile de Globs, con la muchachita al frente.
Francisco estaba de pie revisando el archivo.
-¿No vas a ver la película, Francis ?, preguntó la prima.
-¡Muiaauuuuú !, dijo Cazador al mismo tiempo y tapando la voz de la prima.
Ella no supo bien porqué pero continuó con voz bajita.
-Está buscando un pañuelo, pensó en voz alta, mientras Francisco metía la mano en el bolsillo.
El sacó un cuadradito negro, pequeño como un caramelo, y cambió el video que había colocado antes en el aparato, por el cuadradito negro.
-¿Qué haces ?, preguntó Primero sorprendido.
-¡Muuiiiauuú !, exclamó Cazador.
Francisco respondió en voz muy bajita :
-Para que una película se guarde en el archivo tiene que tener un tamaño normal. Es decisión del Altísimo. Dice que no vale la pena guardar algo que se perdería fácilmente por su pequeño tamaño.
-¿De dónde la sacaste ?, preguntó la prima.
-Del bolsillo, sonrió Francisco. Bueno..., me la dejó hace tiempo una muchacha y desde
entonces la guardo.
estudiante de cine producciones presenta :
“la gran fiesta”
-¡Es la misma película !, protestó la prima. Si hubieras dejado la anterior ya sabríamos de qué se trata.
-Es distinta. Muestra el Juego de Globs con torta y con piñata de un modo muy especial.
Apareció un salón grande muy bonito en cuyo centro había una mesa que sostenía una inmensa torta, como de merengue o algo así. Al costado colgaba del techo una gran bolsa.
-¡La piñata !, dijo la prima. Esta vez sí : seguro que es un cumpleaños.
-Es una reunión de fin de semana completo sólo para jugar. Y no es ninguna piñata, es una bolsa de globs, respondió Francisco.
Quienes llegaron antes a la cita entendían mejor como conseguir globs. Se sentaron y propusieron a los otros : -Repartimos las tareas, vamos jugando, y luego cambiamos los globs que obtenemos por porciones de torta.
¡Muy bueno !, exclamaron casi todos mirando el merengue. Y estaban todos contentos.
Sacaron varias tareas de la caja : ir a buscar material para hacer instrumentos como cañas de pescar globs de la bolsa, construir los instrumentos, distribuirlos entre los participantes, traer los platos a la mesa, lavarlos mientras se fueran utilizando, estudiar mejores jugadas para obtener mayor número de globs, acercar sillas por si algunos querían jugar parados en ellas, asistir a quienes se cayeran o tuvieren cualquier inconveniente, etcétera y demás.
Todo lo demás que se pueda inventar.
A todas las tareas les correspondía un número de globs que recibían los jugadores oportunamente. Quienes repartían las tareas recibían globs por esto y también recibían globs de quienes se las solicitaban. Que eran todos, por supuesto.
Al cabo de un rato se había armado flor de lío.
Quienes desarrollaban ciertas tareas especiales y los repartidores poseían enormes cantidades de globs y muchísimas más porciones de torta de las que podrían comer aunque el juego durara cientos de años.
Otros tenían unas cuantas, otros unas, otros una, otros media, otros pedacitos todavía más chiquitos, y otros, que se habían quedado sin tarea en el reparto, no tenían ni globs ni porciones ni nada y eran los que juntaban miguitas.
Un rato más y el lío era todavía más grande : poquitos comían torta y guardaban todo lo que les sobraba de globs y de torta en bandejas debajo de las sillas, otros comían su porción
sentados por ahí, otros que tenían sólo una mitad reclamaban la otra, y gran cantidad de jugadores buscaban miguitas en el suelo.
-¡Espera !, dijo Primero, ¿esto es lo que ocurre en el Juego de Globs ?
-Esto es una película, respondió Francisco.
-Es demasiado lío, continuó Primero, rascándose la cabeza. Nosotros somos quienes escribimos el cuento, entonces podemos inventar que nos metemos dentro de la película.
Decidieron que iba a ser fácil entrar en la película y entonces fue muy fácil.
¡Plitsz ! y estaban en la película.
Francisco, que no los quiso dejar solos, se metió con ellos. Atrás marcharon Andando y Tinta, la perrita castaña.
El gato cazador no se movió de al lado de la puerta.
GLOBS Y GLOBS PRODUCCIONES PRESENTA
“LA GRAN FIESTA”
Así comenzaba la película. Hermosos parques y jardines, las calles de Globs repletas de carteles luminosos, todo visto de arriba como desde un avión. Precioso. Una casa grandísima, también preciosa, con mucha gente celebrando ‘el día globsiano de la alegría’.
-¡Caril !, exclamó Primero, cuando apareció en la pantalla el equipo completo del Baile de Globs, con la muchachita al frente.
Francisco estaba de pie revisando el archivo.
-¿No vas a ver la película, Francis ?, preguntó la prima.
-¡Muiaauuuuú !, dijo Cazador al mismo tiempo y tapando la voz de la prima.
Ella no supo bien porqué pero continuó con voz bajita.
-Está buscando un pañuelo, pensó en voz alta, mientras Francisco metía la mano en el bolsillo.
El sacó un cuadradito negro, pequeño como un caramelo, y cambió el video que había colocado antes en el aparato, por el cuadradito negro.
-¿Qué haces ?, preguntó Primero sorprendido.
-¡Muuiiiauuú !, exclamó Cazador.
Francisco respondió en voz muy bajita :
-Para que una película se guarde en el archivo tiene que tener un tamaño normal. Es decisión del Altísimo. Dice que no vale la pena guardar algo que se perdería fácilmente por su pequeño tamaño.
-¿De dónde la sacaste ?, preguntó la prima.
-Del bolsillo, sonrió Francisco. Bueno..., me la dejó hace tiempo una muchacha y desde
entonces la guardo.
estudiante de cine producciones presenta :
“la gran fiesta”
-¡Es la misma película !, protestó la prima. Si hubieras dejado la anterior ya sabríamos de qué se trata.
-Es distinta. Muestra el Juego de Globs con torta y con piñata de un modo muy especial.
Apareció un salón grande muy bonito en cuyo centro había una mesa que sostenía una inmensa torta, como de merengue o algo así. Al costado colgaba del techo una gran bolsa.
-¡La piñata !, dijo la prima. Esta vez sí : seguro que es un cumpleaños.
-Es una reunión de fin de semana completo sólo para jugar. Y no es ninguna piñata, es una bolsa de globs, respondió Francisco.
Quienes llegaron antes a la cita entendían mejor como conseguir globs. Se sentaron y propusieron a los otros : -Repartimos las tareas, vamos jugando, y luego cambiamos los globs que obtenemos por porciones de torta.
¡Muy bueno !, exclamaron casi todos mirando el merengue. Y estaban todos contentos.
Sacaron varias tareas de la caja : ir a buscar material para hacer instrumentos como cañas de pescar globs de la bolsa, construir los instrumentos, distribuirlos entre los participantes, traer los platos a la mesa, lavarlos mientras se fueran utilizando, estudiar mejores jugadas para obtener mayor número de globs, acercar sillas por si algunos querían jugar parados en ellas, asistir a quienes se cayeran o tuvieren cualquier inconveniente, etcétera y demás.
Todo lo demás que se pueda inventar.
A todas las tareas les correspondía un número de globs que recibían los jugadores oportunamente. Quienes repartían las tareas recibían globs por esto y también recibían globs de quienes se las solicitaban. Que eran todos, por supuesto.
Al cabo de un rato se había armado flor de lío.
Quienes desarrollaban ciertas tareas especiales y los repartidores poseían enormes cantidades de globs y muchísimas más porciones de torta de las que podrían comer aunque el juego durara cientos de años.
Otros tenían unas cuantas, otros unas, otros una, otros media, otros pedacitos todavía más chiquitos, y otros, que se habían quedado sin tarea en el reparto, no tenían ni globs ni porciones ni nada y eran los que juntaban miguitas.
Un rato más y el lío era todavía más grande : poquitos comían torta y guardaban todo lo que les sobraba de globs y de torta en bandejas debajo de las sillas, otros comían su porción
sentados por ahí, otros que tenían sólo una mitad reclamaban la otra, y gran cantidad de jugadores buscaban miguitas en el suelo.
-¡Espera !, dijo Primero, ¿esto es lo que ocurre en el Juego de Globs ?
-Esto es una película, respondió Francisco.
-Es demasiado lío, continuó Primero, rascándose la cabeza. Nosotros somos quienes escribimos el cuento, entonces podemos inventar que nos metemos dentro de la película.
Decidieron que iba a ser fácil entrar en la película y entonces fue muy fácil.
¡Plitsz ! y estaban en la película.
Francisco, que no los quiso dejar solos, se metió con ellos. Atrás marcharon Andando y Tinta, la perrita castaña.
El gato cazador no se movió de al lado de la puerta.
Capítulo nueve
9
Para llegar adonde estaba la mesa tuvieron que abrirse paso entre un montón de habitantes que juntaban miguitas en el suelo. Era un lío tremendo. Algunos hablaban en los rincones, otros reclamaban la mitad de su porción de torta, otros caminaban de un lado a otro como pensando, muchos pedían y pedían una tarea porque se habían quedado sin ella y no podían obtener globs ni porciones, y unos cuantos, muy cansados y sin haber comido, dormían tirados en el suelo.
La torta tenía todavía muchas porciones para repartir y otro montón de ellas estaban guardadas debajo de las sillas.
-Hay porciones para todos ¿porqué no vuelven a repartir ?, sugirió Primero amablemente.
-Cada uno tiene lo que se ganó, respondió uno muy tranquilo, sentado en una silla.
-Pero a algunos no les alcanza y otros no tienen nada, dijo la prima, espantada con el entrevero de gente que había en el piso.
-Cumplimos con las reglas del juego, continuó el señor muy tranquilo desde la silla.
-Las reglas del juego están todas inventadas, dijo Primero, recordando el principio del cuento.
-Pero no hay regla que no pueda..., dijo la prima, a punto de quedar interrumpida por su minuto de preocupación. Pero no se interrumpió.
Comenzó a girar y girar sobre sí misma, tan rápido que parecía una tormenta de viento.
Primero se dio cuenta del cambio pero no dijo nada. Sacó la guitarra y comenzó a cantar :
“mira niñita
te voy a llevar
a ver la luna
brillando en el mar
mira hacia el cielo
y deja
ese lánguido temor
que fue permanente emoción” (*)
-que fue permanente emoción”, acompañó la prima y paró de girar. ¡Qué no hay regla que no pueda volver a inventarse !, dijo terminando la oración, un poco mareada todavía.
Algunos se acercaban, otros murmuraban por ahí no sé qué cosa, otros parecían no escuchar, y la prima pidió que alguien le explicara.
Se acercó un super especialista del Juego de Globs y comenzó a explicar.
Por seguir el hilo de la explicación la prima se fue enredando tanto que no sabía como salirse del enredo.
Francisco se acercó y la desenredó un poco. Se acercaron otros, con más explicaciones.
La prima volvía a escuchar y se volvía a enredar. Francisco la desenredaba todo lo que podía. Y así durante un largo rato.
Primero escribía lo más rápido que le daba la lapicera, levantando y bajando la ceja, registrando los detalles del juego. De pronto se cansó.
-¡Grite el zorzal en danza danza!, exclamó de pie. Y eso que era muy poco exclamativo. Sorprendió a la prima.
-¡¿Queeeé cosa? !, dijo la prima, como si escuchara hablar en otro idioma.
Entonces un hermosísimo zorzal se posó en una rama junto a la ventana. Movía las alas como bailando, dejando en el aire un tinte de rosas. Francisco se le acercó.
-¿Grita ?, preguntó la prima, sin poder creer lo que ocurría.
-Está cantando, respondió Francisco.
-No, dijo Primero.
-Te aseguro que sí, dijo la prima, si Francisco lo dice...
-Qué no y qué no y qué no, la interrumpió Primero.
-Qué sí, que te digo qué sí, insistió la prima.
-¡Qué no, prima, qué no, que no pidas más explicaciones que te estás enredando !
-Pero esto no me gusta, dijo la prima triste, atenta al entrevero de gente que había en el piso. No se parece en nada al cumpleaños de Cata. ¡Si viniera mi madre, continuó, - parada en un banquito - , si viniera mi madre les diría que son unos egoístas, que paren ya de jugar y conviden a todos como dios manda ! Y no me preguntes otra vez si soy católica, le dijo a Primero rapidito.
-Dejate de hablar de tu madre, nena, que a nadie le importa lo que dice tu madre, interrumpió alguien con una voz lindísima.
-¿Y tú quien eres ?, le preguntó la prima.
-Miguel.
La fiesta se había vuelto un griterío.
¡Orden Orden !, gritaba un señor con ropa como de bombero de arriba de la escalera.
¡Orden Orden !, acompañaba la prima, que seguía subida en el banquito.
Nunca imaginé que iba a ver a la prima gritando orden parada en un banquito, pensó en voz alta Primero rascándose la cabeza.
¡Orden Orden !, continuaban a dúo, el que parecía bombero, y la prima desde el banquito.
-Señorita, dijo el bombero, si quiere orden empiece usted por callarse.
-¡Cómo me voy a callar si esto está todo desordenado, no se puede ni caminar... !, siguió la prima desde el banquito.
-Bajate de ahí nena, que te van a bajar de la oreja, dijo Miguel, con esa voz tan linda que tenía.
-¿Y tú que haces aquí ?, preguntó la prima encantada con la voz de Miguel, aunque no tanto con lo que decía.
-No sé. Ya no sé qué hago acá, respondió, mirando para otro lado.
Primero anotaba y anotaba y anotaba. Francisco hablaba con el zorzal y Andando no se separaba de Tinta que estaba a punto de parir.
-¡Francisco !, exclamó la prima, ¡Tinta ya va a parir !
-¡Andando !, dijo Francisco. Y Andando vino enseguida, cuidando por donde caminaba Tinta.
Detrás de Tinta y Andando salió Primero, y detrás la prima, que antes de salir del todo de la película se dio vuelta para decirle algo a Miguel.
-Apurate nena, que te vas a quedar acá adentro, dijo Miguel, con tono peleador y mirada dulcísima.
-Está bien, nene, respondió en igual tono la prima. Y se fue.
¡Plitsz ! y estaban otra vez en la sala de archivo. Francisco sacó de apuro el video chiquito como un caramelo y lo guardó nuevamente en su bolsillo. Colocó el grande en su lugar, apagaron la luz y se fueron. Descendieron por la escalera de mármol.
Primero acomodaba sus escrituras en la mochila cuando pasaron junto al Altísimo.
¡Muiiiiauuuú !, exclamó Cazador, otra vez junto a sus compañeros.
-¡Adelante Adelante Bienvenidos ! ¡Aquí están sus cubiertos !, decía el flaco a una gente que pasaba.
A ellos no les dijo nada pero no los perdió de vista hasta que se alejaron unas cuantas cuadras.
Francisco los llevó rapidísimo por el camino buscando un lugar tranquilo para el parto de Tinta.
La prima se dio vuelta para mirar a Miguel pero recordó de pronto que él se había quedado en la película.
Para llegar adonde estaba la mesa tuvieron que abrirse paso entre un montón de habitantes que juntaban miguitas en el suelo. Era un lío tremendo. Algunos hablaban en los rincones, otros reclamaban la mitad de su porción de torta, otros caminaban de un lado a otro como pensando, muchos pedían y pedían una tarea porque se habían quedado sin ella y no podían obtener globs ni porciones, y unos cuantos, muy cansados y sin haber comido, dormían tirados en el suelo.
La torta tenía todavía muchas porciones para repartir y otro montón de ellas estaban guardadas debajo de las sillas.
-Hay porciones para todos ¿porqué no vuelven a repartir ?, sugirió Primero amablemente.
-Cada uno tiene lo que se ganó, respondió uno muy tranquilo, sentado en una silla.
-Pero a algunos no les alcanza y otros no tienen nada, dijo la prima, espantada con el entrevero de gente que había en el piso.
-Cumplimos con las reglas del juego, continuó el señor muy tranquilo desde la silla.
-Las reglas del juego están todas inventadas, dijo Primero, recordando el principio del cuento.
-Pero no hay regla que no pueda..., dijo la prima, a punto de quedar interrumpida por su minuto de preocupación. Pero no se interrumpió.
Comenzó a girar y girar sobre sí misma, tan rápido que parecía una tormenta de viento.
Primero se dio cuenta del cambio pero no dijo nada. Sacó la guitarra y comenzó a cantar :
“mira niñita
te voy a llevar
a ver la luna
brillando en el mar
mira hacia el cielo
y deja
ese lánguido temor
que fue permanente emoción” (*)
-que fue permanente emoción”, acompañó la prima y paró de girar. ¡Qué no hay regla que no pueda volver a inventarse !, dijo terminando la oración, un poco mareada todavía.
Algunos se acercaban, otros murmuraban por ahí no sé qué cosa, otros parecían no escuchar, y la prima pidió que alguien le explicara.
Se acercó un super especialista del Juego de Globs y comenzó a explicar.
Por seguir el hilo de la explicación la prima se fue enredando tanto que no sabía como salirse del enredo.
Francisco se acercó y la desenredó un poco. Se acercaron otros, con más explicaciones.
La prima volvía a escuchar y se volvía a enredar. Francisco la desenredaba todo lo que podía. Y así durante un largo rato.
Primero escribía lo más rápido que le daba la lapicera, levantando y bajando la ceja, registrando los detalles del juego. De pronto se cansó.
-¡Grite el zorzal en danza danza!, exclamó de pie. Y eso que era muy poco exclamativo. Sorprendió a la prima.
-¡¿Queeeé cosa? !, dijo la prima, como si escuchara hablar en otro idioma.
Entonces un hermosísimo zorzal se posó en una rama junto a la ventana. Movía las alas como bailando, dejando en el aire un tinte de rosas. Francisco se le acercó.
-¿Grita ?, preguntó la prima, sin poder creer lo que ocurría.
-Está cantando, respondió Francisco.
-No, dijo Primero.
-Te aseguro que sí, dijo la prima, si Francisco lo dice...
-Qué no y qué no y qué no, la interrumpió Primero.
-Qué sí, que te digo qué sí, insistió la prima.
-¡Qué no, prima, qué no, que no pidas más explicaciones que te estás enredando !
-Pero esto no me gusta, dijo la prima triste, atenta al entrevero de gente que había en el piso. No se parece en nada al cumpleaños de Cata. ¡Si viniera mi madre, continuó, - parada en un banquito - , si viniera mi madre les diría que son unos egoístas, que paren ya de jugar y conviden a todos como dios manda ! Y no me preguntes otra vez si soy católica, le dijo a Primero rapidito.
