lunes, 22 de octubre de 2007
Capítulo trece
13
La prima se levantó con ganas de ir a pasear por las calles de Globs. Pao se ofreció a acompañarla.
Caminaron un rato por el parque, atravesaron la plaza y llegaron al centro.
-¿Qué es eso que mueve el viento ?, preguntó la prima.
-Las grandes telas.
-Están escritas, advirtió la prima.
Se acercaron. Eran las noticias del día, con texto y fotografías.
-¡El Super Especialista !, gritó la prima.
-Sí, respondió Pao, es quien más sabe del Juego de Globs y el responsable de su buen funcionamiento.
-¿De su buen queeeé ?. Funciona bastante mal...
-El explica muy bien porqué funciona mal, respondió Pao, y los dos se rieron.
La prima le contó que el Super había intentado darle unas explicaciones y ella se había enredado con el hilo.
-¿Con el hilo de qué ?, preguntó Pao.
-Con el hilo, con el hilo, con el hilo...¡con el hilo del cuento !¡lo encontré ! ¿Así que éstas son las grandes telas ? Veamos que dicen las noticias.
“PREMIUM Y COMPAÑÍA EN EL PAIS DE GLOBS”.
Les llamó la atención el titular. Y comenzaron a leer.
Mientras tanto, junto a la cabaña, Francisco, Lunulia, Pequeño Mago y Primero preparaban el almuerzo. Francisco había regado el jardín del doctor y la esposa de este le había ofrecido pancitos caseros. Con unas cuantas verduras conseguidas por ahí se disponían a cocinar una gran sopa. La pusieron sobre el fuego y se sentaron a conversar.
-Sería muchísimo mejor para ti que plantaras tú mismo las verduras, sugirió Primero.
¡No tendrías que salir a buscar ingredientes para la sopa y a ver si encuentras o si no encuentras !
-Para eso necesito un lugar de la tierra de Globs donde pueda sembrar, cuidar y cosechar.
Y no lo tengo.
-Todas las tierras de Globs están llenas de plantaciones, afirmó Primero, suponiendo que era esa la razón y apurando el cuento.
-No, hay muchísimas tierras buenas para plantar que están vacías.
-¡En esas mismas !, continuó el primo, llevamos las semillas, las...
-No se puede pasar, interrumpìó Luna.
-Oye Primero : qué no haya nada plantado no significa que Francisco pueda pasar así nomás como Perico por su casa con sus semillas, dijo Pequeño Mago.
-No puedes pasar a las tierras si antes no las consigues a cambio de suficientes globs, continuó Luna.
-¿Y porqué están vacías ?, preguntó el primo.
-No sé, respondió Francisco.
-¿Y para qué las quieren los que las han conseguido ?
-Digamos que las quieren, las consiguen, y las juntan.
-Eso lo vieron en una película, dijo Primero con la ceja levantada.
-¿En una película ?, preguntó Francisco asombrado.
-Sí. Es muy parecido a lo de estudiante de cine producciones presenta : “la gran fiesta”.
-No te comprendo bien, dijo Francisco. Además esa película fue vista por muy poquita gente por ser de tan pequeño tamaño.
-Yo sí la vi puesto que soy un tan Pequeño Mago. ¡Baldrabaldrón, el primo tiene razón !
-¿De qué hablan ?, preguntó Francisco que aun no comprendía.
-De que no importa si la vieron o no la vieron. Lo que dice Primero es que es casi lo mismo que ocurría en ‘la gran fiesta’. ¿Recuerdas bien la película ?
-Sí, respondió Francisco.
-¡Baldrabaldrás ! Entonces imagínatela.
-¡Ya la tengo, Maguito !
-Muy bien, muy bien, ahora deja todo como está : las personas, la mesa, las sillas, la bolsa de globs, etcétera, y en el lugar de la torta coloca una fuente con las tierras de Globs.
-¡Listo !, dijo Francisco.
-¡Listo !, dijo Primero. ¡Tiene razón el Mago ! Sólo que en lugar de juntar porciones de torta que nunca van a comer y guardarlas en bandejas debajo de las sillas, juntan porciones de tierra que nunca van a plantar.
-Cierto, agregó Francisco.
-¡Qué no sean tan egoístas !, exclamó Luna mientras jugaba con Los Manchados.
-Eso dijo la prima, recordó Primero.
-Tiene razón la prima, dijo Luna.
-Y también Luna, dijo Francisco.
-¡Y también tú !, dijo Luna a Francisco.
Andando ladró.
-Sonlasreglasdeljuego, sonlasreglasdeljuego, lo que se puede hacer se hace, dijo Pequeño Mago rapidito, visiblemente molesto.
Luna se levantó. Fue a ver como andaba la sopa y comenzó a buscar algo entre los árboles. ¡Esto puede servir !
Volvió con un trozo de madera como una tabla que alguien había tirado en el parque. Buscó en su mochila una herramienta puntiaguda de esas que utilizaba para arreglar carteras, zapatos, y todas esas cosas.
-¿Cómo va el cuento ?, preguntó a Primero.
-Va muy bien, Luna, gracias.
-“Decimos que cada cual podrá querer lo que quiera...” comenzó a escribir Luna con la herramienta sobre la tabla de madera.
-“Pero nosotros, habitantes encariñados con el presente...”
-“...y el futuro...”, agregó Pequeño Mago.
-“...de Globs...”, dijo Francisco.
Primero anotaba asombrado ante esta vuelta inesperada del cuento.
-“...consideramos que lo mejor será que no se permita más...”
-“...la juntadera...”, agregó Pequeño Mago rapidito.
-¿Perdón ?, preguntó el primo.
-Bueno, la costumbre esa de coleccionar... Pero deja juntadera.
-¡Esa manía de coleccionar !, dijo Primero mientras anotaba lo de juntadera.
-“... para no seguir atentando contra la vida buena de todos los habitantes de Globs...”, dijo Francisco, suavecito como siempre.
-Escribe TODO, con mayúsculas y sin s al final, solicitó Pequeño Mago, volviendo a espantar al viento.
-Pero..., dijo Francisco
-Sí, sí, ya sé que no está bien escrito, pero léelo y verás que igual se entiende, insistió Pequeño Mago. Y continuó : -pues claro, qué gracia tiene que unos anden con tanta juntadera mientras que a la mayoría de los habitantes de Globs...
-Todo se les complica, pensó Primero en voz alta considerando lo que la prima decía a cada rato (en Globs todo se complica).
-¡Hecho !, dijo Luna.
-¡...echo !, terminó de anotar Primero. Hecho ¿qué cosa ?
-Una regla distinta y nueva para el cuento ¿la dejas Primero ?, preguntó Lunulia al costado de la sopa.
-Ya está escrita, dijo Primero sonriendo. Aunque un poco desordenada. La volveré a escribir.
“Decimos que cada cual podrá querer lo que quiera...
Pero nosotros,
habitantes encariñados con el presente, y el futuro, de Globs,
consideramos que lo mejor será :
que no se permita más la juntadera,
de modo de no seguir atentando contra la vida buena de
TODO
los habitantes de Globs...”
Francisco sonrió y fue a ver como andaban los animales. Luna y Pequeño Mago trajeron los recipientes llenos de “sopita caliente de martes en el bosque” (así le llamaron a la receta), y Primero dejó la escritura. Al rato estaba todo listo para el almuerzo.
No esperaron a Pao y a la prima porque se les ocurrió que iban a demorar.
Puesto que no encontraron mejor lugar dónde apoyar los platos, dieron vuelta la tabla sobre la tierra y les quedó como mesa.
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