15
Salieron del depósito con intenciones de caminar otra vez en dirección al centro, hacia el Gran Salón.
-¡Espera Pao !, mejor no ir, dijo la prima.
-¿Te has cansado de caminar ?
-No, no es eso, quiero ir al parque, necesito contarle todo a Primero.
Y allá se fueron.
-Primero dime por favor que es lo que has hecho con el cuento porque yo no vi que hicieras nada pero resulta que algo habrás hecho puesto que hemos visto en las grandes telas una parte del capítulo diez y no quise seguir leyendo porque vi varias palabras cambiadas y también vi que no conservaba el sentido y parece que las telas se escriben en el depósito y que al depósito
-Espera prima, interrumpió Primero que no entendía nada, viendo que la prima no paraba de hablar. ¿Qué ocurre con el cuento ?
Pao le contó lo que habían encontrado y el recorrido que habían hecho por el depósito.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez.
-No he perdido nada. Cuando escribo, escribo, luego acomodo las hojas y las guardo en la mochila
-Y luego las sacas y...
-Y luego nada. Saco hojas en blanco, las escribo y las guardo.
-Fíjate si has perdido el capítulo diez, insistió la prima alcanzando la mochila a Primero.
El primo sacó las hojas. Comenzó sacando las hojas en blanco, luego las que había escrito recientemente, luego algunas manchadas de azul...
-¿Qué son estas manchas ? preguntaba Primero y seguía sacando hojas.
Aparecieron otras con manchas más grandes y con algunas letras menos. Y otras, con manchas más grandes todavía.
-¿Qué es esto ?, repetía Primero mientras seguía sacando hojas.
-¡Baldrab... ! ¡Es una mancha !, exclamó Pequeño Mago. Una mancha que se extiende por todas las hojas y va quitando las letras.
-¿Pero cómo puede ser si... ?
-Pues porque alguien lo ha manchado. ¡Claro !
Manchado claro vino enseguida.
-No es nada personal, puedes quedarte tranquilo, le dijo Pequeño Mago al cachorrito.
-Y mira el margen de esas hojas..., han aparecido agujeritos, observó Primero.
-Son hojas con agujeros, dijo la prima, prontas para ser archivadas en carpetas.
-Jamás pensamos en archivar el cuento y por lo tanto no utilizamos ese tipo de hojas. Eso lo puedo asegurar, dijo el primo.
-Y yo puedo asegurar que nos cambiaron las hojas, dijo la prima, tapándose los ojos.
-¡Letras !, exclamó Pao. ¡El suelo está lleno de letras !
Se pusieron a buscar. Encontraron muchas vocales, unas cuantas consonantes, y las fueron agrupando. Pao encontraba las letras y se las daba a Primero que las iba colocando sobre una piedra chata.
La prima se fue. No quería ver lo que había quedado del cuento. Luna la acompañó y la condujo adonde estaba la tabla.
-Mira, le dijo.
-¡Qué bonita madera y qué bonita letra !, dijo la prima haciendo un esfuerzo por distraerse.
-Lee, dijo Luna.
La prima leyó. -¡Bueniiísimo !, exclamó. Esto le estaba haciendo falta al cuento. Aunque ahora...
-Ahora..., dijo Luna. Ahora, si alguien tiene las hojas, no tendrá el original de la regla nueva.
Y si vienen a buscarlo..., continuó mientras levantaba un leño pesadísimo. Y si vienen a buscarlo...
-¿Qué haces ?, interrumpió la prima.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac ! Luna le daba a la tabla con toda su fuerza.
La prima tomó otro leño y comenzó a golpear del otro lado.
Llegó Pequeño Mago con un leño más pesado todavía.
¡Bdrac ! ¡Badarrac ! ¡Tracapac !, comenzó a darle a la tabla mezclando cada tanto algún ¡Baldrabaldrás !
-¿Qué están haciendo ?, preguntó Francisco, que se había acercado intrigado por el bochinche.
-Hundiendo la tabla en la tierra, dijo Luna.
-Para que si la buscan no puedan encontrarla, agregó la prima.
-Y haciendo llover, dijo Pequeño Mago acercando tres jarros con agua de lluvia de la que guardaban detrás de la cabaña.
Francisco se retiró sin preguntar nada más.
Mientras tanto, Pao seguía encontrando letras y dándoselas a Primero que las ordenaba sobre la piedra chata, recuperando palabras del cuento. De pronto se cansó y comenzó a cambiar el orden de las letras.