-Dejate de hablar de tu madre, nena, que a nadie le importa lo que dice tu madre, interrumpió alguien con una voz lindísima.
-¿Y tú quien eres ?, le preguntó la prima.
-Miguel.
La fiesta se había vuelto un griterío.
¡Orden Orden !, gritaba un señor con ropa como de bombero de arriba de la escalera.
¡Orden Orden !, acompañaba la prima, que seguía subida en el banquito.
Nunca imaginé que iba a ver a la prima gritando orden parada en un banquito, pensó en voz alta Primero rascándose la cabeza.
¡Orden Orden !, continuaban a dúo, el que parecía bombero, y la prima desde el banquito.
-Señorita, dijo el bombero, si quiere orden empiece usted por callarse.
-¡Cómo me voy a callar si esto está todo desordenado, no se puede ni caminar... !, siguió la prima desde el banquito.
-Bajate de ahí nena, que te van a bajar de la oreja, dijo Miguel, con esa voz tan linda que tenía.
-¿Y tú que haces aquí ?, preguntó la prima encantada con la voz de Miguel, aunque no tanto con lo que decía.
-No sé. Ya no sé qué hago acá, respondió, mirando para otro lado.
Primero anotaba y anotaba y anotaba. Francisco hablaba con el zorzal y Andando no se separaba de Tinta que estaba a punto de parir.
-¡Francisco !, exclamó la prima, ¡Tinta ya va a parir !
-¡Andando !, dijo Francisco. Y Andando vino enseguida, cuidando por donde caminaba Tinta.
Detrás de Tinta y Andando salió Primero, y detrás la prima, que antes de salir del todo de la película se dio vuelta para decirle algo a Miguel.
-Apurate nena, que te vas a quedar acá adentro, dijo Miguel, con tono peleador y mirada dulcísima.
-Está bien, nene, respondió en igual tono la prima. Y se fue.
¡Plitsz ! y estaban otra vez en la sala de archivo. Francisco sacó de apuro el video chiquito como un caramelo y lo guardó nuevamente en su bolsillo. Colocó el grande en su lugar, apagaron la luz y se fueron. Descendieron por la escalera de mármol.
Primero acomodaba sus escrituras en la mochila cuando pasaron junto al Altísimo.
¡Muiiiiauuuú !, exclamó Cazador, otra vez junto a sus compañeros.
-¡Adelante Adelante Bienvenidos ! ¡Aquí están sus cubiertos !, decía el flaco a una gente que pasaba.
A ellos no les dijo nada pero no los perdió de vista hasta que se alejaron unas cuantas cuadras.
Francisco los llevó rapidísimo por el camino buscando un lugar tranquilo para el parto de Tinta.
La prima se dio vuelta para mirar a Miguel pero recordó de pronto que él se había quedado en la película.
Capítulo diez
10
Encontraron un lindo lugar, rodeado de árboles, bien iluminado por la luna creciente.
A pocos metros, una cabaña y voces de niños. Francisco preparó especialmente una zona de pasto para que Tinta eligiera donde parir.
-Me gusta esa parte del cuento en la que entramos a la película, dijo Primero muy contento.
-¡Bien inventado !, dijo la prima, invitando a Primero a chocar las manos.
-Conque era sólo una película..., continuó el primo pensativo.
-Sólo una película, respondió Francisco, pero muy buena para entender el Juego.
-Eso no fue lo que vimos el primer día cuando llegamos al gran salón..., advirtió la prima.
-Ya no es aquel gran salón de la película, no va tanta gente. El Juego ya lleva muchos años y ese lío tremendo que vieron se ha extendido por todos lados. En todo el país de Globs hay 10 bolsas de globs ...
-¿Y los permisos para usar globs ?, interrumpió la prima.
-Consíderalos dentro de la bolsa, dijo Primero, apurando el cuento con la lapicera en el aire.
-En todo Globs hay diez bolsas de globs, continuó Francisco con mucha paciencia. En la alta montaña viven seis personas que tienen seis de las diez bolsas.
-Una para cada uno, agregó la prima con cara de estar pensando en otra cosa.
-No, dijo Francisco. Y continuó. En todo el país de globs hay diez bolsas...
-¡Sí !, 10-6 = 4, ¡esa cuenta ya está hecha ! Quedan cuatro bolsas. ¿Dónde están ?, preguntó Primero que seguía moviendo la lapicera en el aire.
-Repartidas entre el resto de los habitantes, respondió Francisco.
-“Había una vez un lugar con 100 personas...” dijo Primero recordando el principio del cuento.
-100-6 = 94, el resto de los habitantes son 94, dijo la prima con cara de estar pensando en otra cosa.
-Seis habitantes tienen seis bolsas, continuó Fancisco con mucha paciencia, y las 4 restantes son para 94 habitantes.
-Juajuajua y juajuajua, rió la prima. ¿Eso es un chiste, Francis ?
-No.
Andando ladró. -¡Negra !, gritó Luna, ¡nació una cahorrita negra !. ¡Buenísimo !, exclamaron. ¡Qué ese sea su nombre !. Y aplaudieron el primer nacimiento.
Luna era una niña de la cabaña próxima que acompañaba a Tinta junto a Pequeño Mago.
-Y ya no quedan tareas en la caja de reparto, continuó Francisco. Muchos habitantes tienen tareas con las que obtienen muy pocos globs y otro montón ni siquiera tienen tarea.
-Ya que inventamos el cuento podríamos meter unas cuantas tareas en la caja, sugirió la prima.
-¿A quién le tocó la tarea de hacer las servilletas para el gran salón ?, preguntó Primero rascándose la cabeza.
-Al servilletero, respondió la prima apurando el cuento.
-¿Y cuánto demora el servilletero en hacer las servilletas ?, continuó Primero que aún se rascaba la cabeza.
-Ocho horas por día, cada día, dijo Francisco.
-Si ponemos otra tarea de servilletero en la caja, agregamos un servilletero más. En cuatro horas las tienen prontas y se pueden ir a pasear. Si es que quieren ir a pasear..., propuso Pao, otro de los niños de la cabaña, que se había unido al grupo.
-Y si conseguimos poner cuatro servilleteros ya pueden pasear en dos horitas, dijo la prima, muy contenta con el aporte de Pao.
Francisco sonrió.
-Los de la alta montaña..., los de la alta montaña..., los de la alta montaña..., los de la alta montaña..., la prima no paraba de repetir.
-¿Los de la alta montaña qué, primilla ?, dijo Francisco.
-¿Para qué quieren todos esos globs ?
-No sé.
-¿Y para qué los guardan ?
-No sé.
-¿Y naaaadie les dice qué no pueden hacer eso con el lío tremendo que hay en Globs?, preguntó la prima tratando de levantar la ceja como Primero.
-Nadie les dice que no pueden porque pueden, dijo Pao con firmeza.
-Son las reglas del juego, anotaba Primero mientras tanto.
¡Manchado claro !, exclamó Luna, anunciando la llegada del segundo cachorro. ¡Bueniiiísimo ! ¡Qué ese sea su nombre !
-¿Cual es tu tarea Francis ?, preguntó la prima.
-Bueno, digamos que no tengo. Me alimento con las cosas que consigo.
-Miguitas.
-Miguitas y cosas parecidas.
¡Manchado oscuro !, gritó Luna. Y todos aplaudieron.
-¿Y cómo visitas al doctor si no tienes tarea ni globs ?
-Yo le arreglo el jardín al doctor, y el me revisa y me cura, no usamos globs, somos amigos.
¡Blanco !, exclamó Luna.
-¡Y con esto podría ir terminando... !, dijo Primero con cara de estar harto.
-¿Qué te pasa, primo ?, preguntó la prima.
-Que este juego no es mi juego y que no me gusta nada como está quedando el cuento.
-“Y Colorín Coloradó
Este cuento no terminó.”
-cantó la prima-
¡Castaña !, exclamó Luna, ¡quinta y última cachorra ! ¡Bueniiiiíiiiisimo ! dijeron, y aplaudieron.
Corrieron a ver a Tinta que lamía sus cachorros y quedaron felicísimos.
Francisco alcanzó un botellón con agua y manzanas para todos, y Primero sacó la guitarra y comenzó a cantar. Como si ninguna otra cosa le importara.
Capítulo once
11
Durmieron todos en la cabaña. Apenas amaneció Primero se levantó y se
aprontó para salir.
-¿Adónde vas tan apurado ? preguntó la prima.
Pero no tuvo respuesta.
Primero se alejaba por el camino. La prima lo alcanzó junto a un arbusto y allí mismo
le vio la cara de malhumorado.
-Este..., dijo la prima, que le conocía esa cara. ¿Qué te pasa ?
No tuvo respuesta.
-Esteee..., intentó nuevamente.
-Nada, no preguntes, ya sabes que no doy más de mí.
-Ah, claro, claro, susurró la prima con cara de “a mi no me importa”. Y pensó : “eso dice siempre cuando está de malhumor, pero si diera más no sé que mas daría, siempre juega conmigo, se alegra si estoy contenta y me acompaña (o me deja sola, según...) cuando estoy triste o cuando me preocupo. Le ha dado por cantar cuando giro. Saca poemas de la manga si me duele algo, nunca habla mal de mí, no cuenta mis secretos, y sabe que lo quiero”
-Si, claro, claro, volvió a decir la prima. Y lo dejó partir.
-¡Prima !, llamó Luna desde la cabaña.
-Lunulia, buenos días.
-Veo que Primero ya salió para el Baile.
-¿El Baile ?, preguntó la prima asombrada.
-Sí, anoche me contó que Caril los había invitado...
-¡Cierto ! Es que estaba malhumorado y no quiso hablar conmigo. ¿Qué tienes pensado hacer ?
-Vamos contigo.
-¿Conmigo ? ¿Adónde ?
-Al Baile.
Y se fueron. Luna, la prima, Pao, y Pequeño Mago.
Francisco se quedó con Andando, Andando con Tinta, y Tinta con Negra, Los Manchados, Blanco y La Castaña.
Muuuuuiauuuú, dijo el gato Cazador. Y se fue a cazar como todas las mañanas.
Cuando llegaron a la plaza Primero apenas bailaba y conservaba igualita la cara de malhumor. Buscaron su mochila y dejaron las suyas al costado. Se metieron en el Baile.
“Ay qué bueno
ay qué tierno
qué bonito
que es vivir en Globs
etcétera y pin pan pon”
cantaban todos (menos Primero) junto a Caril.
-Brazos arriba, brazos abajo, subo una pierna, giro al costado, decía Caril, organizando el baile.
-Qué manera de revolotear las pestañas, dijo Luna, se le van a enganchar.
La prima se rió. Pao se acercó a Primero y Pequeño Mago se paró disimuladamente detrás de Caril.
“Ay qué bueno...”, continuaba Caril.
-Baldrabaldrún, dijo Pequeño Mago con voz de asustar, haciendo gestos como espantando el viento.
Caril se dio vuelta : Pequeño Mago, ya te he dicho que no vengas a molestar...
-Molestaré, molestarás, molestarán, cantó Maguito, saltando muy gracioso.
Brazos arriba, brazos abajo..., continuó Caril, levantando la voz e intentando no oírlo.
La plaza era muy hermosa, con gran variedad de árboles y flores y una pequeña fuente donde Francisco se reunía con los pájaros todas las tardes.
-Los pájaros llegan a la fuente todas las tardes a la misma hora, comentó la prima.
-Están nerviosos, respondió Luna, se complicaron algunas cosas.
-En Globs todo se complica, dijo la prima, se ponen nerviosos hasta los pájaros.
-Hay tanto lío que Globs se está calentando.
-¿Calentaaaaaando ?
-Sí, de a poquito, continuó Luna. Algunas especies de animales ya no se ven en ninguna parte de Globs, cortan demasiados árboles...
-¿Y los pájaros nerviosos ?, preguntó la prima.
-Bastante bien, gracias, aunque el aire no está limpio. Ellos le traen información a Francisco, él ama y cuida la naturaleza.
-Mucho quizás no pueda hacer..., dijo la prima.
-Quién sabe..., respondió Luna.
“Ay qué tierno
ay qué bueno...”
-¡Todavía !, exclamó la prima.
-Ahora nomás comienzan a dar vueltas por la plaza y enseguida terminan.
Primero apenas se movía y no cantaba pero había perdido la expresión de malhumor. Miraba a Caril que le hacía guiñadas todo el tiempo.
Pao se había acercado a Pequeño Mago y se lo había llevado lejos de la profesora para que no siguiera haciéndole “Baldrabaldrún” y el resto de sus monerías. Le parecían muy divertidas pero no tenía ninguna gana de ver enojada a Caril.
Tal como había dicho Luna, cuando la música de fondo sonó mas fuerte, la profesora invitó a dar vueltas por la plaza.
“Ay qué bueno
dando vueltas
y más vueltas
nos saludamos
nos sonreímos
nos acercamos
nos alejamos...”
-Qué terminen y nos vamos, dijo la prima aburrida. Buscó a Primero pero no lo encontró.
Tampoco vio a Caril por ningún lado. Era un lío de gente dando vueltas por la plaza.
Se acercaron Pao y Pequeño Mago. “Baldrabaldrún”, dijo la prima, como espantando el viento con las manos. Maguito la acompaño contento de tener una socia.
Apareció Primero y detrás llegó Caril.
-¡Espera Primero ! Te estaba buscando
-Me has encontrado, respondió el primo.
-Fui muy feliz por tenerte en el Baile aunque no te he visto bailar.
-Otra vez revoloteando las pestañas..., dijo Luna en voz bajita.
-Mañana volverás y bailarás un poco más, siguió Caril, ya lo verás.
-Baldrabaldrás, interrumpió Pequeño Mago
-Ya te dije... Caril iba a continuar pero Maguito se fue haciendo esos gestos suyos como de espantar el viento.
La prima y Luna se rieron y se fueron con él. Pao iba más adelante en busca de las mochilas.
-Hasta mañanita Primerito, dijo Caril, acariciándole la mejilla.
-Lo mismo digo, alcanzó a decir Primero, nuevamente ruborizado.
Y partió tras sus compañeros.
Tomaban un pequeño desayuno que había preparado Pao. El primo se les sumó.
-Se me rompió una correa de la mochila, advirtió la prima.
-No es nada, dijo Luna, sacando un frasco de goma de pegar. Te la arreglo y te enseño para la próxima vez.
-Gracias Lunulia, dijo la prima, encantada con que la niña arreglara mochilas y además le enseñara.
-Por nada, dijo Luna, que además de acompañar perras en el parto se especializaba en arreglar todo tipo de mochilas, carteras, zapatos, cinturones, y muchas cosas más.
Durmieron todos en la cabaña. Apenas amaneció Primero se levantó y se
aprontó para salir.
-¿Adónde vas tan apurado ? preguntó la prima.
Pero no tuvo respuesta.
Primero se alejaba por el camino. La prima lo alcanzó junto a un arbusto y allí mismo
le vio la cara de malhumorado.
-Este..., dijo la prima, que le conocía esa cara. ¿Qué te pasa ?
No tuvo respuesta.
-Esteee..., intentó nuevamente.
-Nada, no preguntes, ya sabes que no doy más de mí.
-Ah, claro, claro, susurró la prima con cara de “a mi no me importa”. Y pensó : “eso dice siempre cuando está de malhumor, pero si diera más no sé que mas daría, siempre juega conmigo, se alegra si estoy contenta y me acompaña (o me deja sola, según...) cuando estoy triste o cuando me preocupo. Le ha dado por cantar cuando giro. Saca poemas de la manga si me duele algo, nunca habla mal de mí, no cuenta mis secretos, y sabe que lo quiero”
-Si, claro, claro, volvió a decir la prima. Y lo dejó partir.
-¡Prima !, llamó Luna desde la cabaña.
-Lunulia, buenos días.
-Veo que Primero ya salió para el Baile.
-¿El Baile ?, preguntó la prima asombrada.
-Sí, anoche me contó que Caril los había invitado...
-¡Cierto ! Es que estaba malhumorado y no quiso hablar conmigo. ¿Qué tienes pensado hacer ?
-Vamos contigo.
-¿Conmigo ? ¿Adónde ?
-Al Baile.
Y se fueron. Luna, la prima, Pao, y Pequeño Mago.
Francisco se quedó con Andando, Andando con Tinta, y Tinta con Negra, Los Manchados, Blanco y La Castaña.
Muuuuuiauuuú, dijo el gato Cazador. Y se fue a cazar como todas las mañanas.
Cuando llegaron a la plaza Primero apenas bailaba y conservaba igualita la cara de malhumor. Buscaron su mochila y dejaron las suyas al costado. Se metieron en el Baile.
“Ay qué bueno
ay qué tierno
qué bonito
que es vivir en Globs
etcétera y pin pan pon”
cantaban todos (menos Primero) junto a Caril.
-Brazos arriba, brazos abajo, subo una pierna, giro al costado, decía Caril, organizando el baile.
-Qué manera de revolotear las pestañas, dijo Luna, se le van a enganchar.
La prima se rió. Pao se acercó a Primero y Pequeño Mago se paró disimuladamente detrás de Caril.
“Ay qué bueno...”, continuaba Caril.
-Baldrabaldrún, dijo Pequeño Mago con voz de asustar, haciendo gestos como espantando el viento.
Caril se dio vuelta : Pequeño Mago, ya te he dicho que no vengas a molestar...
-Molestaré, molestarás, molestarán, cantó Maguito, saltando muy gracioso.
Brazos arriba, brazos abajo..., continuó Caril, levantando la voz e intentando no oírlo.
La plaza era muy hermosa, con gran variedad de árboles y flores y una pequeña fuente donde Francisco se reunía con los pájaros todas las tardes.
-Los pájaros llegan a la fuente todas las tardes a la misma hora, comentó la prima.
-Están nerviosos, respondió Luna, se complicaron algunas cosas.
-En Globs todo se complica, dijo la prima, se ponen nerviosos hasta los pájaros.
-Hay tanto lío que Globs se está calentando.
-¿Calentaaaaaando ?
-Sí, de a poquito, continuó Luna. Algunas especies de animales ya no se ven en ninguna parte de Globs, cortan demasiados árboles...
-¿Y los pájaros nerviosos ?, preguntó la prima.
-Bastante bien, gracias, aunque el aire no está limpio. Ellos le traen información a Francisco, él ama y cuida la naturaleza.
-Mucho quizás no pueda hacer..., dijo la prima.
-Quién sabe..., respondió Luna.
“Ay qué tierno
ay qué bueno...”
-¡Todavía !, exclamó la prima.
-Ahora nomás comienzan a dar vueltas por la plaza y enseguida terminan.
