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Los detuvo el mostrador. Más bien el flaco que repartía los cubiertos. Mirándolo bien no era tan flaco. Sus brazos eran musculosos.
Come mucha espinaca, pensó Primero en voz alta recordando a Popeye.
-Hago pesas, respondió el flaco. Y uno, y dos, y uno, y dos, y uno
-Y uno que está con nosotros no tiene cubiertos, interrumpió la prima.
-¡Adelante, adelante, bienvenido, “no se pierda esta gran Fiesta”, “sea tan feliz como se lo proponga”, adelante, adelante !
-Adelante suyo está, dijo la prima.
Primero anotaba. Siempre que no estaba conversando - y era de poco hablar - escribía lo que pasaba. Y así se iba haciendo el cuento.
-¿Adelante mío qué ?, preguntó el flaco. Salga de acá señor, hágame el favor, dijo a Francisco.
-Adelante suyo está el señor que no tiene cubiertos. Ahora está al costado porque usted lo corrió.
-¿Cual es su trabajo ?, preguntó Primero lapicera en mano.
-¡Bueno ! ¡Basta ! ¿Quienes son ustedes ? ¿Son de la prensa ? No hacen más que anotar y preguntar y preguntar y preguntar. Soy el Altísimo Encargado de todos los carteles luminosos, las propagandas y los programas de radio y televisión, periódicos y afines.
El que convoca a los habitantes a mantenerse unidos y finalmente el que distribuye los cubiertos.
-¡Justito ! Acá hay uno sin cubiertos, exclamó la prima testaruda, buscando a Francisco con la mirada.
Pero no lo encontró.
-Primero, ¿viste dónde se metió Francisco ?
-...de se metió Francisco, repitió Primero terminando de anotar. No.
-Ese señor, dijo el flaco, simpático nuevamente, ese señor es un pobre señor que anda siempre entre animales y que aquí es muy querido. Por eso algunos cuando se van tiran miguitas al lado de la puerta. Porque el las junta.
-Nunca me gustó la manía esa de andar juntando, suspiró Primero.
-No, se equivoca, no es manía, continuó el flaco. Me parece que usted debe ser uno de esos que se pasan escribiendo y no les importa nada de lo que pasa en el mundo.
-...da de lo que pasa en el mundo, terminó de anotar Primero. Lo que pasa es que estoy escribiendo un cuento, agregó, levantando la ceja.
-¿Un cuento ? ¿Y qué cuento es ese ? se apuró el flaco, mientras intentaba sacarle una hoja.
También soy el Altísimo Encargado de administrar el cuento, perdón, los cuentos.
-Cuando lo termine se lo muestro, dijo Primero, ordenando las hojas. ¡Allá está Francisco, prima ! Sentado al lado del sauce. ¿Pero qué está haciendo ?
-Está hablando con el sauce, respondió la prima frotándose las manos. Yo le había visto pinta de hablar con los árboles. ¡Francisco, te quiero !, le gritó loca de contenta, reconociendo un amigo.
-¡Ay no grites !, pidió Primero acariciándose una oreja. Consigue de una vez esos cubiertos y nos vamos.
-Cierto. Por favor, señor, los cubiertos.
-No, niña, el señor no necesita cubiertos.
-Primo..., susurró la prima, que iba a continuar pero quedó interrumpida por su minuto de preocupación.
-Vamos, dijo Primero un poco cansado, tomando a la prima de la mano y sin anotar nada.
martes, 23 de octubre de 2007
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