Pequeño Mago, Luna, y la prima, arrojaron unos cuantos puñados de tierra en el lugar donde habían hundido la tabla para cubrirla completamente. Comenzaron a danzar, entonando palabras sin sentido. Bailaban alrededor de la tabla escondida lanzando desde los jarros agua de lluvia.
¡Baldrabaldrás !, gritaba Pequeño Mago.
¡Renacerás !, gritaba Luna.
¡Acavendrás !, gritó la prima.
Primero se reía a carcajadas.
-¡Mira !, le gritó a Pao. ¡mAl sitio ! ¡mAl sitio !
-¿Qué dices ?, preguntó Pao con las manos llenas de letras.
-¡Donde decía ‘Altísimo’ ahora dice ‘mAl sitio’ ! Juajuajuajuajuá, se reía Primero a viva voz, encantado con el juego que había descubierto. ¡Y en lugar de ‘Primero’ dice ‘mi Perro’ ! ¡Juajuajuajuajuá !
-Pero así no reescribirás el cuento, Primero, susurraba Pao sin poder creer lo que veía.
-Juá Juajuá Juajuá, continuaba el primo y seguía jugando con las letras.
-¡Así no, Primero ! dijo Francisco, que se había acercado nuevamente. Si quieres a tu perro lo llamas por su nombre : Andando, por ejemplo. Andando vino enseguida. Y mal sitio es la intemperie cuando está fresco. Como ahora, agregó, pasándole un saquito.
¡Baldrabaldrás !¡Renacerás !¡Acavendrás !, cantaban y danzaban haciendo llover, Maguito, la prima y Luna.
Se supone que debían estar tristes pero más bien parecía que se habían vuelto locos.
Pao se acercó. -¿Qué hacen ?
-Escondimos la tabla, dijo Luna.
-Plantamos un nuevo árbol, dijo Pequeño Mago.
-Y ahora lo estamos regando, agregó la prima sin parar de bailar.
-¡Pronto !, dijo Luna
-¡Listo !, dijo Pequeño Mago
-¡Y ya !, agregó la prima sin parar de bailar.
-No, no, no, lo que se dice ya ya ya, ahorita mismo, no, pero dale tiempo y verás como florece, pensó Maguito en voz alta.
- “Qué todo tiene un tiempo bajo el sol”, dijo Luna.
-¡Claro !, dijo la prima, esa me la enseñó a cantar mi hermana : “porque habrá siempre tiempo de plantar y de cosechar”
-Nos vamos, dijo Pao.
-¿Adooónde ?, gritó Primero.
-No sé, pero nos vamos. Adonde sea. A recuperar el cuento.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, gritó Cazador desde lejos.
-¡Muiiiiiiiiiiiiiiiiiaú !, le contestaron todos menos Pao que juntaba las mochilas.
El gato se acercó, otra vez todo despeinado y con un cartelito colgando del bigote :
¡LEA HOMBRE !
-¡Primero !, exclamó la prima, ¡te han traído algo !
El primo abrió el papel : “si encuentran lo que buscan, verán que no es tan grande, verán que no es tan blando, y que no está en la cintura”
-Otro acertijo, dijo la prima.
-Eso parece, dijo Primero mirando al gato.
-¡Nos vamos !, dijo la prima. ¡Ahora sí que nos vamos !
-¿Y qué es lo que pasa ahora ?, preguntó Pao.
-Pasa que cuando Cazador trajo el primer acertijo nos fuimos a dormir y a la mañana siguiente me fui contigo rumbo al centro.
-¿Y eso qué tiene qué ver ?, preguntó Pao.
-¿No querías que nos fuéramos, Pao ?, preguntó a su vez la prima.
-Sí, respondió Pao.
-¿Y no era que no sabías adónde ?
-No sabía, dijo Pao.
-Pues no dormimos y nos vamos directamente al centro.
-¿Y eso de dónde lo sacas ?, preguntó Pao asombrado.
-No sabe. ¡Pero nos vamos al centro !, dijo Primero que sabía por experiencia propia lo bien que se entendía la prima con los gatos.
-¡Un momento !, dijo Francisco que no se había acercado antes por no interrumpir el jolgorio. Antes se pasan esto.
-¿Agua bendita ?, preguntó Pequeño Mago mirando el botellón que traía Francisco.
-Para el caso es lo mismo, respondió Francisco sonriendo. Leche con miel.
Uno por uno bebieron del botellón, agradecieron a Francisco la bebida y a Cazador el acertijo. Emprendieron la marcha. Iban uno detrás del otro atravesando el parque entre las sombras. Ya era de noche. Luna iba adelante porque llevaba linterna. Un lobo se acercó y los guió por los mejores caminos hasta que salieron del bosque.
lunes, 22 de octubre de 2007
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