Primero apenas se movía y no cantaba pero había perdido la expresión de malhumor. Miraba a Caril que le hacía guiñadas todo el tiempo.
Pao se había acercado a Pequeño Mago y se lo había llevado lejos de la profesora para que no siguiera haciéndole “Baldrabaldrún” y el resto de sus monerías. Le parecían muy divertidas pero no tenía ninguna gana de ver enojada a Caril.
Tal como había dicho Luna, cuando la música de fondo sonó mas fuerte, la profesora invitó a dar vueltas por la plaza.
“Ay qué bueno
dando vueltas
y más vueltas
nos saludamos
nos sonreímos
nos acercamos
nos alejamos...”
-Qué terminen y nos vamos, dijo la prima aburrida. Buscó a Primero pero no lo encontró.
Tampoco vio a Caril por ningún lado. Era un lío de gente dando vueltas por la plaza.
Se acercaron Pao y Pequeño Mago. “Baldrabaldrún”, dijo la prima, como espantando el viento con las manos. Maguito la acompaño contento de tener una socia.
Apareció Primero y detrás llegó Caril.
-¡Espera Primero ! Te estaba buscando
-Me has encontrado, respondió el primo.
-Fui muy feliz por tenerte en el Baile aunque no te he visto bailar.
-Otra vez revoloteando las pestañas..., dijo Luna en voz bajita.
-Mañana volverás y bailarás un poco más, siguió Caril, ya lo verás.
-Baldrabaldrás, interrumpió Pequeño Mago
-Ya te dije... Caril iba a continuar pero Maguito se fue haciendo esos gestos suyos como de espantar el viento.
La prima y Luna se rieron y se fueron con él. Pao iba más adelante en busca de las mochilas.
-Hasta mañanita Primerito, dijo Caril, acariciándole la mejilla.
-Lo mismo digo, alcanzó a decir Primero, nuevamente ruborizado.
Y partió tras sus compañeros.
Tomaban un pequeño desayuno que había preparado Pao. El primo se les sumó.
-Se me rompió una correa de la mochila, advirtió la prima.
-No es nada, dijo Luna, sacando un frasco de goma de pegar. Te la arreglo y te enseño para la próxima vez.
-Gracias Lunulia, dijo la prima, encantada con que la niña arreglara mochilas y además le enseñara.
-Por nada, dijo Luna, que además de acompañar perras en el parto se especializaba en arreglar todo tipo de mochilas, carteras, zapatos, cinturones, y muchas cosas más.
Capítulo doce
12
Llegaron cansados a la cabaña. Primero iba adelante.
-Qué tal, Primero, ¿cómo estás ?, saludó Francisco.
-No preguntes, dijo la prima, ya sabes que no da más de...
-Qué no doy más de tan cansado, se apuró Primero, haciéndole morisquetas a la prima.
-Ejem, susurró ella, y se rió mirando para otro lado.
Pasaron toda la tarde contando historias, jugando con los cachorros, preparando alimentos, comiendo y cantando. Anochecía cuando se dieron cuenta de que Cazador no había regresado.
-Se habrá quedado por ahí con alguna gatita, pensó Maguito en voz alta.
-Mimimimiaaaau, dijo de lejos Cazador.
Lo saludaron. El gato se acercó. Estaba todito despeinado y traía ese aire de quien viene de lejos. Lucía un papelito doblado en el bigote. ¡LEA HOMBRE ! era lo que estaba escrito sobre el papel.
-Dice ¡lea hombre ! y tiene pinta de misterioso. Seguro que es para Primero, supuso la prima.
Primero lo abrió : “si viera lo que no ve la vería junto a la torre”, leyó. Levantó y bajó le ceja, y guardó el papel en su bolsillo.
-¿Y eeeso ?, preguntó Pao.
-Un acertijo, de los que le gustan a mi primo...
-Así parece, dijo Primero, mirando al gato.
Saber de dónde venía era mas difícil todavía.
Agradecieron de todos modos a Cazador. Conversaron un rato más y se fueron a dormir.
Llegaron cansados a la cabaña. Primero iba adelante.
-Qué tal, Primero, ¿cómo estás ?, saludó Francisco.
-No preguntes, dijo la prima, ya sabes que no da más de...
-Qué no doy más de tan cansado, se apuró Primero, haciéndole morisquetas a la prima.
-Ejem, susurró ella, y se rió mirando para otro lado.
Pasaron toda la tarde contando historias, jugando con los cachorros, preparando alimentos, comiendo y cantando. Anochecía cuando se dieron cuenta de que Cazador no había regresado.
-Se habrá quedado por ahí con alguna gatita, pensó Maguito en voz alta.
-Mimimimiaaaau, dijo de lejos Cazador.
Lo saludaron. El gato se acercó. Estaba todito despeinado y traía ese aire de quien viene de lejos. Lucía un papelito doblado en el bigote. ¡LEA HOMBRE ! era lo que estaba escrito sobre el papel.
-Dice ¡lea hombre ! y tiene pinta de misterioso. Seguro que es para Primero, supuso la prima.
Primero lo abrió : “si viera lo que no ve la vería junto a la torre”, leyó. Levantó y bajó le ceja, y guardó el papel en su bolsillo.
-¿Y eeeso ?, preguntó Pao.
-Un acertijo, de los que le gustan a mi primo...
-Así parece, dijo Primero, mirando al gato.
Saber de dónde venía era mas difícil todavía.
Agradecieron de todos modos a Cazador. Conversaron un rato más y se fueron a dormir.
lunes, 22 de octubre de 2007
Capítulo trece
13
La prima se levantó con ganas de ir a pasear por las calles de Globs. Pao se ofreció a acompañarla.
Caminaron un rato por el parque, atravesaron la plaza y llegaron al centro.
-¿Qué es eso que mueve el viento ?, preguntó la prima.
-Las grandes telas.
-Están escritas, advirtió la prima.
Se acercaron. Eran las noticias del día, con texto y fotografías.
-¡El Super Especialista !, gritó la prima.
-Sí, respondió Pao, es quien más sabe del Juego de Globs y el responsable de su buen funcionamiento.
-¿De su buen queeeé ?. Funciona bastante mal...
-El explica muy bien porqué funciona mal, respondió Pao, y los dos se rieron.
La prima le contó que el Super había intentado darle unas explicaciones y ella se había enredado con el hilo.
-¿Con el hilo de qué ?, preguntó Pao.
-Con el hilo, con el hilo, con el hilo...¡con el hilo del cuento !¡lo encontré ! ¿Así que éstas son las grandes telas ? Veamos que dicen las noticias.
“PREMIUM Y COMPAÑÍA EN EL PAIS DE GLOBS”.
Les llamó la atención el titular. Y comenzaron a leer.
Mientras tanto, junto a la cabaña, Francisco, Lunulia, Pequeño Mago y Primero preparaban el almuerzo. Francisco había regado el jardín del doctor y la esposa de este le había ofrecido pancitos caseros. Con unas cuantas verduras conseguidas por ahí se disponían a cocinar una gran sopa. La pusieron sobre el fuego y se sentaron a conversar.
-Sería muchísimo mejor para ti que plantaras tú mismo las verduras, sugirió Primero.
¡No tendrías que salir a buscar ingredientes para la sopa y a ver si encuentras o si no encuentras !
-Para eso necesito un lugar de la tierra de Globs donde pueda sembrar, cuidar y cosechar.
Y no lo tengo.
-Todas las tierras de Globs están llenas de plantaciones, afirmó Primero, suponiendo que era esa la razón y apurando el cuento.
-No, hay muchísimas tierras buenas para plantar que están vacías.
-¡En esas mismas !, continuó el primo, llevamos las semillas, las...
-No se puede pasar, interrumpìó Luna.
-Oye Primero : qué no haya nada plantado no significa que Francisco pueda pasar así nomás como Perico por su casa con sus semillas, dijo Pequeño Mago.
-No puedes pasar a las tierras si antes no las consigues a cambio de suficientes globs, continuó Luna.
-¿Y porqué están vacías ?, preguntó el primo.
-No sé, respondió Francisco.
-¿Y para qué las quieren los que las han conseguido ?
-Digamos que las quieren, las consiguen, y las juntan.
-Eso lo vieron en una película, dijo Primero con la ceja levantada.
-¿En una película ?, preguntó Francisco asombrado.
-Sí. Es muy parecido a lo de estudiante de cine producciones presenta : “la gran fiesta”.
-No te comprendo bien, dijo Francisco. Además esa película fue vista por muy poquita gente por ser de tan pequeño tamaño.
-Yo sí la vi puesto que soy un tan Pequeño Mago. ¡Baldrabaldrón, el primo tiene razón !
-¿De qué hablan ?, preguntó Francisco que aun no comprendía.
-De que no importa si la vieron o no la vieron. Lo que dice Primero es que es casi lo mismo que ocurría en ‘la gran fiesta’. ¿Recuerdas bien la película ?
-Sí, respondió Francisco.
-¡Baldrabaldrás ! Entonces imagínatela.
-¡Ya la tengo, Maguito !
-Muy bien, muy bien, ahora deja todo como está : las personas, la mesa, las sillas, la bolsa de globs, etcétera, y en el lugar de la torta coloca una fuente con las tierras de Globs.
-¡Listo !, dijo Francisco.
-¡Listo !, dijo Primero. ¡Tiene razón el Mago ! Sólo que en lugar de juntar porciones de torta que nunca van a comer y guardarlas en bandejas debajo de las sillas, juntan porciones de tierra que nunca van a plantar.
-Cierto, agregó Francisco.
-¡Qué no sean tan egoístas !, exclamó Luna mientras jugaba con Los Manchados.
-Eso dijo la prima, recordó Primero.
-Tiene razón la prima, dijo Luna.
-Y también Luna, dijo Francisco.
-¡Y también tú !, dijo Luna a Francisco.
Andando ladró.
-Sonlasreglasdeljuego, sonlasreglasdeljuego, lo que se puede hacer se hace, dijo Pequeño Mago rapidito, visiblemente molesto.
Luna se levantó. Fue a ver como andaba la sopa y comenzó a buscar algo entre los árboles. ¡Esto puede servir !
Volvió con un trozo de madera como una tabla que alguien había tirado en el parque. Buscó en su mochila una herramienta puntiaguda de esas que utilizaba para arreglar carteras, zapatos, y todas esas cosas.
-¿Cómo va el cuento ?, preguntó a Primero.
-Va muy bien, Luna, gracias.
-“Decimos que cada cual podrá querer lo que quiera...” comenzó a escribir Luna con la herramienta sobre la tabla de madera.
-“Pero nosotros, habitantes encariñados con el presente...”
-“...y el futuro...”, agregó Pequeño Mago.
-“...de Globs...”, dijo Francisco.
Primero anotaba asombrado ante esta vuelta inesperada del cuento.
-“...consideramos que lo mejor será que no se permita más...”
-“...la juntadera...”, agregó Pequeño Mago rapidito.
-¿Perdón ?, preguntó el primo.
-Bueno, la costumbre esa de coleccionar... Pero deja juntadera.
-¡Esa manía de coleccionar !, dijo Primero mientras anotaba lo de juntadera.
-“... para no seguir atentando contra la vida buena de todos los habitantes de Globs...”, dijo Francisco, suavecito como siempre.
-Escribe TODO, con mayúsculas y sin s al final, solicitó Pequeño Mago, volviendo a espantar al viento.
-Pero..., dijo Francisco
-Sí, sí, ya sé que no está bien escrito, pero léelo y verás que igual se entiende, insistió Pequeño Mago. Y continuó : -pues claro, qué gracia tiene que unos anden con tanta juntadera mientras que a la mayoría de los habitantes de Globs...
-Todo se les complica, pensó Primero en voz alta considerando lo que la prima decía a cada rato (en Globs todo se complica).
-¡Hecho !, dijo Luna.
-¡...echo !, terminó de anotar Primero. Hecho ¿qué cosa ?
-Una regla distinta y nueva para el cuento ¿la dejas Primero ?, preguntó Lunulia al costado de la sopa.
-Ya está escrita, dijo Primero sonriendo. Aunque un poco desordenada. La volveré a escribir.
“Decimos que cada cual podrá querer lo que quiera...
Pero nosotros,
habitantes encariñados con el presente, y el futuro, de Globs,
consideramos que lo mejor será :
que no se permita más la juntadera,
de modo de no seguir atentando contra la vida buena de
TODO
los habitantes de Globs...”
Francisco sonrió y fue a ver como andaban los animales. Luna y Pequeño Mago trajeron los recipientes llenos de “sopita caliente de martes en el bosque” (así le llamaron a la receta), y Primero dejó la escritura. Al rato estaba todo listo para el almuerzo.
No esperaron a Pao y a la prima porque se les ocurrió que iban a demorar.
Puesto que no encontraron mejor lugar dónde apoyar los platos, dieron vuelta la tabla sobre la tierra y les quedó como mesa.
Etiquetas:
Sopita caliente de martes en el bosque.
Capítulo catorce
14
“PREMIUM Y COMPAÑÍA EN EL PAIS DE GLOBS”
“¡Bien inventado ! decimos. Los invitamos a recibir est Premium chocando las super copas. A pesar de que fue sólo una película, ha sido la mejor que se podía haber hecho para mostrar el juego. Esto no es lo que veíamos antes en el las películas acerca del Gran Salón. Ahora, la maravilla de Globs se ha extendido por todos lados. En todo el país de Globs disfrutamos de diez bolsas plenas de globs y de permisos. Esto no es un chiste. Uno por uno pueden irse repartiendo la noticia. Es el triunfo de una compañía cinematográfica que hoy recibe este primer premium para honor y satisfacción de este, nuestro lugar con sus cien personas. ¡Bueniiísimo ! ¡Aplaudamos el primer premium !”
El texto continuaba. La prima no leyó más.
-Esto es, esto es, esto es...¡una parte del capítulo diez !
-¡Eeeeeso escribió Primero ?, preguntó Pao, ¿de dónde lo sacó ?
-¡No, clarito que no ! ¡No tiene nada que ver ! Están cambiadas unas cuantas palabras y el sentido de lo que escribimos, dijo la prima buscando un lugar donde sentarse. No lo encontró. Comenzó a girar y girar, tan rápido que parecía una tormenta de viento. Pao se asustó un poco.
-Prima, no te pongas así...
La prima seguía girando.
-Prima, no te pongas así, insistía Pao cariñosamente.
La prima seguía girando, girando, girando.
Pao se estaba poniendo nervioso. Se paró delante de la prima y ¡tac ! le detuvo el giro.
Ella quedó abrazada a Pao y comenzó a llorar. Al ratito estaban los dos de lo más repuestos, la prima de los giros, y él, del susto que se había pegado.
-Gracias Pao, dijo la prima.
-Por nada, prima. Vamos al Almacén de Noticias a ver si encontramos una explicación.
GRAN ALMACEN DE NOTICIAS se podía leer en el cartel sobre los grandes portones de un enorme edificio lleno de ventanitas. Entraron. Se les acercó un empleado.
-¿Qué desean, jovencitos ?
-Nos ha pedido la maestra un informe acerca del proceso mediante el cual se obtienen almacenan y distribuyen las noticias, explicó Pao, expresándose con la máxima seriedad posible.
-Bueno, muy bien, pueden pasar. Lo mejor será que hablen con el Encargado general del Almacén. Deben tomar por ese corredor y seguir hasta el fondo. Luego de atravesar la primera terraza baja verán una puerta metálica que es la entrada al depósito. Allí tocan el timbre.
-Muchas gracias, dijo Pao. Y allá fueron.
¡Riiiin !, sonó el timbre.
-¿Sí ?, preguntó alguien desde el otro lado de la puerta metálica.
-¿Usted es el Encargado general ?
-El mismísimo.
-Hemos venido a hacerle unas preguntas acerca del Almacén. Es para un trabajo que pidió la maestra.
-Adelante, ¿en qué puedo ayudarles ?
-¿Y esto qué es ? dijo la prima asombrada con lo que veía.
-Esto es el depósito, señorita, pueden recorrerlo siempre y cuando no toquen nada.
-Por supuesto que no, respondió Pao.
-Si me necesitan estaré en mi despacho, junto a la puerta de entrada.
El depósito era un lugar muy grande, lleno de cubos, triángulos, pirámides, casi círculos de base plana, semicírculos comunes, rectángulos, rombos acostados y todo tipo de figuras geométricas de los más variados colores, algunas escritas y otras sin escribir.
-¿Y esto qué es ?, dijo la prima por segunda vez.
-Son las noticias en bruto. Están clasificadas según los temas, el lugar de Globs de donde provienen y según otros criterios. Por eso la diferencia de formas, colores y tamaños.
Por ejemplo : las grises son deportivas, las cuadradas son de la zona de Globs próxima al parque, las grandes son las que ocuparán un espacio mayor...
-¡Y sí !, interrumpió la prima, son más grandes y ocuparán un espacio mayor...
Se rieron.
-Son las destinadas a mayor espacio autorizado, continuó Pao.
-¿Espaaacio autorizado ?, preguntó la prima.
-El espacio que finalmente ocuparán en las telas.
-Aaay, en Globs todo se complica, suspiró la prima.
-Es que el espacio que podrán ocupar en las telas también está...
La prima no entendía . Pao tenía mucha paciencia para explicar pero se dio cuenta de que no era necesario dar todos los detalles.
-El espacio de las noticias es el que tendrán en las telas y está relacionado de cierta manera con el respaldo que tengan de permisos para usar globs. Si alguien quiere colgar una tela con noticias pero no obtiene permisos para usar globs no va a conseguir ni un pedacito de tela para ir empezando.
-Sí, sí, y me imagino que si las noticias son muy chiquitas no se almacenan porque se perderían, dijo la prima recordando el video pequeño como un caramelo que Francisco guardaba en su bolsillo.
-Eso mismo, respondió Pao, tranquilo con que la prima le fuera siguiendo el hilo. Se usa el mismo criterio para todo lo que es noticia o se edita en Globs. ¿Ya lo sabías?
-Más o menos. Lo de los tamaños diferentes lo había visto. De los permisos no tenía idea. ¿Y las telas como se procesan ?
-Se estampan todas las madrugadas sobre las figuras geométricas escritas y luego se distribuyen por todo Globs.
-Busquemos la figura que se corresponde con lo que leímos, dijo la prima. Y preguntemos quien la trajo.
Comenzaron a revisar el depósito, atendiendo especialmente ciertas formas y colores y descartando otros. No encontraron nada. Se fueron al despacho donde estaba el Encargado.
-Ya tenemos casi todo el material, dijo Pao. Nos falta ubicar una noticia y no sabemos como buscarla.
-¿Una noticia para mañana ?, preguntó el encargado sonriendo.
