18
La biblioteca era una bonita casa rodeada de jardín. No entraron.
Sentada en el jardín, junto a un escritorio de madera estaba Sueña de Tulc.
-¿Usted es Sueña de Tulc ?
-Sí, sí, sí, respondió la señora.
-Mucho gusto, saludó Primero, venimos de parte del Altísimo.
-El Altísimo..., ahá, sí, sí, sí.
-Estábamos escribiendo un cuento y resulta que no lo podemos terminar, dijo Primero.
-¿Un cuento ? ¡Qué bueno ! ¿Y porqué no lo pueden terminar ?
-Porque ya no lo tenemos, dijo la prima.
Relataron lo que había ocurrido con el cuento : las hojas manchadas, las letras en el suelo, y le mostraron a Sueña de Tulc la copia de lo que había quedado del capítulo diez en las grandes telas.
-Sí, sí, sí, dijo ella, esto apareció en las grandes telas, ya lo había leído.
-Jamás escribimos eso, agregó la prima, ni lo escribiríamos. ¡Clarito que no !
-¡Clarito !, acompaño Sueña sonriendo. ¿Y ahora qué están buscando ?
-La noticia en bruto, dijo Pequeño Mago, para saber quien la llevó al Almacén.
-Parece que la borraron, dijo Pao.
-Es cierto, respondió Sueña, se borran en cuanto las telas quedan estampadas.
-Sí, y las telas cuelgan en todas partes en las esquinas céntricas y próximas al centro y cualquiera puede leerlas y copiarlas y..., se apuró Luna temiendo escuchar por segunda vez el mismo discursete del Altísimo.
-Cualquiera no, dijo Sueña.
-Los habitantes de cualquier zona de Globs y aquel que no lo hace es porque no lo desea. Eso dijo el Altísimo, agregó Primero.
-El Altísimo, ahá, sí, sí, sí..., dijo Sueña.
-¿Lo conoce ?
-Lo conozco. Para copiar las telas hay que escribir, ¿no les parece ?
-Y sí, dijo la prima, mirando un baúl junto al escritorio de Sueña de Tulc.
-Y para entender lo que está escrito hay que leer.
-Exactamente, dijo Primero dibujando letras en el aire. Eso se aprende en la escuela.
-Exactamente, dijo Sueña de Tulc, se aprende en la escuela si es que se va a la escuela y si se está lo suficientemente bien alimentado como para atender a la maestra.
-¿Y entonces ?, preguntó Primero.
-Entonces en este lugar...
-En este lugar con sus cien habitantes, agregó Primero recordando el principio del cuento.
-70 personas no saben leer.
-¡Ay !, dijo la prima, 100-70 = 30 ¡Esa cuenta ya está hecha ! Las grandes telas son para treinta habitantes.
-Probablemente menos, agregó Sueña. La mitad de los habitantes de Globs están muy mal alimentados y de las grandes telas ni se enteran.
-Francisco, Maguito, Pao y Luna no tienen casa, ni tarea, ni nada, y sin embargo leen y escriben y conocen mucho de lo que ocurre en Globs, dijo la prima.
-Eso déjalo como misterio, dijo Primero, rascándose la cabeza.
-Misterio, misterio, misterio, repetía la prima, observando atentamente el baúl junto a la mesa.
-Se cierra automáticamente cuando cae el sol, comentó Sueña.
-Entonces ahora está abierto, dijo Pequeño Mago.
-Digamos que se puede abrir, respondió Sueña de Tulc.
-¿Se puede ?, preguntó Primero.
Sueña levantó la tapa del baúl y un búho se posó sobre una esquina.
-¡Ahhhh !, exclamaron todos.
-¿Es por el búho ?, preguntó Sueña sonriendo.
La prima, Primero, Luna, Pao y Pequeño Mago contemplaban fascinados los colores que salían del baúl.
-¿Qué es esto ?, preguntó la prima.
-Es otra biblioteca.
Se acercaron. El baúl estaba lleno de pequeñísimos estantes que sostenían todo tipo de figuritas geométricas de las más variadas formas y colores, algunos cuadraditos que parecían caramelos, libritos en miniatura, y otros objetos por el estilo.
-¡Eso es lo que no se guarda en el Almacén para evitar que se pierda!, exclamó Primero.
-Pues aquí no se pierde, dijo Sueña de Tulc.
-¡Bahú !, confirmó el búho.
-Qué pequeños serán los discos para computadora, pensó Primero en voz alta.
-Eso no tengo, dijo Sueña. En todo Globs hay solamente una computadora y está en la Alta Montaña.
-Todo en Globs suena a disparate, dijo Primero, rascándose nuevamente la cabeza. Y todo esto nos viene muy bien para el cuento.
-¿Qué cuento ?, dijo la prima triste.
-Necesitamos recuperar nuestro cuento, afirmó Pao.
-Lo siento mucho jovencitos, dijo amablemente Sueña de Tulc, no puedo hacer nada por ustedes.
Le agradecieron de todos modos, se despidieron de ella, del baúl y del búho. Sueña cerró el baúl, el buhó se retiró, y los niños emprendieron la marcha hacia la cabaña.
Habían caminado media cuadra cuando la prima sintió necesidad de mirar hacia atrás.
¡Flipst !, llegó volando un teléfono móvil junto a Sueña de Tulc que lo agarró en el aire.
-Juajuajuá, eso déjalo como misterio, dijo la prima a Primero.
lunes, 22 de octubre de 2007
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