lunes, 22 de octubre de 2007

Capítulo veinticuatro

24

Imposible saber cuanto tiempo de reloj estuvieron caminando pero el tiempo de los pies indicaba un largo trecho. Caminaron, se cansaron, se sentaron, jugaron, comieron, saltaron como monos de rama en rama, saludaron cada tanto alguna hoja o animalillo del bosque, y encendieron varias veces la linterna. Cantaron y cantaron y cantaron, para espantar el miedo,
y nomás por cantar.
Un pajarito pió desde lo alto. Lo buscaron y encontraron el cielo.
-¡Se ve el cielo, primo ! ¡Y está cayendo el sol ! ¡Ya no saldremos de aquí ! gritó la prima. Comenzó a girar y girar sobre sí misma tan rápidamente que parecía una tormenta de viento. Primero giró con ella. Atravesaron girando unos cuantos arbustos y ¡TAC !, los detuvo el suelo firme.
Cesaron de girar.
-¡Bueniiísimo ! exclamaron. Estaban frente al sendero de los grandes árboles que conducía a lo de Sueña de Tulc.

-¡Al fin ! dijo Sueña de Tulc. Sabía que vendrían. Los estaba esperando.
-Sabía que veníamos, Primero..., le dijo la prima en el oído. ¿Acaso la que escribe el.... ?
-Eso déjalo como misterio. Ya sabes que de Tulc tiene teléfonos que vuelan... ¿No lo recuerdas ?
-Juajuajuá, recordó la prima. ¡Muy buenas tardes, Sueña de Tulc !
Resulta que nosotros, continuó, salimos temprano en la mañana, y no sabemos porqué se nos alargó tanto el camino que...
-Que llegamos a esta hora. Eso es todo prima, no te compliques más.
-Por algo será, respondió Sueña de Tulc.
-Nos han dicho que nos hemos metido en flor de lío, dijo la prima. Y nosotros creemos lo mismo.
-¿Y qué lío es ese lío ?
-Eso no lo sabemos, pensó Primero en voz alta. Nos hemos enterado de que fue Caril quien robó nuestro cuento. Pero ella tampoco lo tiene...
-Bueno, a ver..., sabíamos que teníamos que venir, continuó la prima, que temprano en la mañana debíamos desayunar, y que era muy importante que no olvidáramos el anillo.
-¿El anillo ?, preguntó Sueña.
-El anillo de Caril.
-¿Lo trajeron ?
-Aquí está, respondió Primero sacándolo de su bolsillo y ofreciéndolo a de Tulc.
Ella tomó el anillo y sonrió.

-¿Te gusta ? preguntó la prima.
-Sí, sí, sí, respondió de Tulc observándolo atentamente. ¿Ven esto que hay aquí ?
-¡Claro ! dijo Primero, un adorno en el anillo, una piedrecita blanca.
Sueña sacó una pequeña herramienta de un cajón del escritorio y extrajo la piedrecita.
-¡Qué bonita ! exclamó la prima. Es una esfera pequeña.
-Una pequeña figura geométrica, agregó Primero levantando la ceja.
-De color blanco, el color que resulta de la mezcla de todos los colores, dijo la prima mirando el baúl de Sueña.
-Quizás un texto, una noticia, de los más variados temas y lugares de Globs, comentó Sueña.
-Pequeñita, observó la prima.
-Engarzada en el anillo de...
-¡Caril !, exclamó la prima.
-¡El cuento !, exclamó Primero.
-Sí, sí, aquí está el cuento, dijo Sueña de Tulc, con un rostro feliz.
-¡Apuuuúrate Sueña por favor ! Guárdalo en el baúl antes de que se pierda.
-No puedo, se cierra automáticamente cuando cae el sol.
-¿Y entonces ?
-Entonces, entonces, entonces, repetía Sueña.
Frotó la piedrecita entre sus manos y ¡Flupzt ! la arrojó al aire.
-¡Ay ay ay ! ¿qué haces ? exclamaron los primos asustados.

De pronto unos grandes pañuelos, mezcla de colores intensos y pastel, bailaron contra el viento rodeando la piedrecita. La envolvieron, bailaron un rato más, y desaparecieron en el aire. Los primos no salían de su asombro.
-¡Los de Tulc ! dijo la prima.
-¡de tul ! dijo Primero
-¡tulc ! insistió la prima.
-¡tul !, insistió Primero.
-Está bien. Tul. ¿Y entonces ?
-Entonces el cuento está a salvo, respondió Sueña sonriendo.
-¡Bohú ! confirmó el búho desde una rama.
Se rieron.

-Está a salvo, y dejamos plantado el original de la regla nueva por si no encontrábamos el cuento.
-Es lo más, dijo Sueña.
-Lo máximo querrá decir, corrigió Primero.
-Es lo más, insistió Sueña.
-Lo máximo, insistió Primero.
-Lo más. Y Sueña continuó, con la voz quebrada por la emoción.
“es lo más necesario : lo que no tiene nombre
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos” (****)
-Bonito poema, dijo el primo emocionado.
-¡Y de lo más necesario !, exclamó la prima. Y nosotros...
-Y ustedes se van, dijo Sueña, se van ahora mismo para su casa. Es tarde y...
-¡Espera ! dijo la prima sacando papel y lápices de su mochila. ¿Conoces a Cazador ?
-¡Claro !, respondió de Tulc, siempre hace un alto aquí cuando vuelve de sus viajes.
-Sus viajes..., pensó Primero rascándose la cabeza.
La prima escribió GRACIAS en un papelito, lamentando que no se le ocurriera nada más misterioso. Se lo dio a Sueña de Tulc.
-Pínchaselo en el bigote. El sabrá adonde llevarlo.
-Sí, sí, sí, le respondió. Seguramente.
Sonrió y abrazó a los primos. -¡Hasta pronto !
-Hasta pronto y muchas gracias, dijo Primero.
-¡Y hasta todos los momentos ! exclamaron los primos entre risas, imitando a la que escribe el cuento.

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