-No, una de hoy, dijo la prima, haciendo tacatác con el zapato.
-La tienen que buscar en las telas que cuelgan por todo Globs.
-Ahí la vimos, dijo Pao.
-Así racimos, se apuró a decir la prima tratando de despistar. “Así racimos” se titula la noticia. Es acerca de una exposición de uvas.
-Si la vieron en las telas, aquí no está. Luego que se estampa la tela se borra lo escrito de la figura.
-¡Ay !, exclamó la prima.
-No empieces a girar, le dijo Pao al oído.
La prima se rió. -¿De qué modo podemos enterarnos de como vino a parar aquí “Así racimos” ?, preguntó al Encargado.
-Bueno, bueno, yo estoy muy cansado y no entiendo que es lo que están buscando. Si ya tienen el material pueden retirarse. Si necesitan más información deben dirigirse al Gran Salón.
-¿Al Gran Salón ?, dijo la prima.
-Sí jovencita, donde está el Altísimo.
-El Altísimo Encargado de administrar noticias y similares, agregó Pao. -Muchas gracias, dijo, e invitó a la prima a retirarse del depósito.
“PREMIUM Y COMPAÑÍA EN EL PAIS DE GLOBS”
“¡Bien inventado ! decimos. Los invitamos a recibir est Premium chocando las super copas. A pesar de que fue sólo una película, ha sido la mejor que se podía haber hecho para mostrar el juego. Esto no es lo que veíamos antes en el las películas acerca del Gran Salón. Ahora, la maravilla de Globs se ha extendido por todos lados. En todo el país de Globs disfrutamos de diez bolsas plenas de globs y de permisos. Esto no es un chiste. Uno por uno pueden irse repartiendo la noticia. Es el triunfo de una compañía cinematográfica que hoy recibe este primer premium para honor y satisfacción de este, nuestro lugar con sus cien personas. ¡Bueniiísimo ! ¡Aplaudamos el primer premium !”
El texto continuaba. La prima no leyó más.
-Esto es, esto es, esto es...¡una parte del capítulo diez !
-¡Eeeeeso escribió Primero ?, preguntó Pao, ¿de dónde lo sacó ?
-¡No, clarito que no ! ¡No tiene nada que ver ! Están cambiadas unas cuantas palabras y el sentido de lo que escribimos, dijo la prima buscando un lugar donde sentarse. No lo encontró. Comenzó a girar y girar, tan rápido que parecía una tormenta de viento. Pao se asustó un poco.
-Prima, no te pongas así...
La prima seguía girando.
-Prima, no te pongas así, insistía Pao cariñosamente.
La prima seguía girando, girando, girando.
Pao se estaba poniendo nervioso. Se paró delante de la prima y ¡tac ! le detuvo el giro.
Ella quedó abrazada a Pao y comenzó a llorar. Al ratito estaban los dos de lo más repuestos, la prima de los giros, y él, del susto que se había pegado.
-Gracias Pao, dijo la prima.
-Por nada, prima. Vamos al Almacén de Noticias a ver si encontramos una explicación.
GRAN ALMACEN DE NOTICIAS se podía leer en el cartel sobre los grandes portones de un enorme edificio lleno de ventanitas. Entraron. Se les acercó un empleado.
-¿Qué desean, jovencitos ?
-Nos ha pedido la maestra un informe acerca del proceso mediante el cual se obtienen almacenan y distribuyen las noticias, explicó Pao, expresándose con la máxima seriedad posible.
-Bueno, muy bien, pueden pasar. Lo mejor será que hablen con el Encargado general del Almacén. Deben tomar por ese corredor y seguir hasta el fondo. Luego de atravesar la primera terraza baja verán una puerta metálica que es la entrada al depósito. Allí tocan el timbre.
-Muchas gracias, dijo Pao. Y allá fueron.
¡Riiiin !, sonó el timbre.
-¿Sí ?, preguntó alguien desde el otro lado de la puerta metálica.
-¿Usted es el Encargado general ?
-El mismísimo.
-Hemos venido a hacerle unas preguntas acerca del Almacén. Es para un trabajo que pidió la maestra.
-Adelante, ¿en qué puedo ayudarles ?
-¿Y esto qué es ? dijo la prima asombrada con lo que veía.
-Esto es el depósito, señorita, pueden recorrerlo siempre y cuando no toquen nada.
-Por supuesto que no, respondió Pao.
-Si me necesitan estaré en mi despacho, junto a la puerta de entrada.
El depósito era un lugar muy grande, lleno de cubos, triángulos, pirámides, casi círculos de base plana, semicírculos comunes, rectángulos, rombos acostados y todo tipo de figuras geométricas de los más variados colores, algunas escritas y otras sin escribir.
-¿Y esto qué es ?, dijo la prima por segunda vez.
-Son las noticias en bruto. Están clasificadas según los temas, el lugar de Globs de donde provienen y según otros criterios. Por eso la diferencia de formas, colores y tamaños.
Por ejemplo : las grises son deportivas, las cuadradas son de la zona de Globs próxima al parque, las grandes son las que ocuparán un espacio mayor...
-¡Y sí !, interrumpió la prima, son más grandes y ocuparán un espacio mayor...
Se rieron.
-Son las destinadas a mayor espacio autorizado, continuó Pao.
-¿Espaaacio autorizado ?, preguntó la prima.
-El espacio que finalmente ocuparán en las telas.
-Aaay, en Globs todo se complica, suspiró la prima.
-Es que el espacio que podrán ocupar en las telas también está...
La prima no entendía . Pao tenía mucha paciencia para explicar pero se dio cuenta de que no era necesario dar todos los detalles.
-El espacio de las noticias es el que tendrán en las telas y está relacionado de cierta manera con el respaldo que tengan de permisos para usar globs. Si alguien quiere colgar una tela con noticias pero no obtiene permisos para usar globs no va a conseguir ni un pedacito de tela para ir empezando.
-Sí, sí, y me imagino que si las noticias son muy chiquitas no se almacenan porque se perderían, dijo la prima recordando el video pequeño como un caramelo que Francisco guardaba en su bolsillo.
-Eso mismo, respondió Pao, tranquilo con que la prima le fuera siguiendo el hilo. Se usa el mismo criterio para todo lo que es noticia o se edita en Globs. ¿Ya lo sabías?
-Más o menos. Lo de los tamaños diferentes lo había visto. De los permisos no tenía idea. ¿Y las telas como se procesan ?
-Se estampan todas las madrugadas sobre las figuras geométricas escritas y luego se distribuyen por todo Globs.
-Busquemos la figura que se corresponde con lo que leímos, dijo la prima. Y preguntemos quien la trajo.
Comenzaron a revisar el depósito, atendiendo especialmente ciertas formas y colores y descartando otros. No encontraron nada. Se fueron al despacho donde estaba el Encargado.
-Ya tenemos casi todo el material, dijo Pao. Nos falta ubicar una noticia y no sabemos como buscarla.
-¿Una noticia para mañana ?, preguntó el encargado sonriendo.
-No, una de hoy, dijo la prima, haciendo tacatác con el zapato.
-La tienen que buscar en las telas que cuelgan por todo Globs.
-Ahí la vimos, dijo Pao.
-Así racimos, se apuró a decir la prima tratando de despistar. “Así racimos” se titula la noticia. Es acerca de una exposición de uvas.
-Si la vieron en las telas, aquí no está. Luego que se estampa la tela se borra lo escrito de la figura.
-¡Ay !, exclamó la prima.
-No empieces a girar, le dijo Pao al oído.
La prima se rió. -¿De qué modo podemos enterarnos de como vino a parar aquí “Así racimos” ?, preguntó al Encargado.
-Bueno, bueno, yo estoy muy cansado y no entiendo que es lo que están buscando. Si ya tienen el material pueden retirarse. Si necesitan más información deben dirigirse al Gran Salón.
-¿Al Gran Salón ?, dijo la prima.
-Sí jovencita, donde está el Altísimo.
-El Altísimo Encargado de administrar noticias y similares, agregó Pao. -Muchas gracias, dijo, e invitó a la prima a retirarse del depósito.
Capítulo quince
15
Salieron del depósito con intenciones de caminar otra vez en dirección al centro, hacia el Gran Salón.
-¡Espera Pao !, mejor no ir, dijo la prima.
-¿Te has cansado de caminar ?
-No, no es eso, quiero ir al parque, necesito contarle todo a Primero.
Y allá se fueron.
-Primero dime por favor que es lo que has hecho con el cuento porque yo no vi que hicieras nada pero resulta que algo habrás hecho puesto que hemos visto en las grandes telas una parte del capítulo diez y no quise seguir leyendo porque vi varias palabras cambiadas y también vi que no conservaba el sentido y parece que las telas se escriben en el depósito y que al depósito
-Espera prima, interrumpió Primero que no entendía nada, viendo que la prima no paraba de hablar. ¿Qué ocurre con el cuento ?
Pao le contó lo que habían encontrado y el recorrido que habían hecho por el depósito.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada. Cuando escribo, escribo, luego acomodo las hojas y las guardo en la mochila
-Y luego las sacas y...
-Y luego nada. Saco hojas en blanco, las escribo y las guardo.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez, insistió la prima alcanzando la mochila a Primero.
El primo sacó las hojas. Comenzó sacando las hojas en blanco, luego las que había escrito recientemente, luego algunas manchadas de azul...
-¿Qué son estas manchas ? preguntaba Primero y seguía sacando hojas.
Aparecieron otras con manchas más grandes y con algunas letras menos. Y otras, con manchas más grandes todavía.
-¿Qué es esto ?, repetía Primero mientras seguía sacando hojas.
-¡Baldrab... ! ¡Es una mancha !, exclamó Pequeño Mago. Una mancha que se extiende por todas las hojas y va quitando las letras.
-¿Pero cómo puede ser si... ?
-Pues porque alguien lo ha manchado. ¡Claro !
Manchado claro vino enseguida.
-No es nada personal, puedes quedarte tranquilo, le dijo Pequeño Mago al cachorrito.
-Y mira el margen de esas hojas..., han aparecido agujeritos, observó Primero.
-Son hojas con agujeros, dijo la prima, prontas para ser archivadas en carpetas.
-Jamás pensamos en archivar el cuento y por lo tanto no utilizamos ese tipo de hojas. Eso lo puedo asegurar, dijo el primo.
-Y yo puedo asegurar que nos cambiaron las hojas, dijo la prima, tapándose los ojos.
-¡Letras !, exclamó Pao. ¡El suelo está lleno de letras !
Se pusieron a buscar. Encontraron muchas vocales, unas cuantas consonantes, y las fueron agrupando. Pao encontraba las letras y se las daba a Primero que las iba colocando sobre una piedra chata.
La prima se fue. No quería ver lo que había quedado del cuento. Luna la acompañó y la condujo adonde estaba la tabla.
-Mira, le dijo.
-¡Qué bonita madera y qué bonita letra !, dijo la prima haciendo un esfuerzo por distraerse.
-Lee, dijo Luna.
La prima leyó. -¡Bueniiísimo !, exclamó. Esto le estaba haciendo falta al cuento. Aunque ahora...
-Ahora..., dijo Luna. Ahora, si alguien tiene las hojas, no tendrá el original de la regla nueva.
Y si vienen a buscarlo..., continuó mientras levantaba un leño pesadísimo. Y si vienen a buscarlo...
-¿Qué haces ?, interrumpió la prima.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac ! Luna le daba a la tabla con toda su fuerza.
La prima tomó otro leño y comenzó a golpear del otro lado.
Llegó Pequeño Mago con un leño más pesado todavía.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac !, comenzó a darle a la tabla mezclando cada tanto algún ¡Baldrabaldrás !
-¿Qué están haciendo ?, preguntó Francisco, que se había acercado intrigado por el bochinche.
-Hundiendo la tabla en la tierra, dijo Luna.
-Para que si la buscan no puedan encontrarla, agregó la prima.
-Y haciendo llover, dijo Pequeño Mago acercando tres jarros con agua de lluvia de la que guardaban detrás de la cabaña.
Francisco se retiró sin preguntar nada más.
Mientras tanto, Pao seguía encontrando letras y dándoselas a Primero que las ordenaba sobre la piedra chata, recuperando palabras del cuento. De pronto se cansó y comenzó a cambiar el orden de las letras.
Pequeño Mago, Luna, y la prima, arrojaron unos cuantos puñados de tierra en el lugar donde habían hundido la tabla para cubrirla completamente. Comenzaron a danzar, entonando palabras sin sentido. Bailaban alrededor de la tabla escondida lanzando desde los jarros agua de lluvia.
¡Baldrabaldrás !, gritaba Pequeño Mago.
¡Renacerás !, gritaba Luna.
¡Acavendrás !, gritó la prima.
Primero se reía a carcajadas.
-¡Mira !, le gritó a Pao. ¡mAl sitio ! ¡mAl sitio !
-¿Qué dices ?, preguntó Pao con las manos llenas de letras.
-¡Donde decía ‘Altísimo’ ahora dice ‘mAl sitio’ ! Juajuajuajuajuá, se reía Primero a viva voz, encantado con el juego que había descubierto. ¡Y en lugar de ‘Primero’ dice ‘mi Perro’ ! ¡Juajuajuajuajuá !
-Pero así no reescribirás el cuento, Primero, susurraba Pao sin poder creer lo que veía.
-Juá Juajuá Juajuá, continuaba el primo y seguía jugando con las letras.
-¡Así no, Primero ! dijo Francisco, que se había acercado nuevamente. Si quieres a tu perro lo llamas por su nombre : Andando, por ejemplo. Andando vino enseguida. Y mal sitio es la intemperie cuando está fresco. Como ahora, agregó, pasándole un saquito.
¡Baldrabaldrás !¡Renacerás !¡Acavendrás !, cantaban y danzaban haciendo llover, Maguito, la prima y Luna.
Se supone que debían estar tristes pero más bien parecía que se habían vuelto locos.
Pao se acercó. -¿Qué hacen ?
-Escondimos la tabla, dijo Luna.
-Plantamos un nuevo árbol, dijo Pequeño Mago.
-Y ahora lo estamos regando, agregó la prima sin parar de bailar.
-¡Pronto !, dijo Luna
-¡Listo !, dijo Pequeño Mago
-¡Y ya !, agregó la prima sin parar de bailar.
-No, no, no, lo que se dice ya ya ya, ahorita mismo, no, pero dale tiempo y verás como florece, pensó Maguito en voz alta.
- “Qué todo tiene un tiempo bajo el sol”, dijo Luna.
-¡Claro !, dijo la prima, esa me la enseñó a cantar mi hermana : “porque habrá siempre tiempo de plantar y de cosechar”
-Nos vamos, dijo Pao.
-¿Adooónde ?, gritó Primero.
-No sé, pero nos vamos. Adonde sea. A recuperar el cuento.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, gritó Cazador desde lejos.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, le contestaron todos menos Pao que juntaba las mochilas.
El gato se acercó, otra vez todo despeinado y con un cartelito colgando del bigote :
¡LEA HOMBRE !
-¡Primero !, exclamó la prima, ¡te han traído algo !
El primo abrió el papel : “si encuentran lo que buscan, verán que no es tan grande, verán que no es tan blando, y que no está en la cintura”
-Otro acertijo, dijo la prima.
-Eso parece, dijo Primero mirando al gato.
-¡Nos vamos !, dijo la prima. ¡Ahora sí que nos vamos !
-¿Y qué es lo que pasa ahora ?, preguntó Pao.
-Pasa que cuando Cazador trajo el primer acertijo nos fuimos a dormir y a la mañana siguiente me fui contigo rumbo al centro.
-¿Y eso qué tiene qué ver ?, preguntó Pao.
-¿No querías que nos fuéramos, Pao ?, preguntó a su vez la prima.
-Sí, respondió Pao.
-¿Y no era que no sabías adónde ?
-No sabía, dijo Pao.
-Pues no dormimos y nos vamos directamente al centro.
-¿Y eso de dónde lo sacas ?, preguntó Pao asombrado.
-No sabe. ¡Pero nos vamos al centro !, dijo Primero que sabía por experiencia propia lo bien que se entendía la prima con los gatos.
-¡Un momento !, dijo Francisco que no se había acercado antes por no interrumpir el jolgorio. Antes se pasan esto.
-¿Agua bendita ?, preguntó Pequeño Mago mirando el botellón que traía Francisco.
-Para el caso es lo mismo, respondió Francisco sonriendo. Leche con miel.
Uno por uno bebieron del botellón, agradecieron a Francisco la bebida y a Cazador el acertijo. Emprendieron la marcha. Iban uno detrás del otro atravesando el parque entre las sombras. Ya era de noche. Luna iba adelante porque llevaba linterna. Un lobo se acercó y los guió por los mejores caminos hasta que salieron del bosque.
Salieron del depósito con intenciones de caminar otra vez en dirección al centro, hacia el Gran Salón.
-¡Espera Pao !, mejor no ir, dijo la prima.
-¿Te has cansado de caminar ?
-No, no es eso, quiero ir al parque, necesito contarle todo a Primero.
Y allá se fueron.
-Primero dime por favor que es lo que has hecho con el cuento porque yo no vi que hicieras nada pero resulta que algo habrás hecho puesto que hemos visto en las grandes telas una parte del capítulo diez y no quise seguir leyendo porque vi varias palabras cambiadas y también vi que no conservaba el sentido y parece que las telas se escriben en el depósito y que al depósito
-Espera prima, interrumpió Primero que no entendía nada, viendo que la prima no paraba de hablar. ¿Qué ocurre con el cuento ?
Pao le contó lo que habían encontrado y el recorrido que habían hecho por el depósito.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada. Cuando escribo, escribo, luego acomodo las hojas y las guardo en la mochila
-Y luego las sacas y...
-Y luego nada. Saco hojas en blanco, las escribo y las guardo.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez, insistió la prima alcanzando la mochila a Primero.
El primo sacó las hojas. Comenzó sacando las hojas en blanco, luego las que había escrito recientemente, luego algunas manchadas de azul...
-¿Qué son estas manchas ? preguntaba Primero y seguía sacando hojas.
Aparecieron otras con manchas más grandes y con algunas letras menos. Y otras, con manchas más grandes todavía.
-¿Qué es esto ?, repetía Primero mientras seguía sacando hojas.
-¡Baldrab... ! ¡Es una mancha !, exclamó Pequeño Mago. Una mancha que se extiende por todas las hojas y va quitando las letras.
-¿Pero cómo puede ser si... ?
-Pues porque alguien lo ha manchado. ¡Claro !
Manchado claro vino enseguida.
-No es nada personal, puedes quedarte tranquilo, le dijo Pequeño Mago al cachorrito.
-Y mira el margen de esas hojas..., han aparecido agujeritos, observó Primero.
-Son hojas con agujeros, dijo la prima, prontas para ser archivadas en carpetas.
-Jamás pensamos en archivar el cuento y por lo tanto no utilizamos ese tipo de hojas. Eso lo puedo asegurar, dijo el primo.
-Y yo puedo asegurar que nos cambiaron las hojas, dijo la prima, tapándose los ojos.
-¡Letras !, exclamó Pao. ¡El suelo está lleno de letras !
Se pusieron a buscar. Encontraron muchas vocales, unas cuantas consonantes, y las fueron agrupando. Pao encontraba las letras y se las daba a Primero que las iba colocando sobre una piedra chata.
La prima se fue. No quería ver lo que había quedado del cuento. Luna la acompañó y la condujo adonde estaba la tabla.
-Mira, le dijo.
-¡Qué bonita madera y qué bonita letra !, dijo la prima haciendo un esfuerzo por distraerse.
-Lee, dijo Luna.
La prima leyó. -¡Bueniiísimo !, exclamó. Esto le estaba haciendo falta al cuento. Aunque ahora...
-Ahora..., dijo Luna. Ahora, si alguien tiene las hojas, no tendrá el original de la regla nueva.
Y si vienen a buscarlo..., continuó mientras levantaba un leño pesadísimo. Y si vienen a buscarlo...
-¿Qué haces ?, interrumpió la prima.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac ! Luna le daba a la tabla con toda su fuerza.
La prima tomó otro leño y comenzó a golpear del otro lado.
Llegó Pequeño Mago con un leño más pesado todavía.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac !, comenzó a darle a la tabla mezclando cada tanto algún ¡Baldrabaldrás !
-¿Qué están haciendo ?, preguntó Francisco, que se había acercado intrigado por el bochinche.
-Hundiendo la tabla en la tierra, dijo Luna.
-Para que si la buscan no puedan encontrarla, agregó la prima.
-Y haciendo llover, dijo Pequeño Mago acercando tres jarros con agua de lluvia de la que guardaban detrás de la cabaña.
Francisco se retiró sin preguntar nada más.
Mientras tanto, Pao seguía encontrando letras y dándoselas a Primero que las ordenaba sobre la piedra chata, recuperando palabras del cuento. De pronto se cansó y comenzó a cambiar el orden de las letras.
Pequeño Mago, Luna, y la prima, arrojaron unos cuantos puñados de tierra en el lugar donde habían hundido la tabla para cubrirla completamente. Comenzaron a danzar, entonando palabras sin sentido. Bailaban alrededor de la tabla escondida lanzando desde los jarros agua de lluvia.
¡Baldrabaldrás !, gritaba Pequeño Mago.
¡Renacerás !, gritaba Luna.
¡Acavendrás !, gritó la prima.
Primero se reía a carcajadas.
-¡Mira !, le gritó a Pao. ¡mAl sitio ! ¡mAl sitio !
-¿Qué dices ?, preguntó Pao con las manos llenas de letras.
-¡Donde decía ‘Altísimo’ ahora dice ‘mAl sitio’ ! Juajuajuajuajuá, se reía Primero a viva voz, encantado con el juego que había descubierto. ¡Y en lugar de ‘Primero’ dice ‘mi Perro’ ! ¡Juajuajuajuajuá !
-Pero así no reescribirás el cuento, Primero, susurraba Pao sin poder creer lo que veía.
-Juá Juajuá Juajuá, continuaba el primo y seguía jugando con las letras.
-¡Así no, Primero ! dijo Francisco, que se había acercado nuevamente. Si quieres a tu perro lo llamas por su nombre : Andando, por ejemplo. Andando vino enseguida. Y mal sitio es la intemperie cuando está fresco. Como ahora, agregó, pasándole un saquito.
¡Baldrabaldrás !¡Renacerás !¡Acavendrás !, cantaban y danzaban haciendo llover, Maguito, la prima y Luna.
Se supone que debían estar tristes pero más bien parecía que se habían vuelto locos.
Pao se acercó. -¿Qué hacen ?
-Escondimos la tabla, dijo Luna.
-Plantamos un nuevo árbol, dijo Pequeño Mago.
-Y ahora lo estamos regando, agregó la prima sin parar de bailar.
-¡Pronto !, dijo Luna
-¡Listo !, dijo Pequeño Mago
-¡Y ya !, agregó la prima sin parar de bailar.
-No, no, no, lo que se dice ya ya ya, ahorita mismo, no, pero dale tiempo y verás como florece, pensó Maguito en voz alta.
- “Qué todo tiene un tiempo bajo el sol”, dijo Luna.
-¡Claro !, dijo la prima, esa me la enseñó a cantar mi hermana : “porque habrá siempre tiempo de plantar y de cosechar”
-Nos vamos, dijo Pao.
-¿Adooónde ?, gritó Primero.
-No sé, pero nos vamos. Adonde sea. A recuperar el cuento.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, gritó Cazador desde lejos.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, le contestaron todos menos Pao que juntaba las mochilas.
El gato se acercó, otra vez todo despeinado y con un cartelito colgando del bigote :
¡LEA HOMBRE !
-¡Primero !, exclamó la prima, ¡te han traído algo !
El primo abrió el papel : “si encuentran lo que buscan, verán que no es tan grande, verán que no es tan blando, y que no está en la cintura”
-Otro acertijo, dijo la prima.
-Eso parece, dijo Primero mirando al gato.
-¡Nos vamos !, dijo la prima. ¡Ahora sí que nos vamos !
-¿Y qué es lo que pasa ahora ?, preguntó Pao.
-Pasa que cuando Cazador trajo el primer acertijo nos fuimos a dormir y a la mañana siguiente me fui contigo rumbo al centro.
-¿Y eso qué tiene qué ver ?, preguntó Pao.
-¿No querías que nos fuéramos, Pao ?, preguntó a su vez la prima.
-Sí, respondió Pao.
-¿Y no era que no sabías adónde ?
-No sabía, dijo Pao.
-Pues no dormimos y nos vamos directamente al centro.
-¿Y eso de dónde lo sacas ?, preguntó Pao asombrado.
-No sabe. ¡Pero nos vamos al centro !, dijo Primero que sabía por experiencia propia lo bien que se entendía la prima con los gatos.
-¡Un momento !, dijo Francisco que no se había acercado antes por no interrumpir el jolgorio. Antes se pasan esto.
-¿Agua bendita ?, preguntó Pequeño Mago mirando el botellón que traía Francisco.
-Para el caso es lo mismo, respondió Francisco sonriendo. Leche con miel.
Uno por uno bebieron del botellón, agradecieron a Francisco la bebida y a Cazador el acertijo. Emprendieron la marcha. Iban uno detrás del otro atravesando el parque entre las sombras. Ya era de noche. Luna iba adelante porque llevaba linterna. Un lobo se acercó y los guió por los mejores caminos hasta que salieron del bosque.
Capítulo dieciséis
16
Caminando hacia el centro por las calles de Globs, la prima y Pao propusieron dirigirse al Gran Salón para hablar con el Altísimo. Y allá se fueron.
-‘Adelante Adelante Bienvenidos’ ‘Vengan ya a disfrutar de La Gran Fiesta de Globs’ ‘No se pierdan las restas superespeciales de esta noche’ ‘Adelante Adelante Bienvenidos’
-Buenas noches Altísimo, parece que agregaron otro tipo de entretenimientos, saludó Primero.
-¿A qué se refiere, jovencito ?
-A las restas. Quizás también sumas y multiplicaciones...
-Jeje, no, no, no, las restas superespeciales se refieren a ciertos objetos que pueden obtenerse esta noche por menores cantidades de globs. Por ejemplo, heladeras con muchísimas puertas, que son la última moda, y pueden conseguirse esta noche por el mismo número de globs que una vieja heladera común de una o dos puertas.
-¿Y en qué se diferencia una heladera de muchísimas puertas de una común ?
-En el número de puertas, por supuesto, jeje, jeje. Si usted quiere sacar, por ejemplo, el dulce, puede dirigirse directamente a la puerta detrás de la cual ha guardado el dulce. Lo mismo con la manteca.
-Qué bien, qué bien, qué interesante, dijo Primero, con más ganas de irse que de quedarse.
-También disponemos de sombreros para el sol de última moda, con farol.
-Para alumbrar la noche no será, observó Luna, considerando que eran sombreros para el sol.
-No jovencita, dice usted muy bien. Bueno, ¿qué desean ?
-Ni heladeras ni sombreros, respondió Pao.
-¿Entonces ?
-Nosotros..., dijo la prima.
-Sí, ustedes son los amigos de ese señor que anda siempre entre animales...
-Francisco.
-Sí, ese señor que es tan suavecito...
-Mire señor Altísimo, a usted no tiene porqué importarle con quien anda Francisco y mucho menos si es suavecito o no es suavecito, interrumpió la prima de muy mala manera, harta de soportar que el Altísimo pusiera esa cara horrible cada vez que hablaba de Francisco.
-Jovencita, en primer lugar de ahora en adelante cuando quiera decirme algo me lo dice por escrito, y en segundo lugar hágame el favor...
-Ahora mismo se lo hago. Hasta luego, dijo la prima a sus compañeros, me voy a sentar en un banco de la vereda de enfrente. Y se fue.
Estaba cansada como para ponerse a girar aunque ganas no le faltaban. Andaba triste, pensando en lo que había quedado del cuento : unas letras tiradas en el suelo del parque y algunas hojas manchadas. Por lo menos quedaba la esperanza, pensó, habían plantado una semilla con el original de la regla nueva. Con lo bien que Francisco se entendía con las plantas, seguro crecería el primer hermosísimo árbol original contra la juntadera.
Apoyó la cara sobre las manos y se puso a llorar.
-¿Qué te pasa, nena ?
-¡Miguel ! ¿Qué haces aquí ?, dijo la prima sin darse vuelta para que no le viera los ojos de llorar.
-Salí de la película. ¡Date vuelta ! ¿O vamos a seguir hablando así como si estuviéramos en fila ?
-¿Cómo saliste ?
-Esteee, bueno, no tiene importancia. Digamos que estoy acá.
-Sí, ya veo, dijo la prima, contenta de volver a verlo. Y entonces le contó.
-Nos robaron el cuento.
-¿Qué cuento ?
-Un cuento del país de Globs, un poco de memoria y otro poco inventado que...
-Hagan otro, interrumpió Miguel, mientras hacía un rulito con el pelo de la prima.
-Pero no es lo mismo, estábamos inventando un mundo, bueno..., un país, hasta habíamos agregado una regla distinta para cambiar las cosas que andan tan mal en Globs.
-Sólo a vos se te ocurre que vas a cambiar algo haciendo un cuento.
-A mi y a mis amigos.
-Bueno, a vos y a tus amigos. Si no cambian los habitantes, a no ser que el cuento sea mágico me parece que...
La prima pensó que Miguel tenía un poco de razón pero no quiso decírselo.
-Y lo contrario también es cierto, dijo con aire misterioso, imitando a Primero.
-No te hagas la misteriosa, continuó Miguel sin soltarle el rulito. Entonces se río.
Cuando se ríe parece un gorrión, pensó la prima. Pero no quiso decírselo.
Se acordó nuevamente del cuento y volvió a ponerse triste.
-No te robaron nada que en realidad necesitaras, dijo Miguel.
La prima pensó en las letras tiradas por el suelo y en las hojas manchadas. Luego miró hacia la vereda de enfrente. Vio a sus amigos, recordó a Francisco, a Andando, a Tinta y a todos sus cachorros, al gato Cazador que últimamente se había vuelto cartero, miró el cielo de Globs, se miró los zapatos, y consideró que Miguel tenía un poco de razón. Pero no quiso decírselo.
Miguel seguía con lo del rulito y ella seguía con lo de la tristeza. Aunque cierto era que se le estaba pasando.
-Me voy, dijo de pronto la prima sin saber porqué. Saludó a Miguel haciéndole una morisqueta para verlo reírse otra vez y le dijo :
-Voy a estar dentro de un rato en el parque, en la ...
-Está bien, nena, no te preocupes, no necesito que me digas dónde estás para encontrarte.
-Está bien, nene, respondió la prima. Y se fue, cuidando de llevarse el rulito con ella
Caminando hacia el centro por las calles de Globs, la prima y Pao propusieron dirigirse al Gran Salón para hablar con el Altísimo. Y allá se fueron.
-‘Adelante Adelante Bienvenidos’ ‘Vengan ya a disfrutar de La Gran Fiesta de Globs’ ‘No se pierdan las restas superespeciales de esta noche’ ‘Adelante Adelante Bienvenidos’
-Buenas noches Altísimo, parece que agregaron otro tipo de entretenimientos, saludó Primero.
-¿A qué se refiere, jovencito ?
-A las restas. Quizás también sumas y multiplicaciones...
-Jeje, no, no, no, las restas superespeciales se refieren a ciertos objetos que pueden obtenerse esta noche por menores cantidades de globs. Por ejemplo, heladeras con muchísimas puertas, que son la última moda, y pueden conseguirse esta noche por el mismo número de globs que una vieja heladera común de una o dos puertas.
-¿Y en qué se diferencia una heladera de muchísimas puertas de una común ?
-En el número de puertas, por supuesto, jeje, jeje. Si usted quiere sacar, por ejemplo, el dulce, puede dirigirse directamente a la puerta detrás de la cual ha guardado el dulce. Lo mismo con la manteca.
-Qué bien, qué bien, qué interesante, dijo Primero, con más ganas de irse que de quedarse.
-También disponemos de sombreros para el sol de última moda, con farol.
-Para alumbrar la noche no será, observó Luna, considerando que eran sombreros para el sol.
-No jovencita, dice usted muy bien. Bueno, ¿qué desean ?
-Ni heladeras ni sombreros, respondió Pao.
-¿Entonces ?
-Nosotros..., dijo la prima.
-Sí, ustedes son los amigos de ese señor que anda siempre entre animales...
-Francisco.
-Sí, ese señor que es tan suavecito...
-Mire señor Altísimo, a usted no tiene porqué importarle con quien anda Francisco y mucho menos si es suavecito o no es suavecito, interrumpió la prima de muy mala manera, harta de soportar que el Altísimo pusiera esa cara horrible cada vez que hablaba de Francisco.
-Jovencita, en primer lugar de ahora en adelante cuando quiera decirme algo me lo dice por escrito, y en segundo lugar hágame el favor...
-Ahora mismo se lo hago. Hasta luego, dijo la prima a sus compañeros, me voy a sentar en un banco de la vereda de enfrente. Y se fue.
Estaba cansada como para ponerse a girar aunque ganas no le faltaban. Andaba triste, pensando en lo que había quedado del cuento : unas letras tiradas en el suelo del parque y algunas hojas manchadas. Por lo menos quedaba la esperanza, pensó, habían plantado una semilla con el original de la regla nueva. Con lo bien que Francisco se entendía con las plantas, seguro crecería el primer hermosísimo árbol original contra la juntadera.
Apoyó la cara sobre las manos y se puso a llorar.
-¿Qué te pasa, nena ?
-¡Miguel ! ¿Qué haces aquí ?, dijo la prima sin darse vuelta para que no le viera los ojos de llorar.
-Salí de la película. ¡Date vuelta ! ¿O vamos a seguir hablando así como si estuviéramos en fila ?
-¿Cómo saliste ?
-Esteee, bueno, no tiene importancia. Digamos que estoy acá.
-Sí, ya veo, dijo la prima, contenta de volver a verlo. Y entonces le contó.
-Nos robaron el cuento.
-¿Qué cuento ?
-Un cuento del país de Globs, un poco de memoria y otro poco inventado que...
-Hagan otro, interrumpió Miguel, mientras hacía un rulito con el pelo de la prima.
-Pero no es lo mismo, estábamos inventando un mundo, bueno..., un país, hasta habíamos agregado una regla distinta para cambiar las cosas que andan tan mal en Globs.
-Sólo a vos se te ocurre que vas a cambiar algo haciendo un cuento.
-A mi y a mis amigos.
-Bueno, a vos y a tus amigos. Si no cambian los habitantes, a no ser que el cuento sea mágico me parece que...
La prima pensó que Miguel tenía un poco de razón pero no quiso decírselo.
-Y lo contrario también es cierto, dijo con aire misterioso, imitando a Primero.
-No te hagas la misteriosa, continuó Miguel sin soltarle el rulito. Entonces se río.
Cuando se ríe parece un gorrión, pensó la prima. Pero no quiso decírselo.
Se acordó nuevamente del cuento y volvió a ponerse triste.
-No te robaron nada que en realidad necesitaras, dijo Miguel.
La prima pensó en las letras tiradas por el suelo y en las hojas manchadas. Luego miró hacia la vereda de enfrente. Vio a sus amigos, recordó a Francisco, a Andando, a Tinta y a todos sus cachorros, al gato Cazador que últimamente se había vuelto cartero, miró el cielo de Globs, se miró los zapatos, y consideró que Miguel tenía un poco de razón. Pero no quiso decírselo.
Miguel seguía con lo del rulito y ella seguía con lo de la tristeza. Aunque cierto era que se le estaba pasando.
-Me voy, dijo de pronto la prima sin saber porqué. Saludó a Miguel haciéndole una morisqueta para verlo reírse otra vez y le dijo :
-Voy a estar dentro de un rato en el parque, en la ...
-Está bien, nena, no te preocupes, no necesito que me digas dónde estás para encontrarte.
-Está bien, nene, respondió la prima. Y se fue, cuidando de llevarse el rulito con ella
Capítulo diecisiete
17
-Las figuras geométricas del Almacén se borran cuando las telas quedan estampadas, no hay manera de encontrar esa noticia que les..., dijo el Altísimo.
-Que nos han robado.
-No puede ser.
-Pues así es, insistió el primo.
-Tenemos en Globs gran cantidad de noticias, yendo y viniendo permanentemente, de los más variados temas y lugares. Contamos además con ediciones de todo tipo de textos, cuentos incluidos, como para que alguien necesite robarles.
-Pues nos han robado, insistió Pao.
La prima los oía de lejos puesto que prefería no volver a verle la cara al Altísimo.
-Repito, tenemos ediciones de todos los colores y tamaños...
-Las más pequeñas no, observó Primero.
-Por supuesto, respondió el Altísimo. Eso es trabajar correctamente. No tendría sentido almacenar ediciones tan pequeñas que sólo servirían para perderse y ocasionar problemas.
-Sí, sí, dijo Luna. Y se fue con la prima.
-Por lo demás, todo lo que se edita en Globs está disponible en todas partes para quien quiera leerlo. El que no se informa es porque no lo desea. Las grandes telas cuelgan en
todas las esquinas céntricas o próximas al centro, y los habitantes, a cambio de pocos globs pueden copiar y llevarse para su casa las noticias que prefieran. Cada vez estamos mejor comunicados. Tenemos un sistema, ya le dije, gracias al cual...
-aaaahhhss, bostezó Pequeño Mago.
-Gracias al cual, lo que ocurre en una zona de Globs se conoce en todo Globs casi al instante. Son miles y miles y miles de noticias yendo y viniendo todo el tiempo.
-¿Y qué hacen con todo eso ?, preguntó Primero, imaginando telas volando para aquí y para allá, de un lado a otro de Globs, el día entero.
-Resulta que es tarde y yo estoy trabajando, creo haberle explicado claramente la razón por la que considero imposible que algún habitante de Globs necesitara robarle su cuento, jovencito.
-Nuestro cuento, dijo Primero, es un cuento muy interesante que ahora no sabemos como terminar puesto que...
-Bueno, bueno, bueno, ¡hubieeeran empezado por ahí !, si el problema que tienen es cómo terminar el cuento, no soy yo la persona más indicada para...
-No, dijo Primero, no es un problema de...
El Altísimo no dejó que continuara.
-Reitero, si el problema que tienen es con el cuento, deben dirigirse hacia la plaza.
-¿La plaza de Caril ?
-Exactamente, de un lado de la calle es la plaza principal del Baile de Globs y del otro lado, si siguen el camino de los grandes árboles, pueden encontrar la biblioteca. Allí hay alguien que quizá pueda ayudarlos con ese problema que tienen con el cuento.
-Bueno, está bien, dijo Primero, agotado de escuchar al Altísimo. Muchas gracias y buenas noches.
-Ya está amaneciendo, jovencito. Buenos días y que les vaya bien.
-¿Por quien preguntamos en la biblioteca ?
-Por Sueña de Tulc.
-Las figuras geométricas del Almacén se borran cuando las telas quedan estampadas, no hay manera de encontrar esa noticia que les..., dijo el Altísimo.
-Que nos han robado.
-No puede ser.
-Pues así es, insistió el primo.
-Tenemos en Globs gran cantidad de noticias, yendo y viniendo permanentemente, de los más variados temas y lugares. Contamos además con ediciones de todo tipo de textos, cuentos incluidos, como para que alguien necesite robarles.
-Pues nos han robado, insistió Pao.
La prima los oía de lejos puesto que prefería no volver a verle la cara al Altísimo.
-Repito, tenemos ediciones de todos los colores y tamaños...
-Las más pequeñas no, observó Primero.
-Por supuesto, respondió el Altísimo. Eso es trabajar correctamente. No tendría sentido almacenar ediciones tan pequeñas que sólo servirían para perderse y ocasionar problemas.
-Sí, sí, dijo Luna. Y se fue con la prima.
-Por lo demás, todo lo que se edita en Globs está disponible en todas partes para quien quiera leerlo. El que no se informa es porque no lo desea. Las grandes telas cuelgan en
todas las esquinas céntricas o próximas al centro, y los habitantes, a cambio de pocos globs pueden copiar y llevarse para su casa las noticias que prefieran. Cada vez estamos mejor comunicados. Tenemos un sistema, ya le dije, gracias al cual...
-aaaahhhss, bostezó Pequeño Mago.
-Gracias al cual, lo que ocurre en una zona de Globs se conoce en todo Globs casi al instante. Son miles y miles y miles de noticias yendo y viniendo todo el tiempo.
-¿Y qué hacen con todo eso ?, preguntó Primero, imaginando telas volando para aquí y para allá, de un lado a otro de Globs, el día entero.
-Resulta que es tarde y yo estoy trabajando, creo haberle explicado claramente la razón por la que considero imposible que algún habitante de Globs necesitara robarle su cuento, jovencito.
-Nuestro cuento, dijo Primero, es un cuento muy interesante que ahora no sabemos como terminar puesto que...
-Bueno, bueno, bueno, ¡hubieeeran empezado por ahí !, si el problema que tienen es cómo terminar el cuento, no soy yo la persona más indicada para...
-No, dijo Primero, no es un problema de...
El Altísimo no dejó que continuara.
-Reitero, si el problema que tienen es con el cuento, deben dirigirse hacia la plaza.
-¿La plaza de Caril ?
-Exactamente, de un lado de la calle es la plaza principal del Baile de Globs y del otro lado, si siguen el camino de los grandes árboles, pueden encontrar la biblioteca. Allí hay alguien que quizá pueda ayudarlos con ese problema que tienen con el cuento.
-Bueno, está bien, dijo Primero, agotado de escuchar al Altísimo. Muchas gracias y buenas noches.
-Ya está amaneciendo, jovencito. Buenos días y que les vaya bien.
-¿Por quien preguntamos en la biblioteca ?
-Por Sueña de Tulc.
Capítulo dieciocho
18
La biblioteca era una bonita casa rodeada de jardín. No entraron.
Sentada en el jardín, junto a un escritorio de madera estaba Sueña de Tulc.
-¿Usted es Sueña de Tulc ?
-Sí, sí, sí, respondió la señora.
-Mucho gusto, saludó Primero, venimos de parte del Altísimo.
-El Altísimo..., ahá, sí, sí, sí.
-Estábamos escribiendo un cuento y resulta que no lo podemos terminar, dijo Primero.
-¿Un cuento ? ¡Qué bueno ! ¿Y porqué no lo pueden terminar ?
-Porque ya no lo tenemos, dijo la prima.
Relataron lo que había ocurrido con el cuento : las hojas manchadas, las letras en el suelo, y le mostraron a Sueña de Tulc la copia de lo que había quedado del capítulo diez en las grandes telas.
-Sí, sí, sí, dijo ella, esto apareció en las grandes telas, ya lo había leído.
-Jamás escribimos eso, agregó la prima, ni lo escribiríamos. ¡Clarito que no !
-¡Clarito !, acompaño Sueña sonriendo. ¿Y ahora qué están buscando ?
-La noticia en bruto, dijo Pequeño Mago, para saber quien la llevó al Almacén.
-Parece que la borraron, dijo Pao.
-Es cierto, respondió Sueña, se borran en cuanto las telas quedan estampadas.
-Sí, y las telas cuelgan en todas partes en las esquinas céntricas y próximas al centro y cualquiera puede leerlas y copiarlas y..., se apuró Luna temiendo escuchar por segunda vez el mismo discursete del Altísimo.
-Cualquiera no, dijo Sueña.
-Los habitantes de cualquier zona de Globs y aquel que no lo hace es porque no lo desea. Eso dijo el Altísimo, agregó Primero.
-El Altísimo, ahá, sí, sí, sí..., dijo Sueña.
-¿Lo conoce ?
-Lo conozco. Para copiar las telas hay que escribir, ¿no les parece ?
-Y sí, dijo la prima, mirando un baúl junto al escritorio de Sueña de Tulc.
-Y para entender lo que está escrito hay que leer.
-Exactamente, dijo Primero dibujando letras en el aire. Eso se aprende en la escuela.
-Exactamente, dijo Sueña de Tulc, se aprende en la escuela si es que se va a la escuela y si se está lo suficientemente bien alimentado como para atender a la maestra.
-¿Y entonces ?, preguntó Primero.
-Entonces en este lugar...
-En este lugar con sus cien habitantes, agregó Primero recordando el principio del cuento.
-70 personas no saben leer.
-¡Ay !, dijo la prima, 100-70 = 30 ¡Esa cuenta ya está hecha ! Las grandes telas son para treinta habitantes.
-Probablemente menos, agregó Sueña. La mitad de los habitantes de Globs están muy mal alimentados y de las grandes telas ni se enteran.
-Francisco, Maguito, Pao y Luna no tienen casa, ni tarea, ni nada, y sin embargo leen y escriben y conocen mucho de lo que ocurre en Globs, dijo la prima.
-Eso déjalo como misterio, dijo Primero, rascándose la cabeza.
-Misterio, misterio, misterio, repetía la prima, observando atentamente el baúl junto a la mesa.
-Se cierra automáticamente cuando cae el sol, comentó Sueña.
-Entonces ahora está abierto, dijo Pequeño Mago.
-Digamos que se puede abrir, respondió Sueña de Tulc.
-¿Se puede ?, preguntó Primero.
Sueña levantó la tapa del baúl y un búho se posó sobre una esquina.
-¡Ahhhh !, exclamaron todos.
-¿Es por el búho ?, preguntó Sueña sonriendo.
La prima, Primero, Luna, Pao y Pequeño Mago contemplaban fascinados los colores que salían del baúl.
-¿Qué es esto ?, preguntó la prima.
-Es otra biblioteca.
Se acercaron. El baúl estaba lleno de pequeñísimos estantes que sostenían todo tipo de figuritas geométricas de las más variadas formas y colores, algunos cuadraditos que parecían caramelos, libritos en miniatura, y otros objetos por el estilo.
-¡Eso es lo que no se guarda en el Almacén para evitar que se pierda!, exclamó Primero.
-Pues aquí no se pierde, dijo Sueña de Tulc.
-¡Bahú !, confirmó el búho.
-Qué pequeños serán los discos para computadora, pensó Primero en voz alta.
-Eso no tengo, dijo Sueña. En todo Globs hay solamente una computadora y está en la Alta Montaña.
-Todo en Globs suena a disparate, dijo Primero, rascándose nuevamente la cabeza. Y todo esto nos viene muy bien para el cuento.
-¿Qué cuento ?, dijo la prima triste.
-Necesitamos recuperar nuestro cuento, afirmó Pao.
-Lo siento mucho jovencitos, dijo amablemente Sueña de Tulc, no puedo hacer nada por ustedes.
Le agradecieron de todos modos, se despidieron de ella, del baúl y del búho. Sueña cerró el baúl, el buhó se retiró, y los niños emprendieron la marcha hacia la cabaña.
Habían caminado media cuadra cuando la prima sintió necesidad de mirar hacia atrás.
¡Flipst !, llegó volando un teléfono móvil junto a Sueña de Tulc que lo agarró en el aire.
-Juajuajuá, eso déjalo como misterio, dijo la prima a Primero.
La biblioteca era una bonita casa rodeada de jardín. No entraron.
Sentada en el jardín, junto a un escritorio de madera estaba Sueña de Tulc.
-¿Usted es Sueña de Tulc ?
-Sí, sí, sí, respondió la señora.
-Mucho gusto, saludó Primero, venimos de parte del Altísimo.
-El Altísimo..., ahá, sí, sí, sí.
-Estábamos escribiendo un cuento y resulta que no lo podemos terminar, dijo Primero.
-¿Un cuento ? ¡Qué bueno ! ¿Y porqué no lo pueden terminar ?
-Porque ya no lo tenemos, dijo la prima.
Relataron lo que había ocurrido con el cuento : las hojas manchadas, las letras en el suelo, y le mostraron a Sueña de Tulc la copia de lo que había quedado del capítulo diez en las grandes telas.
-Sí, sí, sí, dijo ella, esto apareció en las grandes telas, ya lo había leído.
-Jamás escribimos eso, agregó la prima, ni lo escribiríamos. ¡Clarito que no !
-¡Clarito !, acompaño Sueña sonriendo. ¿Y ahora qué están buscando ?
-La noticia en bruto, dijo Pequeño Mago, para saber quien la llevó al Almacén.
-Parece que la borraron, dijo Pao.
-Es cierto, respondió Sueña, se borran en cuanto las telas quedan estampadas.
-Sí, y las telas cuelgan en todas partes en las esquinas céntricas y próximas al centro y cualquiera puede leerlas y copiarlas y..., se apuró Luna temiendo escuchar por segunda vez el mismo discursete del Altísimo.
-Cualquiera no, dijo Sueña.
-Los habitantes de cualquier zona de Globs y aquel que no lo hace es porque no lo desea. Eso dijo el Altísimo, agregó Primero.
-El Altísimo, ahá, sí, sí, sí..., dijo Sueña.
-¿Lo conoce ?
-Lo conozco. Para copiar las telas hay que escribir, ¿no les parece ?
-Y sí, dijo la prima, mirando un baúl junto al escritorio de Sueña de Tulc.
-Y para entender lo que está escrito hay que leer.
-Exactamente, dijo Primero dibujando letras en el aire. Eso se aprende en la escuela.
-Exactamente, dijo Sueña de Tulc, se aprende en la escuela si es que se va a la escuela y si se está lo suficientemente bien alimentado como para atender a la maestra.
-¿Y entonces ?, preguntó Primero.
-Entonces en este lugar...
-En este lugar con sus cien habitantes, agregó Primero recordando el principio del cuento.
-70 personas no saben leer.
-¡Ay !, dijo la prima, 100-70 = 30 ¡Esa cuenta ya está hecha ! Las grandes telas son para treinta habitantes.
-Probablemente menos, agregó Sueña. La mitad de los habitantes de Globs están muy mal alimentados y de las grandes telas ni se enteran.
-Francisco, Maguito, Pao y Luna no tienen casa, ni tarea, ni nada, y sin embargo leen y escriben y conocen mucho de lo que ocurre en Globs, dijo la prima.
-Eso déjalo como misterio, dijo Primero, rascándose la cabeza.
-Misterio, misterio, misterio, repetía la prima, observando atentamente el baúl junto a la mesa.
-Se cierra automáticamente cuando cae el sol, comentó Sueña.
-Entonces ahora está abierto, dijo Pequeño Mago.
-Digamos que se puede abrir, respondió Sueña de Tulc.
-¿Se puede ?, preguntó Primero.
Sueña levantó la tapa del baúl y un búho se posó sobre una esquina.
-¡Ahhhh !, exclamaron todos.
-¿Es por el búho ?, preguntó Sueña sonriendo.
La prima, Primero, Luna, Pao y Pequeño Mago contemplaban fascinados los colores que salían del baúl.
-¿Qué es esto ?, preguntó la prima.
-Es otra biblioteca.
Se acercaron. El baúl estaba lleno de pequeñísimos estantes que sostenían todo tipo de figuritas geométricas de las más variadas formas y colores, algunos cuadraditos que parecían caramelos, libritos en miniatura, y otros objetos por el estilo.
-¡Eso es lo que no se guarda en el Almacén para evitar que se pierda!, exclamó Primero.
-Pues aquí no se pierde, dijo Sueña de Tulc.
-¡Bahú !, confirmó el búho.
-Qué pequeños serán los discos para computadora, pensó Primero en voz alta.
-Eso no tengo, dijo Sueña. En todo Globs hay solamente una computadora y está en la Alta Montaña.
-Todo en Globs suena a disparate, dijo Primero, rascándose nuevamente la cabeza. Y todo esto nos viene muy bien para el cuento.
-¿Qué cuento ?, dijo la prima triste.
-Necesitamos recuperar nuestro cuento, afirmó Pao.
-Lo siento mucho jovencitos, dijo amablemente Sueña de Tulc, no puedo hacer nada por ustedes.
Le agradecieron de todos modos, se despidieron de ella, del baúl y del búho. Sueña cerró el baúl, el buhó se retiró, y los niños emprendieron la marcha hacia la cabaña.
Habían caminado media cuadra cuando la prima sintió necesidad de mirar hacia atrás.
¡Flipst !, llegó volando un teléfono móvil junto a Sueña de Tulc que lo agarró en el aire.
-Juajuajuá, eso déjalo como misterio, dijo la prima a Primero.
Capítulo diecinueve
19
Andando y Tinta ladraron la bienvenida. Supongo que vendrán a dormir, dijo Francisco en cuanto los vio llegar.
-‘Adelante Adelante Buenos días’, dijo Pequeño Mago imitando el tono del Altísimo. ‘No se pierdan la fiesta de esta pequeña cabaña’.
-¿Qué encontraron ?
-Al Altísimo. Nos recomendó a Sueña de Tulc.
-¿Les recomendó a Sueña de Tulc ?, preguntó Francisco asombrado.
-¿La conoces ?, preguntó a su vez Primero.
-¡Cómo no ! Es una amiga.
-Tiene un baúl llenito de pequeñas noticias en bruto, pequeñas ediciones y videos como ese tuyo, comentó la prima.
-Del que yo guardo hice una copia para ella. Es la secretaria de la biblioteca.
-¿De la del baúl ?
-También de la del baúl, respondió Francisco. Delante de la gran biblioteca hay un hermoso y florido jardín.
-Lo vimos.
-Y detrás de la gran biblioteca hay una huerta, continuó Francisco.
-Llenita de pequeñas verduras de las más variadas formas y colores, pensó Primero en voz alta.
-Las verduras bien podrían ser de tamaño natural..., supuso la prima en voz alta.
-Por supuesto, dijo Francisco y se río. Yo ayudo a Sueña de Tulc a cuidar el jardín y ella comparte su huerta. Es de ahí de donde traigo la verdura. Cómo voy dejando parte por el camino, cuando falta salgo a buscar por ahí.
-Parece que 70 de los 100 habitantes de Globs no saben leer, dijo la prima que aún no podía creerlo.
-No han podido aprender, respondió Francisco, la mitad de los habitantes son pobres, no consiguen suficientes globs para cambiar por aquello que necesitan para vivir y la mayoría son niños. Muchos mueren de hambre.
-Globs es un lugar muy poco cariñoso, dijo la prima, con ganas de ponerse a girar.
-Hay mucha gente cariñosa en Globs pero algo no funciona.
-Eso es lo que te superexplica el superespecialista, agregó la prima haciendo morisquetas.
-Vayan a dormir, propuso Francisco.
-Aún no encontramos el cuento, dijo Luna. Pero lo vamos a encontrar. Dice el Altísimo que es imposible que lo hayan robado.
-Tan imposible no será puesto que el cuento no está. Cazador tampoco ha dormido aquí, agregó Francisco, y volvió a sugerirles que se fueran a dormir.
Y fueron nomás. Se acostaron junto a los cachorros. Antes dejaron un montoncito de hojas y la lapicera de Primero en el lugar donde estaba plantado el original de la regla nueva.
Dado que no sabían lo que ocurriría a continuación, consideraron que no había razón alguna para no seguir esperando lo mejor.
Durmieron una larga siesta. Francisco los despertó al atardecer. Se sentaron en ronda a contarse los sueños. Casi todos habían soñado que encontraban el cuento.
-Soñé que nos metíamos todos en la película, dijo Pequeño Mago. Yo iba vestido con esa ropa que llevan los magos en los cuentos, Luna iba vestida de luna verdadera, era muy bello ver como brillaba. Pao lucía un traje serio de colores calmos, Primero un gorro con pompón, y la prima un hermoso vestido rosado del siglo pasado.
-¡Ay, qué bonitos estaríamos !, suspiró la prima.
-¡Más que bonitos ! Si quieres lo dibujo. ¿Dónde están las hojas blancas ?
-Dónde las hemos dejado. Junto a la lapicera de Primero, dijo Luna. Y fue a buscarlas.
Volvió sin las hojas por no despertar a Cazador que por fin había vuelto y dormía sobre ellas.
-El gato está tan plácidamente dormido que no quise despertarlo. Tiene una florcita blanca pegada en la cara.
-Nos vamos, dijo la prima.
-Prima, quédate un poco tranquila, dijo Primero, que no se había despertado de buen humor.
-¿Acaso no has oído lo del gato ?
-El gato duerme tranquilo con una florcita blanca... ¿Te acercaste bien a Cazador ?, preguntó Primero a Luna.
¡Muuuuiauuuuú !, saludó el gato.
El primo fue a verlo y volvió con un nuevo cartelito : ¡LEA HOMBRE !
Lo abrió y leyó para todos : “Y colorado y colorín este cuento no tiene FIN”
-Oye prima, dijo Pao con mucho cariño, no me parece que cada vez que Cazador aparezca con un papelito en el bigote tengamos que salir corriendo hacia las calles rumbo al centro.
-Corriendo no, Pao, pero podemos ir caminando, respondió la prima que ya se había colgado la mochila.
-Luego del segundo acertijo, salimos y no sirvió para nada. Buscamos al Altísimo que nos habló hasta aburrirnos. Fuimos a lo de Tulc y nada podía hacer por nosotros.
-Oye Pao, a veces no vemos enseguida los resultados de lo que hacemos. Pero eso no quiere decir que no los haya, dijo la prima. Y se fue.
Pasó junto a Francisco y le dio un beso de pájaro, tomando en cuenta lo bien que él se entendía con los pájaros.
-Yo también te quiero primilla, dijo Francisco, que además de entenderse con los pájaros se entendía muy bien con la prima.
-Si me necesitas aquí estoy, afirmó Luna.
-Por supuesto, Lunulia, ya lo sé, dijo la prima, que reconocía la lealtad de Luna.
-¡Espera !, gritó Primero. Y se fue con ella.
-¡Toda la suerte !, exclamó Pao. Esperaremos haciendo sopa.
Andando y Tinta ladraron la bienvenida. Supongo que vendrán a dormir, dijo Francisco en cuanto los vio llegar.
-‘Adelante Adelante Buenos días’, dijo Pequeño Mago imitando el tono del Altísimo. ‘No se pierdan la fiesta de esta pequeña cabaña’.
-¿Qué encontraron ?
-Al Altísimo. Nos recomendó a Sueña de Tulc.
-¿Les recomendó a Sueña de Tulc ?, preguntó Francisco asombrado.
-¿La conoces ?, preguntó a su vez Primero.
-¡Cómo no ! Es una amiga.
-Tiene un baúl llenito de pequeñas noticias en bruto, pequeñas ediciones y videos como ese tuyo, comentó la prima.
-Del que yo guardo hice una copia para ella. Es la secretaria de la biblioteca.
-¿De la del baúl ?
-También de la del baúl, respondió Francisco. Delante de la gran biblioteca hay un hermoso y florido jardín.
-Lo vimos.
-Y detrás de la gran biblioteca hay una huerta, continuó Francisco.
-Llenita de pequeñas verduras de las más variadas formas y colores, pensó Primero en voz alta.
-Las verduras bien podrían ser de tamaño natural..., supuso la prima en voz alta.
-Por supuesto, dijo Francisco y se río. Yo ayudo a Sueña de Tulc a cuidar el jardín y ella comparte su huerta. Es de ahí de donde traigo la verdura. Cómo voy dejando parte por el camino, cuando falta salgo a buscar por ahí.
-Parece que 70 de los 100 habitantes de Globs no saben leer, dijo la prima que aún no podía creerlo.
-No han podido aprender, respondió Francisco, la mitad de los habitantes son pobres, no consiguen suficientes globs para cambiar por aquello que necesitan para vivir y la mayoría son niños. Muchos mueren de hambre.
-Globs es un lugar muy poco cariñoso, dijo la prima, con ganas de ponerse a girar.
-Hay mucha gente cariñosa en Globs pero algo no funciona.
-Eso es lo que te superexplica el superespecialista, agregó la prima haciendo morisquetas.
-Vayan a dormir, propuso Francisco.
-Aún no encontramos el cuento, dijo Luna. Pero lo vamos a encontrar. Dice el Altísimo que es imposible que lo hayan robado.
-Tan imposible no será puesto que el cuento no está. Cazador tampoco ha dormido aquí, agregó Francisco, y volvió a sugerirles que se fueran a dormir.
Y fueron nomás. Se acostaron junto a los cachorros. Antes dejaron un montoncito de hojas y la lapicera de Primero en el lugar donde estaba plantado el original de la regla nueva.
Dado que no sabían lo que ocurriría a continuación, consideraron que no había razón alguna para no seguir esperando lo mejor.
Durmieron una larga siesta. Francisco los despertó al atardecer. Se sentaron en ronda a contarse los sueños. Casi todos habían soñado que encontraban el cuento.
-Soñé que nos metíamos todos en la película, dijo Pequeño Mago. Yo iba vestido con esa ropa que llevan los magos en los cuentos, Luna iba vestida de luna verdadera, era muy bello ver como brillaba. Pao lucía un traje serio de colores calmos, Primero un gorro con pompón, y la prima un hermoso vestido rosado del siglo pasado.
-¡Ay, qué bonitos estaríamos !, suspiró la prima.
-¡Más que bonitos ! Si quieres lo dibujo. ¿Dónde están las hojas blancas ?
-Dónde las hemos dejado. Junto a la lapicera de Primero, dijo Luna. Y fue a buscarlas.
Volvió sin las hojas por no despertar a Cazador que por fin había vuelto y dormía sobre ellas.
-El gato está tan plácidamente dormido que no quise despertarlo. Tiene una florcita blanca pegada en la cara.
-Nos vamos, dijo la prima.
-Prima, quédate un poco tranquila, dijo Primero, que no se había despertado de buen humor.
-¿Acaso no has oído lo del gato ?
-El gato duerme tranquilo con una florcita blanca... ¿Te acercaste bien a Cazador ?, preguntó Primero a Luna.
¡Muuuuiauuuuú !, saludó el gato.
El primo fue a verlo y volvió con un nuevo cartelito : ¡LEA HOMBRE !
Lo abrió y leyó para todos : “Y colorado y colorín este cuento no tiene FIN”
-Oye prima, dijo Pao con mucho cariño, no me parece que cada vez que Cazador aparezca con un papelito en el bigote tengamos que salir corriendo hacia las calles rumbo al centro.
-Corriendo no, Pao, pero podemos ir caminando, respondió la prima que ya se había colgado la mochila.
-Luego del segundo acertijo, salimos y no sirvió para nada. Buscamos al Altísimo que nos habló hasta aburrirnos. Fuimos a lo de Tulc y nada podía hacer por nosotros.
-Oye Pao, a veces no vemos enseguida los resultados de lo que hacemos. Pero eso no quiere decir que no los haya, dijo la prima. Y se fue.
Pasó junto a Francisco y le dio un beso de pájaro, tomando en cuenta lo bien que él se entendía con los pájaros.
-Yo también te quiero primilla, dijo Francisco, que además de entenderse con los pájaros se entendía muy bien con la prima.
-Si me necesitas aquí estoy, afirmó Luna.
-Por supuesto, Lunulia, ya lo sé, dijo la prima, que reconocía la lealtad de Luna.
-¡Espera !, gritó Primero. Y se fue con ella.
-¡Toda la suerte !, exclamó Pao. Esperaremos haciendo sopa.
Capítulo veinte
20
Atravesaron el parque y salieron a la calle principal.
-¿Tienes alguna idea ?, preguntó Primero al rato, cansado de caminar.
-Ninguna, respondió la prima, pero estamos llegando al Gran Salón.
-¿Y con eso ? No quiero volver a hablar con El Altísimo.
-El Altísimo, El Altísimo, El Altísimo, repetía la prima. ¡El Altísimo ahí está ! Es ese que está de espaldas.
-Sí, lo veo.
El primo buscó un pañuelo en el bolsillo pero encontró un acertijo : “si viera lo que no ve la vería junto a la torre”, leyó.
La prima le tapó los ojos.
-¿Qué haaaces, prima ?
-¿Qué es lo que no ves ?
-No veo nada, tienes tu mano delante de mis ojos.
-¡Vamos Primero ! Dime que es lo que no ves ahora y viste antes de leer el acertijo.
-¡ El Altísimo !, exclamó Primero.
-¡ El Altísimo !, exclamó la prima, quitando las manos de los ojos de Primero.
-¡Tan alto como una torre !, exclamaron a dúo. ¡Lo que no vemos está junto al Altísimo !
Dieron vuelta la manzana para llegar desde el otro lado.
-¿A quien crees que encontraremos junto al Altísimo ?, preguntó el primo antes de doblar la esquina.
Doblaron.
-¡Caaariiiiiiilll !
Caril los vio e inmediatamente salió disparando.
El Altísimo continuó con lo suyo como siempre. “Adelante Adelante Bienvenidos” decía mientras pasaban a su lado, corre que te corre, Primero y la prima.
-Si salió disparando por algo ha de ser, decía Primero sin dejar de correr.
-¿Adooónde va ?, decía la prima corre que te corre.
Caril atravesó la plaza y subió por la escalera exterior que rodeaba la casona junto a la fuente de los pájaros.
La prima y Primero tras ella.
Caril corría y corría y subía y subía por la escalera en espiral. Estaba llegando al último tramo de la escalera que llevaba a una puerta de madera pesada, en el último piso de la casona.
-Se mete ahí y la perdemos, dijo Primero apurando la carrera.
Caril tropezó con dos maletas. Se levantó, intentó cargarlas, y vio que los primos se le venían encima. Soltó las maletas y salió corriendo nuevamente en dirección contraria. Los primos tras ella.
Un pajarito pió. Caril se distrajo y fue a dar de narices contra la baranda exterior de la escalera. Primero pudo alcanzarla y la sujetó. La profesora de baile saltó al pretil de la baranda intentando escapar de Primero. Resbaló. Quedó colgando del pretil y pidiendo socorro. El primo le tomó bien fuerte las dos manos.
-¿Adónde crees que vas ?, le dijo, disimulando que desconocía la razón de la carrera de Caril.
-No dejes que me caiga por favor, te lo contaré todo.
-¡Ahora mismo !, dijo el primo.
-Te juro que no quería hacerlo pero el Altísimo temía que complicaran su trabajo.
-¿De qué hablas ?
-Del cuento. Si ustedes lo estaban inventando podían inventar también que conseguían estamparlo en las grandes telas. El Altísimo es el encargado de todos los...
-Ya lo sabemos. ¡Continúa !
-Eso no está permitido. No pueden estampar en las grandes telas un cuento inventado sin respaldo de permisos para usar globs.
-Ni siquiera lo habíamos pensado, dijo Primero rascándose la cabeza.
-¡Aaayyyy ! ¡No me sueltes que me caigo !, gritó Caril.
Primero la sostuvo. -¡Continúa !, insistió.
-Te saqué el cuento de la mochila y se lo di al Altísimo para que lo redujera al tamaño correspondiente antes de que fuera demasiado tarde.
-¿Qué tamaño ?, preguntó el primo.
-Pequeñísimo, dijo la prima dibujando un puntito en el aire.
-¿Y ahora dónde está el cuento ?, dijo la prima mirando cuantos pisos quedaban por debajo de los pies de Caril.
-No lo sé, lo tiene el Altísimo, ya les he dicho todo. ¡Por favor, déjame que me vaya, Primero ! Debo llegar antes de las once a la estación.
-De aquí no te mueves si no devuelves el cuento, dijo la prima.
-¡Les digo que no lo tengo ! ¡Aaaayyyy !, gritó Caril, ¡me caigo ! ¡me duele !
-¿Qué te duele ?, preguntó Primero agotado de sostenerla.
-El anillo. Me lo estás apretando contra el dedo.
Una luciérnaga se posó en la nariz de Primero.
-¡Aaaaaaachís !, estornudó. ¡Dame el pañuelo, prima !
La prima metió la mano en el bolsillo de Primero pero en lugar del pañuelo sacó un acertijo.
Leyó : “si encuentran lo que buscan, verán que no es tan grande, verán que no es tan blando, y que no está en la cintura”
-¡El anillo !, gritó la prima.
-¡El anillo !, gritó Primero.
-¡El anillo !, gritó Caril. ¡Es el anillo de compromiso que acaba de regalarme el Altísimo !
-¿Van a casarse ? preguntó el primo.
-¿No te ibas a la estación ? preguntó la prima mirando cuanto pisos quedaban por debajo de los pies de Caril.
-Sí. Me voy a la Alta Montaña. El Altísimo no lo sabe pero ayer me contrató el dueño de la computadora para trabajar con él.
-¡Suéltala !, dijo la prima.
Había vuelto a mirar cuantos cuanto pisos quedaban bajo los pies de Caril y comprobado que si la soltaba caería justo en la fuente.
-¡Suéltala !, insistió la prima.
-¿Queeé dices ?, preguntó sorprendido Primero.
-Qué la sueltes, dijo la prima.
-¡No me sueltes por favor ! gritaba Caril.
La prima la empujó de un lado y Caril quedó colgando del pretil con una mano sola.
Primero le sujetó la mano con fuerza.
-¡Aaayyy ! gritó Caril. ¡Otra vez me apretas con el anillo ! ¡Aaayyy !
Primero le sacó el anillo para que dejara de gritar y Caril se deslizó pisos abajo rumbo a la fuente.
¡PLAAAFFF !, sonó.
Unos pececitos que bailaban en ronda una danza salvaje se corrieron para no ser aplastados por la profesora.
“Ay qué lindo
ay qué tierno
qué bonito
que es vivir en Globs
pin pan pon
pin pan pon”
entonaron al reconocerla mientras Caril pedía socorro haciendo la plancha sobre el agua de la fuente.
Comenzaron a oírse unas sirenas. Primero salió corriendo apretando el anillo de Caril con una mano y a la prima con la otra. Descendieron por la escalera en espiral y atravesaron la plaza con rumbo desconocido.
Atravesaron el parque y salieron a la calle principal.
-¿Tienes alguna idea ?, preguntó Primero al rato, cansado de caminar.
-Ninguna, respondió la prima, pero estamos llegando al Gran Salón.
-¿Y con eso ? No quiero volver a hablar con El Altísimo.
-El Altísimo, El Altísimo, El Altísimo, repetía la prima. ¡El Altísimo ahí está ! Es ese que está de espaldas.
-Sí, lo veo.
El primo buscó un pañuelo en el bolsillo pero encontró un acertijo : “si viera lo que no ve la vería junto a la torre”, leyó.
La prima le tapó los ojos.
-¿Qué haaaces, prima ?
-¿Qué es lo que no ves ?
-No veo nada, tienes tu mano delante de mis ojos.
-¡Vamos Primero ! Dime que es lo que no ves ahora y viste antes de leer el acertijo.
-¡ El Altísimo !, exclamó Primero.
-¡ El Altísimo !, exclamó la prima, quitando las manos de los ojos de Primero.
-¡Tan alto como una torre !, exclamaron a dúo. ¡Lo que no vemos está junto al Altísimo !
Dieron vuelta la manzana para llegar desde el otro lado.
-¿A quien crees que encontraremos junto al Altísimo ?, preguntó el primo antes de doblar la esquina.
Doblaron.
-¡Caaariiiiiiilll !
Caril los vio e inmediatamente salió disparando.
El Altísimo continuó con lo suyo como siempre. “Adelante Adelante Bienvenidos” decía mientras pasaban a su lado, corre que te corre, Primero y la prima.
-Si salió disparando por algo ha de ser, decía Primero sin dejar de correr.
-¿Adooónde va ?, decía la prima corre que te corre.
Caril atravesó la plaza y subió por la escalera exterior que rodeaba la casona junto a la fuente de los pájaros.
La prima y Primero tras ella.
Caril corría y corría y subía y subía por la escalera en espiral. Estaba llegando al último tramo de la escalera que llevaba a una puerta de madera pesada, en el último piso de la casona.
-Se mete ahí y la perdemos, dijo Primero apurando la carrera.
Caril tropezó con dos maletas. Se levantó, intentó cargarlas, y vio que los primos se le venían encima. Soltó las maletas y salió corriendo nuevamente en dirección contraria. Los primos tras ella.
Un pajarito pió. Caril se distrajo y fue a dar de narices contra la baranda exterior de la escalera. Primero pudo alcanzarla y la sujetó. La profesora de baile saltó al pretil de la baranda intentando escapar de Primero. Resbaló. Quedó colgando del pretil y pidiendo socorro. El primo le tomó bien fuerte las dos manos.
-¿Adónde crees que vas ?, le dijo, disimulando que desconocía la razón de la carrera de Caril.
-No dejes que me caiga por favor, te lo contaré todo.
-¡Ahora mismo !, dijo el primo.
-Te juro que no quería hacerlo pero el Altísimo temía que complicaran su trabajo.
-¿De qué hablas ?
-Del cuento. Si ustedes lo estaban inventando podían inventar también que conseguían estamparlo en las grandes telas. El Altísimo es el encargado de todos los...
-Ya lo sabemos. ¡Continúa !
-Eso no está permitido. No pueden estampar en las grandes telas un cuento inventado sin respaldo de permisos para usar globs.
-Ni siquiera lo habíamos pensado, dijo Primero rascándose la cabeza.
-¡Aaayyyy ! ¡No me sueltes que me caigo !, gritó Caril.
Primero la sostuvo. -¡Continúa !, insistió.
-Te saqué el cuento de la mochila y se lo di al Altísimo para que lo redujera al tamaño correspondiente antes de que fuera demasiado tarde.
-¿Qué tamaño ?, preguntó el primo.
-Pequeñísimo, dijo la prima dibujando un puntito en el aire.
-¿Y ahora dónde está el cuento ?, dijo la prima mirando cuantos pisos quedaban por debajo de los pies de Caril.
-No lo sé, lo tiene el Altísimo, ya les he dicho todo. ¡Por favor, déjame que me vaya, Primero ! Debo llegar antes de las once a la estación.
-De aquí no te mueves si no devuelves el cuento, dijo la prima.
-¡Les digo que no lo tengo ! ¡Aaaayyyy !, gritó Caril, ¡me caigo ! ¡me duele !
-¿Qué te duele ?, preguntó Primero agotado de sostenerla.
-El anillo. Me lo estás apretando contra el dedo.
Una luciérnaga se posó en la nariz de Primero.
-¡Aaaaaaachís !, estornudó. ¡Dame el pañuelo, prima !
La prima metió la mano en el bolsillo de Primero pero en lugar del pañuelo sacó un acertijo.
Leyó : “si encuentran lo que buscan, verán que no es tan grande, verán que no es tan blando, y que no está en la cintura”
-¡El anillo !, gritó la prima.
-¡El anillo !, gritó Primero.
-¡El anillo !, gritó Caril. ¡Es el anillo de compromiso que acaba de regalarme el Altísimo !
-¿Van a casarse ? preguntó el primo.
-¿No te ibas a la estación ? preguntó la prima mirando cuanto pisos quedaban por debajo de los pies de Caril.
-Sí. Me voy a la Alta Montaña. El Altísimo no lo sabe pero ayer me contrató el dueño de la computadora para trabajar con él.
-¡Suéltala !, dijo la prima.
Había vuelto a mirar cuantos cuanto pisos quedaban bajo los pies de Caril y comprobado que si la soltaba caería justo en la fuente.
-¡Suéltala !, insistió la prima.
-¿Queeé dices ?, preguntó sorprendido Primero.
-Qué la sueltes, dijo la prima.
-¡No me sueltes por favor ! gritaba Caril.
La prima la empujó de un lado y Caril quedó colgando del pretil con una mano sola.
Primero le sujetó la mano con fuerza.
-¡Aaayyy ! gritó Caril. ¡Otra vez me apretas con el anillo ! ¡Aaayyy !
Primero le sacó el anillo para que dejara de gritar y Caril se deslizó pisos abajo rumbo a la fuente.
¡PLAAAFFF !, sonó.
Unos pececitos que bailaban en ronda una danza salvaje se corrieron para no ser aplastados por la profesora.
“Ay qué lindo
ay qué tierno
qué bonito
que es vivir en Globs
pin pan pon
pin pan pon”
entonaron al reconocerla mientras Caril pedía socorro haciendo la plancha sobre el agua de la fuente.
Comenzaron a oírse unas sirenas. Primero salió corriendo apretando el anillo de Caril con una mano y a la prima con la otra. Descendieron por la escalera en espiral y atravesaron la plaza con rumbo desconocido.
Capítulo veintiuno
21
Eligieron las calles más oscuras que encontraron a su paso. A lo lejos se escuchaban las sirenas.
-¿Crees que ya están yendo a socorrer a Caril ?, preguntó Primero.
-No lo sé, dijo la prima, pero apúrate.
-Es que no veo ni por dónde vamos.
-Creo que nos hemos perdido, consideró la prima.
-No sabemos de quien escapamos, no hemos recuperado el cuento, y nos hemos perdido, lamentó Primero.
-Entonces busquemos el lugar más oscuro entre esos árboles y sentémonos un rato a descansar.
Y eso hicieron. Se tiraron en el suelo boca arriba a contemplar el hermoso cielo de Globs, lleno de estrellas en la oscura noche. Dado que no sabían lo que ocurriría a continuación consideraron que no había razón alguna para no seguir esperando lo mejor.
-¡Ustedes !¡Aquí !, se oyó una voz.
-Sí. Nosotros aquí. ¿Y tú quien eres ? preguntó la prima.
-La que escribe el cuento.
-¡Un momentito ! Los que escribimos el cuento somos nosotros y lo peor es que lo hemos perdido.
-Sí, lo sé, se han metido en flor de lío.
-¿Cómo lo sabes ?, preguntó Primero.
-Esteee..., bueno...
-¿Y qué cuento escribes ?
-Un cuento en el que dos primos relatan lo que ocurre en un lugar con cien habitantes, un poco de memoria y otro poco...
-¡Espera ! ¡Ese lugar es Globs ! dijo Primero, y los primos podemos ser nosotros dos.
-¡Exactamente ! Eso es lo que quería decirles.
-Ay...primo, dijo la prima. ¡Cómo se está enredando todo esto ! ¿Crees que a los lectores les gustará ?
-No sé. Pregúntales.
-Ahora no, interrumpió la que escribe el cuento, tienen que salir de aquí antes de que llegue el día.
-No te veo ¿dónde estás ? ¿cómo te llamas ?, insistía, curiosa, la prima.
-¡No importa eso ahora ! Ya les he dicho que deben irse de aquí lo más rápido posible.
-Oye, creo que te conozco, dijo Primero, ¿acaso tienes un gato que se llama... ?
-He tenido varios gatos, respondió la que escribe el cuento con tono de sonreír. Pero deben irse ahora. Se dirigen hacia el sur por el camino de abedules hasta dar con el círculo tupido de eucaliptos. Lo atraviesan. Verán un claro entre los árboles y en el claro un árbol de copa excepcionalmente ancha. En la copa les he dejado un grandísimo nido al que podrán subir por una escalerilla de materiales naturales. Encontrarán en él una casita pequeña con todo lo que necesitan para pasar la noche. Y también una carta con otras instrucciones.
Ahora los dejo porque estoy apurada.
-¿Qué tienes que hacer a esta hora ? preguntó Primero que había simpatizado con la que escribe el cuento.
-Continuar escribiendo, por supuesto, respondió ella con aire contento. Hasta lueguito y hasta todos los momentos.
-Hasta todos los momentos, repitió la prima, encantada con ese modo de saludar.
-¡Y gracias !, agregó junto a Primero.
-¡Gracias a ustedes !, nos está quedando todo muy bien. Juajuajuá, rió, y no dijo más nada.
Los primos quedaron muy intrigados con esta vuelta inesperada del cuento, pero recordaron que tenían que llegar lo antes posible a la casa del nido del árbol del claro del bosque de los eucaliptos.
Eligieron las calles más oscuras que encontraron a su paso. A lo lejos se escuchaban las sirenas.
-¿Crees que ya están yendo a socorrer a Caril ?, preguntó Primero.
-No lo sé, dijo la prima, pero apúrate.
-Es que no veo ni por dónde vamos.
-Creo que nos hemos perdido, consideró la prima.
-No sabemos de quien escapamos, no hemos recuperado el cuento, y nos hemos perdido, lamentó Primero.
-Entonces busquemos el lugar más oscuro entre esos árboles y sentémonos un rato a descansar.
Y eso hicieron. Se tiraron en el suelo boca arriba a contemplar el hermoso cielo de Globs, lleno de estrellas en la oscura noche. Dado que no sabían lo que ocurriría a continuación consideraron que no había razón alguna para no seguir esperando lo mejor.
-¡Ustedes !¡Aquí !, se oyó una voz.
-Sí. Nosotros aquí. ¿Y tú quien eres ? preguntó la prima.
-La que escribe el cuento.
-¡Un momentito ! Los que escribimos el cuento somos nosotros y lo peor es que lo hemos perdido.
-Sí, lo sé, se han metido en flor de lío.
-¿Cómo lo sabes ?, preguntó Primero.
-Esteee..., bueno...
-¿Y qué cuento escribes ?
-Un cuento en el que dos primos relatan lo que ocurre en un lugar con cien habitantes, un poco de memoria y otro poco...
-¡Espera ! ¡Ese lugar es Globs ! dijo Primero, y los primos podemos ser nosotros dos.
-¡Exactamente ! Eso es lo que quería decirles.
-Ay...primo, dijo la prima. ¡Cómo se está enredando todo esto ! ¿Crees que a los lectores les gustará ?
-No sé. Pregúntales.
-Ahora no, interrumpió la que escribe el cuento, tienen que salir de aquí antes de que llegue el día.
-No te veo ¿dónde estás ? ¿cómo te llamas ?, insistía, curiosa, la prima.
-¡No importa eso ahora ! Ya les he dicho que deben irse de aquí lo más rápido posible.
-Oye, creo que te conozco, dijo Primero, ¿acaso tienes un gato que se llama... ?
-He tenido varios gatos, respondió la que escribe el cuento con tono de sonreír. Pero deben irse ahora. Se dirigen hacia el sur por el camino de abedules hasta dar con el círculo tupido de eucaliptos. Lo atraviesan. Verán un claro entre los árboles y en el claro un árbol de copa excepcionalmente ancha. En la copa les he dejado un grandísimo nido al que podrán subir por una escalerilla de materiales naturales. Encontrarán en él una casita pequeña con todo lo que necesitan para pasar la noche. Y también una carta con otras instrucciones.
Ahora los dejo porque estoy apurada.
-¿Qué tienes que hacer a esta hora ? preguntó Primero que había simpatizado con la que escribe el cuento.
-Continuar escribiendo, por supuesto, respondió ella con aire contento. Hasta lueguito y hasta todos los momentos.
-Hasta todos los momentos, repitió la prima, encantada con ese modo de saludar.
-¡Y gracias !, agregó junto a Primero.
-¡Gracias a ustedes !, nos está quedando todo muy bien. Juajuajuá, rió, y no dijo más nada.
Los primos quedaron muy intrigados con esta vuelta inesperada del cuento, pero recordaron que tenían que llegar lo antes posible a la casa del nido del árbol del claro del bosque de los eucaliptos.
Capítulo veintidós
22
Subieron la escalerilla, muy linda, muy natural. Un salto y estaban dentro del nido. Allí encontraron la casita pequeña.
Entraron. Dos colchones en el suelo con fundas de colores, almohadas y mantas, y una mesa casera bajita con dos bancos largos. Sobre la mesa una pequeña lámpara, un termo de chocolate con leche, tazas, cucharitas, azúcar, servilletas, un plato con pan de queso y una carta.
Queridos niños : he dejado a la vista lo necesario para que pasen cómodos la noche. En el estante junto a la puerta hay una linterna. Deben salir temprano en la mañana. Se dirigen a las bibliotecas, a lo de Sueña de Tulc. Hasta todos los momentos.
-Hasta todos los momentos, saludó la prima mirando la carta. ¿A lo de Sooooña de Tuulc ? ¿De mañana y con linterna ? ¿Y esto de que se trata, Primero ?
-Chocolate con leche pan de queso, dijo el primo y se sentó a comer.
La prima se rió y se sentó junto a él.
-Al fin solitos, Primerito, le dijo bromeando, intentando revolotear las pestañas como Caril.
-No me digas Primerito, respondió el primo levantando la ceja.
-Está bien, Primerillo. Al fin solillos. ¿Qué crees que vamos a hacer a lo de Sueña de Tulc ?
-Esa parte del cuento la desconozco por completo, dijo Primero. Y le ofreció una taza con chocolate.
-¿Y para qué una linterna en la mañana ?
-Bueno..., esa parte también la desconozco, dijo. Y le ofreció pan de queso.
La prima dejó de hacer preguntas y se dio cuenta de que tenía sueño.
¡Qué cansados estaban !
Comieron y se fueron a dormir.
¡Cocorococó !
¡Cocorococó !
-Nos vamos..., dijo la prima entre sueños.
-¿Otra vez Cazador ? preguntó Primero sin abrir los ojos.
¡Cocorococó ! ¡Cocorococó ! insistió el gallo.
Se levantaron.
-Dice mi abuela...
-¿Tu abuela vive ? interrumpió Primero investigando si la prima estaba bien despierta.
-No, no, no, soñé con ella. Dice que no salgamos sin desayunar.
-Bien. Desayunemos. ¿Y qué más dice ?
-Que no olvidemos el anillo.
-Lo tengo en el bolsillo, respondió Primero. ¿Para qué lo queremos ?
-Esa parte del cuento la desconozco completamente. ¡Mira, primo ! ¡Un buzón !
Primero se acercó. Observó un letrero que decía : ‘LAS NOTAS ‘
-¿Crees que es otra pista ?
-Cazador no ha venido.
-Las notas, las notas, las notas, repetía Primero. Seguro que son de la que escribe el cuento.
-Quizás le está poniendo música y deja las notas en el buzón para que no se le pierdan. Muévelo a ver si suena.
-Suena a papeles, dijo Primero.
Decidieron no abrir el buzón porque su curiosidad tenía un límite. Era el del respeto y el cuidado.
-Para ver lo que guarda la que escribe el cuento en el buzón, tendríamos que quebrarlo, advirtió Primero.
-Y no lo haríamos, dijo la prima.
-¡Clarito que no ! respondió Primero imitándola.
Ella se rió y el primo le acarició la mejilla.
-Estoy muy feliz por tenerte en este baile, le dijo.
-Pero no robarás nada de mi mochila, bromeó la prima, recordando el asuntillo de Caril.
-Quizás un pan de queso si ahí los guardas, dijo Primero alcanzando los panes que sobraban, un termo y la linterna.
-¡Nos vamos, prima !
-¡Nos vamos, primo !
Hasta todos los momentos escribió el primo en una servilleta que dejó sobre la mesa, y salieron de la casita. Un salto y estaban fuera del nido. Descendieron por la escalerilla natural.
-¿Peeero queeeé es eeesto ? exclamó la prima.
-Una verde pradera llenita de ovejas salvajes que saltan y comen pasto.
-¿Y dónde quedaron los eucaliptos ?
-A lo lejos veo algunos, respondió Primero. Para allá vamos.
-¿Qué crees que pasó ? preguntó la prima.
-Bueno..., seguro que la que escribe el cuento imaginó una pradera y la llenó de ovejas. Y las ovejas comen pasto.
-¡Podría habernos avisado ! ¡Este paisaje no lo conocemos ! ¿Qué le habrá dado para imaginar esto ?
-No lo sé, pero en tren de imaginar, prefiero una pradera verde con ovejas salvajes, que un lugar con cien personas donde la mitad casi no pueden comer.
-Ese cuento lo conocemos Primero, es un poco inventado y un poco...
-Y un poco de memoria, la interrumpió, pero recuerda que las cuentas estaban hechas ya en el primer capítulo.
-Lo recuerdo, dijo la prima mirando las ovejas. ¡Qué bonitas !
-¡Andando !, exclamó Primero.
Y emprendieron la marcha con cierta nostalgia del perro de Francisco.
Subieron la escalerilla, muy linda, muy natural. Un salto y estaban dentro del nido. Allí encontraron la casita pequeña.
Entraron. Dos colchones en el suelo con fundas de colores, almohadas y mantas, y una mesa casera bajita con dos bancos largos. Sobre la mesa una pequeña lámpara, un termo de chocolate con leche, tazas, cucharitas, azúcar, servilletas, un plato con pan de queso y una carta.
Queridos niños : he dejado a la vista lo necesario para que pasen cómodos la noche. En el estante junto a la puerta hay una linterna. Deben salir temprano en la mañana. Se dirigen a las bibliotecas, a lo de Sueña de Tulc. Hasta todos los momentos.
-Hasta todos los momentos, saludó la prima mirando la carta. ¿A lo de Sooooña de Tuulc ? ¿De mañana y con linterna ? ¿Y esto de que se trata, Primero ?
-Chocolate con leche pan de queso, dijo el primo y se sentó a comer.
La prima se rió y se sentó junto a él.
-Al fin solitos, Primerito, le dijo bromeando, intentando revolotear las pestañas como Caril.
-No me digas Primerito, respondió el primo levantando la ceja.
-Está bien, Primerillo. Al fin solillos. ¿Qué crees que vamos a hacer a lo de Sueña de Tulc ?
-Esa parte del cuento la desconozco por completo, dijo Primero. Y le ofreció una taza con chocolate.
-¿Y para qué una linterna en la mañana ?
-Bueno..., esa parte también la desconozco, dijo. Y le ofreció pan de queso.
La prima dejó de hacer preguntas y se dio cuenta de que tenía sueño.
¡Qué cansados estaban !
Comieron y se fueron a dormir.
¡Cocorococó !
¡Cocorococó !
-Nos vamos..., dijo la prima entre sueños.
-¿Otra vez Cazador ? preguntó Primero sin abrir los ojos.
¡Cocorococó ! ¡Cocorococó ! insistió el gallo.
Se levantaron.
-Dice mi abuela...
-¿Tu abuela vive ? interrumpió Primero investigando si la prima estaba bien despierta.
-No, no, no, soñé con ella. Dice que no salgamos sin desayunar.
-Bien. Desayunemos. ¿Y qué más dice ?
-Que no olvidemos el anillo.
-Lo tengo en el bolsillo, respondió Primero. ¿Para qué lo queremos ?
-Esa parte del cuento la desconozco completamente. ¡Mira, primo ! ¡Un buzón !
Primero se acercó. Observó un letrero que decía : ‘LAS NOTAS ‘
-¿Crees que es otra pista ?
-Cazador no ha venido.
-Las notas, las notas, las notas, repetía Primero. Seguro que son de la que escribe el cuento.
-Quizás le está poniendo música y deja las notas en el buzón para que no se le pierdan. Muévelo a ver si suena.
-Suena a papeles, dijo Primero.
Decidieron no abrir el buzón porque su curiosidad tenía un límite. Era el del respeto y el cuidado.
-Para ver lo que guarda la que escribe el cuento en el buzón, tendríamos que quebrarlo, advirtió Primero.
-Y no lo haríamos, dijo la prima.
-¡Clarito que no ! respondió Primero imitándola.
Ella se rió y el primo le acarició la mejilla.
-Estoy muy feliz por tenerte en este baile, le dijo.
-Pero no robarás nada de mi mochila, bromeó la prima, recordando el asuntillo de Caril.
-Quizás un pan de queso si ahí los guardas, dijo Primero alcanzando los panes que sobraban, un termo y la linterna.
-¡Nos vamos, prima !
-¡Nos vamos, primo !
Hasta todos los momentos escribió el primo en una servilleta que dejó sobre la mesa, y salieron de la casita. Un salto y estaban fuera del nido. Descendieron por la escalerilla natural.
-¿Peeero queeeé es eeesto ? exclamó la prima.
-Una verde pradera llenita de ovejas salvajes que saltan y comen pasto.
-¿Y dónde quedaron los eucaliptos ?
-A lo lejos veo algunos, respondió Primero. Para allá vamos.
-¿Qué crees que pasó ? preguntó la prima.
-Bueno..., seguro que la que escribe el cuento imaginó una pradera y la llenó de ovejas. Y las ovejas comen pasto.
-¡Podría habernos avisado ! ¡Este paisaje no lo conocemos ! ¿Qué le habrá dado para imaginar esto ?
-No lo sé, pero en tren de imaginar, prefiero una pradera verde con ovejas salvajes, que un lugar con cien personas donde la mitad casi no pueden comer.
-Ese cuento lo conocemos Primero, es un poco inventado y un poco...
-Y un poco de memoria, la interrumpió, pero recuerda que las cuentas estaban hechas ya en el primer capítulo.
-Lo recuerdo, dijo la prima mirando las ovejas. ¡Qué bonitas !
-¡Andando !, exclamó Primero.
Y emprendieron la marcha con cierta nostalgia del perro de Francisco.
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